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Full text of "Proyecto de desagüe y saneamiento para la Ciudad de México"

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WAA G288p 1892 




/ 

PROYECTO 

X 



DESAGÜE Y SANEAMIENTO 



CITJ3D^ID IDE nyUEXIGO 



Que por orden del Ayuntamiento 
formó el Ingeniero 



KOBERTO GAYOL. 




LIBilARY í 

i 

110^1,1. 



MÉXICO 

OFICINA. TIP. DE LA SECRETARÍA DE FOMENTO 
Calle de San Andrés núm 15 



J J 



1893 



18 3 Z 



DESAGÜE Y SANEAMIENTO DE MÉXICO. 



lísTTRODUOOIOÍí. 



Apenas acababa yo de entrar al servicio del Ayuntamiento co- 
mo Ingeniero de Ciudad, cuando el Sr. Ingeniero Manuel María 
Contreras, que tenía á su cargo la comisión de Obras Públicas, 
me comisionó para que hiciera estudios relativos al saneamiento 
y desagüe interior de nuestra capital, pues según él me indicó 
"era el asunto que más le preocupaba." 

Algún tiempo después le presenté un informe en que hacía 
constar el resullado de dicho estudio, emitiendo mi opinión 
acerca de la naturaleza de las obras que el Ayuntamiento po- 
dría emprender por entonces, atendiendo á las condiciones hi- 
drográficas en que la Ciudad y el Valle de México se encontraban 
colocados, y también asentaba los principios que en mi concepto 
debían servir de fundamento á los trabajos definitivos que se 
habían de ejecutar, cuando por la terminación de las Obras del 
Desagüe General del Valle se estableciera el régimen definitivo 
de las aguas en los canales que reciben los desechos de la Ciudad. 

Asentabayo en aquel informe, que se le debía considerar como 
la primera parte, el fundamento, por decirlo así, de otro en que 
haría constar los detalles de un proyecto completo para un nuevo 



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sistema de atarjeas, y desde luego me dediqué á colectar los nu- 
merosísimos datos que son indispensables para formar ese pro- 
yecto. 

El Sr. Presidente del Ayuntamiento, General D. Manuel Gon- 
zález Cosío, y las personas que sucedieron al Sr. Contreras en 
la Comisión de Obrns Públicas, los Sres. Iglesias, Velázquez y 
Fernández, dieron también, al asunto toda la importancia que 
tiene, y el Sr, Ingeniero José M. Velázquez inició que se formara 
la Comisión de Saneamiento, que dirigida por mí, debía colec- 
tar los datos de que acabo de hablar para la terminación de ese 
proyecto. 

Fué preciso comenzar el estudio desde sus principios más ele- 
mentales empezando por levantar un jilano exacto de la Ciudad, 
que es el fundamento de cualquier proyecto de desagüe, que 
como el que trataba de formar, debía de ser económico, eficaz, 
á la altura de los conocimientos modernos y que á la vez fuera 
práctico y factible ; todos mis esftierzos han tendido á realizar 
este ideal ; no sé si el éxito habrá correspondido al empeño que 
puse para estudiar este asunto de consecuencias trascendenta- 
les para el futuro bienestar de la Ciudad ; tal vez le falte mucho 
para llegar al grado de perfección que debía tener, puesto que 
es tan importante; pero si no tengo embarazo en confesar que no 
creo yo haber tratado la cuestión con la inteligencia y maestría 
que su importancia reclama, sí necesito hacer constar, que me 
he posesionado de esta importancia, que mi empeño por dar al 
problema una solución satisfactoria, ha estado á la altura de ella, 
y que por lo mismo los defectos de que adolezcan mis estudios y 
las conclusiones que de ellos se deriven, no tienen otras causas 
que aquellas que son independientes de la voluntad. 

Desde la época en que presenté al Sr, Contreras el informe 
de que al principio hice referencia, á la fecha, han variado las 
condiciones del desagüe de la Ciudad de un modo radical, y 
sería superfino transcribir íntegro lo que era aplicable sólo á 
aquellas circunstancias, y por esta razón suprimo todo lo que 
al desagüe del Valle se refería. Ahora por fortuna esta grande 
obra está en vía de ejecución y se trabaja en ella de manera 



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que se puede asegurar que antes de mucho tiempo estará com- 
pletamente concluida; pero además de eso disponemos de unas 
bombas poderosas que nos permiten abatir el nivel de las aguas 
en el interior de la Ciudad, hasta alcanzar la misma profundi- 
dad que tendrán cuando se terminen aquellas obras y por esto 
es posible emprender la construcción de las atarjeas definiti- 
vas, pues cuando proyecté la instalación de dichas bombas, las 
dispuse de manera que fuera posible obtener este resultado, pre- 
viendo qae se había de presentar la necesidad de alcanzarle. 

Todas las ideas generales que entonces emití, es decir, todas 
aquellas que no se refieren á las circunstancias especiales de 
nuestra Capital, subsisten sin embargo, pues los estudios teó- 
ricos y prácticos que he hecho sobre el mismo asunto y el viaje 
que hice á los Estados Unidos para estudiar el sistema de sanea- 
miento y desagüe de algunas de las principales ciudades de ese 
país, sólo sirvieron para confirmar más las conclusiones á que 
llegué, en todo lo que se refiere á la aplicación de los principios 
generales que se deben tener en cuenta para formar el proyecto 
de saneamiento de cualquier población, y á la que, en mi con- 
cepto, se debe hacer de esos mismos principios al caso especial 
de la Ciudad de México. 

Aquella parte de mi informe en que traté de esta última cues- 
tión, sí la juzgo, no sólo conducente, sino aun enteramente in- 
dispensable para completar el estudio que ahora tengo la honra 
de presentar, tanto porque es el fundamento del proyecto que 
formé, cuanto porque habiendo asentado que no subsiste mi 
primer informe en todas sus partes, creo que es enteramente 
indispensable consignar cuáles son las modificaciones que tiene 
que sufrir, y el medio más práctico de conseguirlo será el de 
tomar de aquél las ideas, los principios y las conclusiones que 
no se modifican por el cambio que se ha efectuado en las cir- 
cunstancias de la Ciudad, y con esos datos formar un nuevo 
estudio que sea verdaderamente la primera parte del proyecto 
de saneamiento de la Ciudad de México ; así tendré oportuni- 
dad de presentar algunos datos importantes que adquirí en es- 
tos últimos tiempos. 



6 

Para dar una ¡dea de la naturaleza- del trabajo que emprendí, 
haré aquí una breve exposición del programa que me propongo 
desarrollar. 

El estudio completo constará de cuatro partes esenciales: 
1? — Consideraciones generales acerca de los diversos siste- 
mas de saneamiento que se han empleado en el mundo, con- 
clusiones á que se ha llegado y su aplicación á las circunstancias 
especiales de la Ciudad de México. 

2? — Descripción del Proyecto de Saneamiento y Desagüe de 
la Ciudad de México y exposición de los datos y principios que 
se han tenido presentes al determinar cada uno de los deta'les 
del proyecto. 

39 — Sistema de constmcción, materiales que se han de em- 
plear y costo de la construcción. 

4? — Sistema de conservación y su costo. 

Voy á entrar de lleno en la cuestión, procurando ser lo más 
conciso posible, para no fatigar la atención de las personas á 
quienes interese el asunto y desearen conocer á fondo los fun- 
damentos que tuve para formular mis opiniones y guiar mi cri- 
terio, en un problema tan delicado y complejo, y de cuya eficaz 
solución depende, en gran parte, el porvenir de la Ciudad. 



Roberto Gayol. 



7 



PEIMERA PARTE. 



CoHsideriiciones g-eiierales acerca de los diversos sistemas de sanea- 
luieiito que se lian empleado en el mundo, conclusiones á que se 
ha Ilcíjado y su aplicación á las circunstancias especiales de la ciu- 
dad de México. 

De lo que expresa el epígrafe con que encabezamos este ar- 
tículo, se deduce que son tres los puntos de que tenemos que 
ocuparnos : 

Primero. — Breve exposición acerca de los sistemas de sa- 
neamiento en general. 

Segundo. — Conclusiones á que se ha llegado respecto de cada 
uno de los sistemas de saneamiento y principios que de estas 
conclusiones se deducen. 

Tercero. — Aplicación de los principios generales al caso par- 
ticular del saneamiento de la Ciudad de México. 



COXSmERAGIONES GENERALES ACERCA DE LOS DIVERSOS SISTEMAS- 
DE SANEAMIENTO. 

Pudiera creerse á primera vista que tomamos la cuestión des- 
de sus principios más elementales, y que si esto no tiene objeto, 
alargamos inútilmente el informe; esta circunstancia nos obliga 
á dar la razón por qué procedemos así. ^ 

Aunque hace ya cerca de medio siglo que comenzó á darse 
en el mundo civilizado toda la importancia que tiene el asunto 
del saneamiento de los grandes centros de población, y que en 
este corto período de tiempo ha hecho tantos progresos que el 



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conocimiento de todos ellos constituye una especialidad impor- 
tante de la ciencia del ingeniero, las conclusiones á que se ha 
llegado no pueden ni con mucho considerarse como general- 
mente admitidas; se proponen varios sistemas de saneamiento 
cuya bondad y eficacia se fundan en razones más ó menos po- 
derosas, y aquí mismo, en México, la opinión está bastante divi- 
dida, encontrando partidarios aun los medios que en Europa se 
proscriben por sucios, ineficaces y dañosos ; por esto nos cree- 
mos obligados á hacer una suscinta descripción de todos, un 
ligero análisis de sus ventajas ó inconvenientes, y por este aná- 
lisis llegar á la conclusión de lo que á nosotros nos conviene 
establecer. 

Muy larga y tal vez hasta fastidiosa sería la minuciosa des- 
cripción de todos los sistemas y de las múltiples variaciones 
con que se ha tratado de mitigar los defectos que son inhe- 
rentes á ellos; seremos por esto tan lacónicos como sea posi- 
ble al señalar esos defectos, y lo haremos sólo para que nos 
sirva de explicación de por qué excluimos de nuestro plan los 
sistemas que los tienen. Poco se encontrará de original en nues- 
tro tabajo ; pero para inspirarnos hemos tomado las ideas y he- 
chos prácticos que citan notables ingenieros é higienistas que 
estudian la cuestión de un modo general, y prescindimos por 
completo de lo que dicen aquellas personas que hacen el pane- 
gírico de tal ó cual sistema, porque suponiéndolas apasionadtis 
no nos merecen confianza. 

Los sistemas que más comunmente se emplean para la re- 
moción de las excreciones y de todos los desechos de una ciu- 
dad, pueden dividirse en tres clases : 

1^ — Los sistemas de intercepción ó vía seca; 

2*} — Los sistemas neumáticos; 

3'} — El sistema de transporte por agua ó vía húmeda. 

Sistema de intercepción. — La palabra intercepción, cuando se 
relaciona con la remoción en seco de las excreciones, significa 
que se excluyen de las atarjeas álas materias fecales; las atar- 
jeas se emplean entonces para conducir á las aguas pluviales y 
para los desechos líquidos de las habitaciones, admitiendo ó no 



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entre ellos á la orina. Todos los sistemas de intercepción admi- 
ten que se acumulen los desechos sólidos y cf ue estos sean trans- 
portados periódicamente por medio de carros, son los medios 
más primitivos para disponer de los desechos de las habitacio- 
nes, y se emplearon antes de que se construyeran atarjeas. La 
acumulación de materias infectas presenta serios inconvenien- 
tes ; cada depósito es un foco de miasmas nocivos que generán- 
dose en el interior mismo de las habitaciones, no necesitan ir 
muy lejos para encontrar víctimas de su perniciosa influencia; 
no se exagera, pues, al decir que si alguna autoridad ó algún 
propietario aceptan como bueno el hecho de que las inmundi- 
cias permanezcan estancadas en depósitos^ sean cuales fueren ellos, 
aceptan que es conveniente establecer en las habitaciones un ge- 
nerador de miasmas que debilite ó destruya la salud de los habi- 
tantes envenenando la atmósfera y contaminando el suelo con 
líquidos impuros. Nadie puede dudar que las materias orgáni- 
cas de origen animal producen gases deletéreos y gérmenes de 
enfermedades cuando entran en descomposición, y para dar una 
idea de lo que puede el suelo contaminarse en ciertas circuns- 
tancias, citaremos un hecho que da á conocer en su primer in- 
forme la comisión encargada en Inglaterra de la Inspección de 
los ríos : " En Gharibury, á consecuencia del escape de un ba- 
rril de petróleo, un circuito de pozos de 18 metros de profun- 
didad, en una área de 259 metros alrededor, se afectó tanto, que 
los habitantes de quince casas tuvieron que prescindir del uso 
del agua por espacio de diez días. El ganado de un propietario 
rehusó tomar el agua del manantial donde estaba acostumbrado 
á beber." 

Estos hechos y otros que pudieran citarse, hacen decir á un 
ingeniero distinguido, el Sr. Gray, que: "el antiguo excusado 
de bóveda y depósito, no puede ser condenado con suficiente du- 
reza; construido con el objeto premeditado de retener las subs- 
tancias sólidas dentro de las casas por el mayor tiempo que sea 
posible, son verdaderos centros de contaminación é infección, 
las partes líquidas se filtran contaminando el suelo y los pozos 
de las cercanías, y las exhalaciones nocivas que se despren- 
den de su infecto contenido envenenan la atmósfera." 

Desagüe de México.— 2 



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A pesar de estos grandes inconvenientes, hay ciertos casos 
en que es preciso recurrir á los fistenias de intercepción, sobre 
todo en las haciendas y en las aldeas donde no se cuenta por 
lo general con la masa de agua y con los recursos que se nece- 
sitan, para aplicar otros sistemas que se usan en los grandes 
centros de población, que es donde adquieren suma gravedad 
los inconvenientes de los sistemas de intercepción; por esta 
razón se ha procurado mitigar esos inconvenientes apelando 
á varios medios que permiten establecer tres maneras distin- 
tas el principio que sirve de fundamento al sistema que nos 
ocupa, cfue son: 

1? — El excusado de bóveda perfeccionado j 

2? — El sistema de cubos ; 

39 — El sistema de excusado de tierra. 

Excusado de bóveda perfeccionado. — Se han hecho á esta clase 
de excusados varias modificaciones que nosotros simplemente 
indicaremos sin entrar en pormenores acerca de ellas, lo mis- 
mo que acerca de los otros sistemas de intercepción, pues aun 
cuando, como acabamos de decir, ellos son aplicables á los lu- 
gares de poca población y escasos recursos, para una ciudad 
de la importancia de nuestra Capital, no sólo son inconvenien- 
tes, sucios y de difícil manejo, sino también muy peligrosos bajo 
el punto de vista higiénico, por cuya razón se deben proscribir 
del sistema de saneamiento de las grandes ciudades, entre las 
cuales colocamos á la Ciudad de México. 

La mejora de mayor importancia que se ha introducido en el 
excusado de bóveda, fué hacerlo impermeable, proveyéndolo 
de un desagüe para conducir á la atarjea los líquidos exceden- 
tes; después se arregló de manera que se pudiera introducir 
alguna materia deodorizante, como la ceniza ó el carbón, y en 
ciertos casos se arregló la parte anterior del asiento de manera 
que no se mezclaran la orina y las deyecciones sólidas, y tam- 
bién se puede considerar como gran paso en la vía del perfec- 
cionamiento, el hecho de que se redujeron las bóvedas á un 
pequeño espacio debajo del asiento que por sus exiguas dimen- 
siones exigía la frecuente remoción del contenido. 



11 

Se usan en Europa y América tipos muy variados de excusa- 
dos de depósito, pero no detallamos ninguno por las razones 
que antes expusimos. 

Sistema de cubos. — Consiste en el empleo de pequeños recep- 
táculos móviles, que colocados debajo del asiento del excusado, 
sustituyen al depósito fijo de la antigua bóveda. En su más sen- 
cilla forma consiste en una caja de madera dentro de la cual 
caen las materias fecales, y cuando se llena es vaciada en un 
carro y vuelta á colocar debajo del asiento. 

Mas generalmente, sin embargo, la caja llena se sustituye por 
otra limpia, y la dificultad que se ha encontrado para asear las 
cajas rectangulares, ha hecho que se sustituyan por tubos ó cu- 
bos redondos ú ovalados. 

Hay un sistema que se conoce con el nombre de su autor, 
Goux, que consiste en forrar el fondo y las paredes del tubo 
con materias absorbentes ; toda clase de materiales fibrosos, ve- 
getales ó animales, que no pueden tener otra aplicación, se em- 
plean con este objeto, mezclándolos en proporciones convenien- 
tes con sulfato de cal. Cuando los líquidos exceden en cantidad 
de la que puede absorber el revestimento, se pierden por com- 
pleto las ventajas del sistema y es preciso vaciar los tubos con 
mucha frecuencia, y como por otra parte lo único que se con- 
sigue es quitar al contenido de los tubos una parte de su feal- 
dad, sin adelantar nada bajo el punto de vista sanitario, y la 
materia absorbente por su peso aumenta las dificultades para 
el transporte, el sistema de Goux no se debe recomendar. 

El sistema de cubos se emplea muy extensamente en algunos 
lugares de Inglaterra, y muy particularmente en Rochdale, Bir- 
mingham y Manchester. 

En Rochdale los depósitos son medios barriles á los cuales 
se les ponen asas, y en el interior, á cosa de tres pulgadas abajo 
del borde superior, tienen un aro de fierro que sirve de apoyo 
á la tapa. 

Los excusados de Rochdale están numerados ordenadamen- 
te, en un registro que se lleva en cada Distrito, y por un buen 
sistema de contabilidad se rectifica el trabajo de los encargados 



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de la limpia, y cualquiera omisión se descubre inmediatamente. 
El trabajo se hace de día, y todos los excusados se vacían se- 
manariamente. Cuando se saca un cubo se le cubre con una 
tapa é inmediatamente se coloca un cubo limpio debajo del 
asiento. Los excusados están provistos de una puerta en la 
parte posterior, que permite la fácil manipulación de los de- 
pósitos. 

Los cubos son transportados en carros de cuatro ruedas en 
los que se colocan veinticuatro depósitos. Estos carros están 
provistos de puertas con bandas de caucho que ajustan perfec- 
tamente é impiden la salida de los gases. 

En 1874 había cinco carros semejantes que hacían el servicio, 
limpiando semanariamente 3,354 excusados en toda la ciudad 
En 1875 el número de cubos era de 4,741, y en 1876 ascendie- 
ron á 5,566. 

Las excreciones son conducidas á un depósito general, donde 
se les somete á un tratamiento que varía de un lugar á otro. 

En Birmingham los depósitos son de fierro galvanizado, los 
que una vez llenos son conducidos fuera de la ciudad para va- 
ciarlos; inmediatamente después que las materias fecales salen 
de los cubos, se les agrega cierta cantidad de ácido sulfúrico 
para fijar el amoniaco, y pasan después á una máquina de de- 
secación, la que consiste en un cilindro calentado con vapor y 
dentro del cual hay unas palas que agitan sin cesar el conte- 
nido. Cuando está seco el material y bajo la forma de un polvo 
grueso, se empaca para la venta. 

El calor que se requiere para esta operación, se obtiene casi 
exclusivamente por la combustión de las basuras que se colec- 
tan en la ciudad, las cuales se ti-ansportan todas al estableci- 
miento de beneficio, allí se separan y venden todos los objetos 
que tienen algún valor, tales como hilachas, huesos, fierro viejo, 
botellas, etc.; los residuos de la cembustión de la basura se em- 
plean también para la fabricación de cemento y algunos otros 
usos. 

El número de cubos que se empleaban en Brimingham hace 
algún tiempo, era de 4,000 para una población de 25,000 habi- 



13 

tantes ; y no estaba sin duda bien servida, á juzgar por el hecho 
de que aumentaba sin cesar el número de cubos. 

Ya se puede apreciar por estos ligeros apuntes toda la com- 
plicación que trae consigo el sistema de cubos, exigiendo á la 
vez que un gasto continuo, un trabajo perseverante y diario, sin 
el cual se afectaría notablemente la salubridad de la población; 
y es imposible dejar de tener en cuenta que en este sistema se 
admite la permanencia de las materias putrescibles dentro de las 
habitaciones, por un período de tiempo mayor que aquel en que 
comienza su descomposición, y tampoco se puede prescindir del 
hecho de que el mismo sistema es sucio y desagradable ; refi- 
riéndose á él el Sr. Gray, ingeniero americano, dice : 

"El sistema de cubos aun en su mayor perfección, es un as- 
queroso método para colectar y disponer de los excrementos, 
y su naturaleza es tal, que no debe ser tolerada en ninguna 
comunidad en esté país." 

Sistema de excusados de tierra. — Aunque no con absoluta pro- 
piedad, se comprenden bajo esta denominación genérica todos 
aquellos sistemas en que se mezclan deodorizantes pulveru- 
lentos con las materias fecales para hacerlas innocuas durante 
el tiempo que permanecen en las habitaciones. Estos siste- 
mas pueden ó no emplearse en combinación con el sistema de 
cubos. 

Los tipos más importantes son: 

\o — Aquel en que se emplea la tierra, propiamente dicha. 

2? — Aquel en que se emplea la ceniza. 

30 — Aquel en que se emplea el carbón. 

El uso de la tierra tiene numerosos partidarios, pero no te- 
nemos noticia de que en México se haya empleado alguna vez, 
por esto carecemos de datos prácticos para su aplicación; pero 
dejaremos hablar al Sr. Buchanan y al profesor W. H. Corfield, 
que siendo autoridades respetables en asuntos de higiene, á la 
vez que son dignos de entera confianza, nos proporcionan va- 
liosos datos y razones. 

Hablando del sistema de excusados de tierra, el Dr. Bucha- 
nan, dice: 



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" Consiste en aplicar con el mayor cuidarlo posible, cierta can- 
tidad de tierra seca al excremento humano fresco, y en la sub- 
secuente remoción y uso de la mezcla como abono agrícola. 

"Si la aplicación no se hace minuciosamente y con cuidado 
ó que la tierra no esté seca, ó que el excremento no esté fres- 
co, ó que se trata la mezcla de otro modo, el sistema de tierra 
es completamente ineficaz. 

"Por lo que se refiere al principio del excusado con tierra, 
son innegables los efectos de ésta. Si á una deyección se mez- 
cla libra y media de tierra apropiada y convenientemente dese- 
cada, se previene el mal olor, y si á la misma cantidad se le 
agrega medio litro de orina, ésta es completamente absorbida. 
La mezcla permanece inofensiva por dos ó tres meses ó más. 
El fenómeno que se verifica es una simple desorganización, y 
alguna combinación entre la tierra y la substancia orgánica, co- 
mo está comprobado por el hecho de que desaparecen los ex- 
crementos, y aun el papel, entre los otros constituyentes del 
compuesto; pero la ausencia del hedor aun después de largo 
tiempo, demuestra que no se verifica la descomposición en el 
sentido literal de la palabra." 

Por estos informes del Sr. Buchanan, se comprende que el 
empleo de la tierra exige un trabajo continuo y un cuidado ex- 
traordinario, así como un aumento considerable en el gasto de 
transporte, por el aumento de la masa que hay que remover. 

El eminente higienista W. H, Gorfield, en un trabajo más re- 
ciente, señala otros defectos que vamos á indicar empleando 
sus propias palabras, en que se expresa como sigue: 

*Ta hemos indicado que el principio fundamental para la 
remoción de las materias fecales por vía seca, es dejar los ex- 
crementos dentro de las habitaciones por un cierto tiempo, de 
hecho tan largo como sea posible, es decir, mientras no ocasio- 
nan una molestia intolerable. Nosotros sostenemos que este es 
un principio erróneo, y tenemos en apoyo de nuestra opinión, 
hechos que se deducen de la estadística de la salubridad de los 
habitantes de las poblaciones donde se usan los comunes de 
depósito. 



15 

"Respecto del sistema de comunes de tierra seca, su princi- 
pio es el mismo á pesar de que su acción es más completa. 
Aunque se ha demostrado que con él se sustituye ventajosa- 
mente á los estanques de depósito, sostenemos con el Dr. Par- 
kes, que no se ha demostrado todavía que la mezcla resultan- 
te sea desinfectada tan bien como es deodorizada, mientras que 
no se demuestre que esto se verifica, es más seguro recurrir 
aun al asqueroso sistema de cubos, con el cual es imposible per- 
mitir que los excrementos permanezcan en las habitaciones, 
por la gran molestia que ocasionan, que no aceptar un plan que 
destruye la prevención ó el recuerdo de que el peligro existe, 
sin destruir el peligro al mismo tiempo. 

"Varias veces se ha propuesto, por ejemplo, deodorizar el 
gas de alumbrado; el resultado de esto sería ciertamente que 
los accidentes por envenenamiento y explosión aumentarían 
de un modo extraordinario, pues el componente venenoso por 
excelencia del gas de alumbrado, el óxido de carbono, es per- 
fectamente inodoro; y de la misma manera, las emanaciones 
que producen la fiebre tifoidea, no ofenden ni desagradan aí 
olfato, y es sólo mía presunción, como el Dr. Parkes dice, el 
suponer que todo el peligro de que se produzcan desaparez- 
ca mezclando con tierra el excremento. Pero aun cuando esta 
hipótesis llegara á ser un hecho demostrado, la mayor objeción 
para el sistema, una que es inherente á él por ser un sistema 
de vía seca, quedaría tan fuerte como siempre, esto es, cada 
vez que la tierra se agregara en demasiada corta cantidad, que 
estuviera húmeda ó fuera de mala calidad; ó ya que el aire es- 
tuviese húmedo ó que la mezcla se mtjjara por faíta de cuida- 
do ó por cualquiera otra circunstancia, el peligro de infección 
vendría mmediatamente, y no es necesario decir con cuanta 
frecuencia, una ó más de estas condiciones pueden presen- 
tarse." 

Después de estas apreciaciones que hacen autoridades tan 
respetables como las que acabamos de citar, y que por decir 
así, gráficamente señalan los defectos del sistema, nada pode- 
mos agregar nosotros, sino que por todas ellas y por ser abso- 



16 

lutaraente opuestos por principios á los sistema de via seca, no 
propondremos que para México se adopto, porque aquí hay ade- 
más que tener en cuenta la incuria, el abandono y aun la ma- 
levolencia de una gran parte de la población, pues son elemen- 
tos que harán fracasar cualquier sistema, por perfecto que sea' 
si no satisface á la condición de ser automático, es decir, con 
sólo que exija algún cuidado y tomarse alguno, aunque sea li- 
gerísimo trabajo. 

El empleo de la ceniza en vez de la tierra, no ha sido satis- 
factorio, pues en primer lugar no evita el mal olor, y en segun- 
do lugar la mezcla resultante no tiene las mismas aplicaciones. 

Las valiosas propiedades deodorizantes del carbón, han he- 
cho que se use en las mismas condiciones que la tierra, teniendo 
sobre el procedimiento en que ésta se emplea, la ventaja de que 
sólo se necesitan tres cuartos de onza de carbón, cada vez que se 
usa el excusado, lo cual hace que disminuya la cantidad de ma- 
teria que hay que remover. Subsisten, sin embargo, todos los 
demás inconvenientes qme tienen los sistemas de vía seca, y 
tiene aquel que es peculiar al de tierra, que basta omitir algún 
detalle para que sobrevenga la infección con todas sus graves 
consecuencias. 

CONCLUSIONES GENERALES RESPECTO A LOS SLSTEMAS 
DE INTERCEPCIÓN. 

Bajo el punto de vista de la higiene, todos los sistemas de 
intercepción son imperfectos, porque exigen que las excrecio- 
nes permanezcan depositadas en las habitaciones por un tiem- 
po más ó menos largo, según el sistema que se emplea, y como 
los desechos se putrifican en dos ó tres días, sólo se obtendrían 
buenos resultados si se removieran pronto y completamente á 
cortos intervalos; pero esta condición no se puede satisfacer si 
no es ocasionando una gran molestia á los habitantes de las 
casas. 



17 

Los sistemas de intercepción también son imperfectos ba- 
jo el punto de vista económico, puesto que ninguno de ellos 
proporciona los medios para expulsar los desechos líquidos, 
esto es, las aguas del lavado, las de las cocinas y aun las de la 
orina, de la cual sólo admiten una pequeña cantidad; tampoco 
se puede hacer con ellos el drenaje del subsuelo y expulsión 
del agua pluvial: de aquí se deduce, pues, que el establecimien- 
to del más perfecto sistema de intercepción, no suple á un sis- 
tema de atarjeas cuando éste es necesario para la remoción de 
de los desechos líquidos, y por otra parte, el costo de esas atar- 
jeas no se afecta en lo absoluto porque se excluyan las mate- 
rias fecales, pues su volumen es demasiado pequeño para que 
por él se tengan que aumentarlas dimensiones de atarjeas dis- 
puestas para recibir los líquidos que salen de las habitaciones, 
y mucho menos si han de recibir también el agua pluvial; y 
tampoco se modifica notablemente la composición química de 
la masa de los desechos líquidos, como lo demostró la segun- 
da Comisión nombrada en Inglaterra para estudiar la conta- 
minación de los ríos, después de haber analizado las aguas de 
atarjea de quince ciudades, en las cuales se impedía la entrada 
de las materias fecales á esos conductos de desagüe, y las de 
otras diez y seis en cuyas atarjeas eran admitidos los desechos 
de todo género. 

De aquí se deduce que cuando una ciudad tiene tal grado de 
cultura y desarrollo que exija el establecimiento de un sistema 
de atarjeas adecuado para la. pronta remoción de los desechos lí- 
quidos, el costo y gastos que ocasione cualquier sistema de in- 
tercepción, constituyen un gasto adicional é innecesario. 

Suponemos nosotros que nuestra Capital se encuentra en 
este caso, y aquí tenemos otra razón para no dar ninguna im- 
portancia á dichos sistemas. 

Pudiera creerse que ellos se deberían emplear, y aun alguien 
lo ha llegado á proponer que se empleen, sólo provisionalmen- 
te, con la pretensión de que mejorarían algo las actuales condi- 
ciones sanitarias de la población, haciendo menos infecto el 
contenido de las actuales atarjeas y sólo mientras se ejecutan 

Desagüe de México.— 3 



18 

las obras definitivas para el desagüe de la ciudad. Podemos 
combatir esta idea oponiéndole todos los defectos inherentes 
á los sistemas de intercepción, y el hecho práctico de que con 
ellos no se modifica notablemente la natm-aleza de los desechos 
de las habitaciones, así como que para emplear esos sistemas 
primitivos, por lo mismo que exigen trabajo y cuidado, requie- 
ren que se acostumbre el pueblo á su empleo, y no sería sino 
después de mucho tiempo cuando se consiguiera hacerlos fun- 
cionar; por esto carecen de la cualidad de ser un remedio pron- 
to, y creemos haber demostrado que tampoco es eficaz, 

SISTEMAS NEUMÁTICOS, 

De un modo general se puede decir que los sistemas neu- 
máticos son aquellos en que se usa la presión atmosférica ó el 
aire comprimido para acelerar la velocidad con que se move- 
rían los desechos de las habitaciones si estuvieran sujetos á la 
acción de la simple gravedad. 

El origen de la invención de los sistemas neumáticos, fué que 
s í trató de remover las materias fecales acumuladas en los ex- 
cusados de depósito, por medio de unos cilindros de fierro que 
se transportaban en carros y en los cuales se había hecho el 
vacío de antemano; estos cilindros as[)iraban el contenido de 
los excusados, pero se juzgó más económico hacer la absor- 
ción desde un punto central, enlazando los depósitos de las ca- 
sas, con la bomba, por medio de tubos herméticamente cerra- 
dos. Después vino la idea de aplicar eí aire comprimido en vez 
del rarificado; por esto exigen el establecimiento de máquinas 
adecuadas para comprimir ó rarificar el aire, según el caso, y 
la colocación de una red de tubos para confinar el espacio en 
que esta operación se verifica, debiendo ejercer las máquinas 
su influencia en uno ó varios puntos en el interior de cada casa. 

Puesto que los sistemas neumáticos sólo admiten los dese- 
chos de las habitaciones y excluyen de sus conductos el agua 
pluvial, pudieran considerarse como una variante del sistema 



19 

Divisor; aú es qiie, aim cuando por emplearse en él fuerzas 
artificiales, los estudiamos por separado, muchas de las consi- 
deraciones que hagamos al ocuparnos de la variante del siste- 
ma del transporte por agua que se conoce con el nombre de 
sistema Divisor, son aplicables á aquellos de que ahora nos va- 
mos á ocupar, y como una razón poderosa para no aceptarlos 
en México, aducimos la de que no salisfacen á las condiciones 
del problema del desagüe y saneamiento, tal como en México 
se tiene que plantear, y anticipamos esto para explicaras! por 
qué no entramos en muchos detalles al tratar de los sistemas 
neumáticos, pues no siendo adaptables á las actuales circuns- 
tancias de nuestra capital, seríamos innecesariamente difusos 
hablando demasiado acerca de ellos; pero sin necesidad de ha- 
cerlo se comprenderá fácilmente que todos los sistemas neu- 
máticos son de muy costosa instalación, pues además de las 
máquinas y tubos conductores, es preciso establecer un apa- 
rato especial en cada punto en donde el aire viene á obrar co- 
mo motor, siendo la máquina principal un generador de fuerza 
artificial que debe mover los desechos cuando para conseguir 
un desalojamiento no bastan las fuerzas naturales. La aplicación 
de esa fuerza artificial se hace de un modo nada económico, 
puesto que el efecto útil del generador se subdivide para obrar 
en muchos y muy pequeños elementos, que representan en 
suma grandes resistencias. 

Por estas consideraciones, llegamos á deducir que los siste- 
mas neumáticos sólo deben aplicarse en circunstancias muy es- 
peciales, que no son las nuestras; los suponemos buenos en 
ciertos casos particulares como los que se presentan en algu- 
nas ciudades de Holanda, pero muy malos por ahora en Méxi- 
co, en donde con menos costo se puede utilizar la fuerza na- 
tural de la gravedad, que no exige un gasto constante para 
hacerla funcionar, y á la vez resuelve el problema de un modo 
completo y satisfactorio. 

Pero para no dar sólo nuestra opinión, sino también aque- 
llas que nos la inspiran, cedemos la palabra á algunas autori- 
dades competentes para juzgar en la cuestión. 



■20 

El Sr, Gray, ingeniero de la ciudad de Providence, en un 
informe reciente, dice refiriéndose al sistema de Liernur: 

"En Holanda, donde la excesiva depresión y planicie del 
país hace el drenaje del subsuelo de las ciudades impractica- 
ble, si no es con un costo enorme, y donde el drenaje de la 
superficie forma parte del sistema del drenaje general del país, 
el sistema de Liernur ha alcanzado su mayor desarrollo. En 
otras localidades donde esas condiciones no existen, el sistema 
de Liernur sería excesivamente costoso, requiriendo de hecho 
una segunda línea de atarjeas, para recoger los derrames de 
las cocinas, el agua pluvial y la del subsuelo, atarjeas cuyos 
detalles y costo no se afectarían por la exclusión de las mate- 
rias fecales." 

Transcribimos á continuación un fragmento del informe que 
rindió en 1876 una Comisión pericial, nombrada por el Con- 
sejo del Gobierno local de Londres, para estudiar los diversos 
medios que se empleaban para expulsar los desechos de las 
ciudades, cuya Comisión, respecto del sistema Liernur, dice lo 
que sigue: 

"Uno de los más costosos y complicados procedimientos pa- 
ra expulsar las excreciones humanas (no los desechos todos 
de las ciudades), es el sistema conocido con el nombre de su 
inventor, el capitán Liernur. El sistema neumático se ha in- 
troducido parcialmente en Leyden, Amsterdam y Dordrecht, 
donde lo hemos visto en acción. Estas ciudades son muy pla- 
nas y están interceptadas por canales y corrientes de agua; 
no tienen atarjeas como se usan en Inglaterra, sino que hay 
arroyos laterales á lo largo de las banquetas, por los cuales 
corre el agua superficial y los desechos líquidos de las habita- 
ciones Si las ciudades de Holanda ó ciertas porciones 

de ellos por razones de locación y clima, no pueden tener atar- 
jeas según los principios ingleses, y si el sistema neumático es 
de tan económica aplicación, como cualquiera de los sistemas 
de cubos, debe de ser mejor bajo tales condiciones para Ho- 
landa, porque el transporte se hace al abrigo de la vista y las 
excreciones pueden removeree diariamente, sin la mano de 



21 

obra, molestia y suciedad que son inherentes al sistema de cu- 
bos Nosotros no conocemos una ciudad inglesa, en la 

cual si se adoptara el aparato, pudiera ser otra cosa que un ju- 
guete muy costoso/' 

El sistema de Berlier es de un origen más reciente y es más 
perfecto que el de Liernur; acerca de él podemos decir algo 
más práctico relativo á su aplicación en México, porque tene- 
mos á la vista las proposiciones que para ello hizo su mismo 
autor, quien desde luego pide $ 3.000,000 para la instalación, 
y después una renta de $ 50,000 por espacio de veinticinco 
años, para ceder á la ciudad el derecho de propiedad. 

Hay aún otro sistema neumático en el cual se aplica el aire 
comprimido á una serie de pequeños aparatos que impulsan á 
los desechos, cuando los canales que los contienen no presen- 
tan suficiente inclinación para que los líquidos adquieran la ve- 
locidad que es necesaria para desalojar á los cuerpos sólidos; 
este sistema, conocido con el nombre de su inventor, Shone, 
tiene, en concepto nuestro, los defectos mecánicos de que ha- 
blamos ántes y el económico propio de todo sistema divisor, 
que lo hace inaplicable á nuestras circunstancias. 

Shone propuso también que en México se aplicara su siste- 
ma, pero si se aceptara éste ó el de Berlier, los millones que 
gastara la ciudad se emplearían en resolver nada más una par- 
te del problema, subsistiendo tan imperiosa como es ahora, la 
necesidad de construir un sistema de atarjeas para recibir el 
agua pluvial y ciertos desechos de la ciudad, y como esas atar- 
jeas costarían exactamente la misma cantidad que si no se hubiera 
establecido ningún sistema neumático^ la cantidad que en esto se 
invirtiera sería un gasto extraordinario, y por razones que da- 
remos en su oportunidad, completamente inútil. 

SISTEMA DE TRANSPORTE POR AGUA. 

El sistema de transporte por agua, como su nombre lo indi- 
ca, es aquel en que se emplea el agua como vehículo para ale- 
jar de las habitaciones cierto género de desechos. 



22 

Decimos que sólo cierto genero de desechos, para no admi- 
lir en principio que los íilbañales y atarjeas pueden también 
utilizarse para expulsar la tierra de las barreduras, el estiércol 
de las caballerizas y esa infinita variedad de objetos inútiles 
que constituyen la basura y que cierta talase de gente, por ig- 
norancia ó malevolencia, acostumbra arrojar al albañal. 

Este sistema, cuando es posible establecerlo, y se construye 
bajo un proyecto bien estudiado y bien desarrollado, es el que 
más económica y más eficazmente previene las causas de insa- 
lubridad que son propias de los grandes centros de población, 
pues si se establece con estas condiciones, no permite que se 
acumulen las S'Ubstancias putrescibles, dentro ó en la proximi- 
dad de los lugares habitados, y verificándose el transporte por 
a Tuerza natural de la gravedad, á la vez que económico es có- 
modo, porque no exige ese cuidado perseverante, sin el cual 
los otros sistemas pueden dejar de funcionar, viniendo á ser 
una amenaza continua para la salubridad de la población don- 
de estén establecidos. 

Resuelve, por otra parte, de un modo completo, el sistema 
del saneamiento de las ciudades, porque estableciendo los co- 
lectores de manera que sean tan propios para expulsar los 
desechos de las casas, como para dar salida á las aguas plu- 
viales, y aun á las del subsuelo que humedecen las habitacio- 
nes bajas, se realiza lo más económicamente posible el princi- 
pio de la circulación contimia de todos los elementos que cons- 
tituyen á la materia orgánica, principio que es enteramente 
indispensable satisfacer para obtener la salubridad, pues in- 
fringirlo es oponerse á las leyes inmutables de la naturaleza, 
quebrantando precisamente aquellas que favorecen la existen- 
cia y desarrollo de las vidas animal y vegetal. 

El sistema de transporte por agua se subdivide en otros dos: 
el combinado y el divisor. 

El sistema combinado es aquel en que se construye una so- 
la red de conductos donde se admiten los desechos líquidos de 
las habitaciones, las materias fecales y el agua pluvial. 



28 

En el sistema Di-visor hay una red de atarjeas construidas 
exclusivamente para dar corriente á los desechos líquidos y 
las materias fecales, recibiendo el agua pluvial en otros con- 
ductos independientes de los primeros, ó bien dejándola coiTer 
libremente por la superficie de las calks cuando esto no pre- 
senta inconvenientes. 

Ambos sistemas fueron creados por circunstancias distintas, 
para satisfacer necesidades enteramente diversas, y cada uno 
es aplicable en ciertas y muy especiales condiciones. Por esta 
razón encontramos enteramente injustificables los ataques que 
dirigen á uno ú otro sistema, aquellas personas que domina- 
das por una preocupación y en ciertos casos por intereses par- 
ticulares, se declaran partidarias de uno solo y lo consideran 
bueno para todos los casos que se pueden presentar, mientras 
que á los otros los juzgan malos en cualesquiera circunstan- 
cias. 

No es opchrtuno referir aquí la serie de transformaciones su- 
cesivas por las cuales se han llegado á establecer los sistemas 
Divisor y Combinado de la manera con que se construyen hoy, 
porque esa relación es de simple interés histórico y de escasa 
importancia para el objeto que nos proponemos; pero sí con- 
viene advertir, que aunque los adelantos en esa materia se han 
hecho tan lentamente y de tal manera que nadie puede con 
derecho decir que es el inventor de ninguno de los dos, sí hay 
quien abrigue la pretensión absurda de ser el inventor del sis- 
tema Divisor, alegando derechos y patentes por su empleo. 

Esta es la causa de por qué decimos que á veces los intere- 
ses particulares son los que hacen que la opinión de algunas 
personas se incline á favor de tal ó cual sistema, y sobre todo 
cuando se trata de los que como los neumáticos, están cubier- 
tos por patentes, pues cada inventor considera su sistema su- 
perior á todos los demás^ para él ese sistema es una mercan- 
cía que necesita vender, y trata de conseguirlo escribiendo li- 
bros y cuadernos, siendo los argumentos que contienen dignos 
de tanta fe, como los que en su caso sirven para propagar el 
uso de las medicinas de patente. Nosotros no abrigamos la 



24 

pretensión de ser inventores, deseamos sólo que México tenga 
un buen desagüe, y para conseguirlo tomamos todo lo que nos 
parece bueno, cualquiera que sea la fuente de donde venga, 
con tal de que en circunstancias semejantes á las nuestras, haya 
producido buen resultado ¡práctico; nuestro criterio es, pues, li- 
bre para juzgar con entera imparcialidad; creemos que todos 
los sistemas, aun los de intercepción, son buenos cuando es- 
tán bien aplicados, es decir, cuando se adaptan bien á las nu- 
merosas circunstancias locales, que en cada población es ne- 
cesario tener presentes para definir cuál es el que conviene 
establecer. 

Ya sea el interés ó ya la preocupación, los móviles que han 
puesto en relieve los defectos que se atribuyen á uno ú otro 
sistema, las discusiones han sido siempre apasionadas; á cada 
argumento se le opone otro de igual ó mayor fuerza, y resulta, 
lo que al fin tenía que suceder, cada contrincante se atribuye 
la victoria, y cada sistema queda como antes de la discusión, 
aplicable á circunstancias especiales, pero no á todas de un modo 
absoluto y general, como jyretenden sus ajmsionados partidarios. 

A propósito de esas personas en quienes predomina una 
idea, el Sr. Hering hace la siguiente muy oportuna observa- 
ción: 

"El hecho de que hay intereses personales directos, ligados 
con algunos sistemas, es digno de llamar la atención, así como 
que aquellos que abogan exclusivamente por un sistema solo, 
no están por lo general encargados de dirigir y administrar los 
asuntos de ingeniería de una ciudad populosa, ni están siem- 
pre familiarizados con ellos. Los que abogan en pro del siste- 
ma Divisor, casi siempre ignoran que es prácticamente posible 
construir grandes atarjeas, tan perfectas para conducir los de- 
sechos como las de pequeño diámetro, y fundan sus opiniones 
comparando trabajos jjerfectos en un caso con imperfectos en el 
otro." 

Creemos, por lo tanto, inútil repetir aquí los argumentos que 
se han establecido en pro y en contra de los sistemas Divisor 
y Combinado, puesto que no tenemos empeño en hacer un pa- 



25 

negírico de ninguno de los dos; nos reservamos todos esos ar- 
gumentos para el caso de que alguna persona no esté confor- 
me con la conclusión á que lleguemos y la combata con razo- 
nos, pero no les encontramos un lugar en este informe. 

En cambio, sí creemos conducente y oportuno, asentar aquí 
las condiciones que tiacen aplicable cada uno de los sistemas 
sobre los cuales hemos fijado la atención, y lo podemos hacer 
sin gran trabajo, porque ya el Sr. Ingeniero Rodolfo Hering lo 
hizo antes que nosotros y de sus obras tomamos las ideas que 
son muy racionales y correctas. 

CONDICIONES BAJO LAS CUALES SE PUEDE EMPLEAR CADA UNO DE LOS 
SISTEMAS DE SANEAMIENTO CONOCIDOS, Y SU APLICACIÓN DIRECTA Á 
MÉXICO. 

Vamos á citar, ordinalmente numeradas, las circunstancias 
que hacen aplicables, primero, los sistemas de intercepción, des- 
pués, los de transporte por agua, y para no repetir inútilmente, 
desde luego haremos las consideraciones necesarias para in- 
A^estigar cómo se encuentra México, estudiándolo bajo el punto 
de vista que señalan todas y cada una de las circunstancias, y 
por este análisis deducir cuál es el sistema de saneamiento más 
adecuado á sus condiciones locales. 

Los sistemas de intercepción deben aplicarse cuando se pre- 
sentan una ó varias de las circunstancias que se enumeran á 
continuación: 

19 — En ciudades pequeñas donde el gasto para transporte 
de las excreciones por medio de carros no puede ser de grande 
importancia. 

México no es una ciudad pequeña sino bastante grande, pues 
ocupa una extensión superficial de 17 kilómetros cuadrados, y 
el transporte de las excreciones, si tuviera que hacerse de una 
manera perfecta, sería excesivamente costoso, 

2? — En ciudades donde el cambio periódico de los cubos 
pueda verificarse de acuerdo con ciertas reglas, cuyo cumpli- 
miento se exija con una severidad militar. 

Desagüe de México.— 4 



26 

Dadas las costumbres de abandono y desaseo de la clase 
pobre de nuestra sociedad, y la poca ó ninguna atención que 
presta á los reglamentos de policía, sería imposible conseguir 
que el servicio de cubos (único admisible) se hiciera con la re- 
gularidad que es enteramente indispensable para que no se 
presente el peligro de infección. 

3? — En las habitaciones donde por cualquier motivo no es 
posible emplear agua en los excusarlos. 

La única circunstancia que puede impedir en México que se 
use agua en los excusados, es que la casa no tenga albañal 
cubierto, ni la calle atarjea; y tan pronto como se construye 
ésta, los propietarios de las casas procuran dejar expeditos sus 
comunes, la mayor parte los proveen de agua abundante y lle- 
gará día en que no haya excusado que no la tenga, cuando se 
perfeccione y complete el desagüe de la ciudad. 

40 — En localidades donde el saneamiento por otro sistema 
fuera excesivamente costoso. 

Aquí el sistema de transporte por agua no presenta excep- 
cionales, ni siquiera grandes dificultades i)ara su establecimien- 
to y para la construcción de las obras que requiere. 

5? — Donde no haya inconveniente en que los desechos líqui- 
dos de las habitaciones corran por la superficie de las calles. 

Sería imposible que en la Capital de la República, que aspi- 
ra á ser una ciudad de primer orden, se permitiera que los 
desechos líquidos de las habitaciones corrieran por la superfi- 
cie del terreno, porque darían á las calles un aspecto repug- 
nante; pero aun prescindiendo de esta consideración de tan 
grande importancia, hay otras de mayor valor y son: la poca 
pendiente de la superficie y que el relieve del piso de la ciu- 
dad es muy irregular, habiendo por todas partes cuencas sin 
salida, cada una de las cuales se convertiría en un pequeño la- 
go de agua inmunda, que constituiría un foco permanente de 
insalubridad. 

No hay, pues, una sola razón que indique la necesidad y 
mucho menos la conveniencia de adoptar de preferencia á los 
demás, para el saneamiento de la ciudad, alguno de los siste- 



27 

mas de intercepción; por el contrario, todos presentan desven- 
tajas, serios inconvenientes y aun peligros para la buena hi- 
giene. 

Siguiendo el mismo método, veamos ahora si es posible 
adaptar á las condiciones en que se encuentra México, alguno 
de los sistemas de transporte por agua, que se pueden aplicar 
en las circunstancias siguientes: 

1? — Guando se pueden proveer las habitaciones de agua en 
abundancia y de un modo fácil, regular y permanente; esta 
condición es la más esencial de todas. 

México está ampliamente provisto de agua, tanto por los tres 
acueductos que la surten, como por los pozos artesianos que 
son ya muy numerosos. El servicio municipal mejora cada día, 
y gracias á las últimas disposiciones del Ayuntamiento, antes 
de mucho tiempo todas las casas, sin excepción, estarán bien 
surtidas de ese líquido. Por lo que se refiere á esta condición, 
las circunstancias son muy favorables para aplicar el sistema 
que nos ocupa. 

2? — Guando el agua de desecho es muy abundante y sucia, 
y que esto exija que sea transportada rápidamente á algún 
punto lejano. 

Esta circunstancia se presenta siempre, y sobre todo en las 
grandes ciudades, como una consecuencia forzosa de que la 
provisión de agua sea abundante, y además, ya dijimos al ha- 
blar de la 5*^ condición anterior, que en México no es posible 
desembarazarse de los desechos líquidos si no es por medio de 
conductos subterráneos. 

3? — Donde la población es muy densa, porque esto hace de- 
crecer proporcionalmente el gasto por habitante. 

La población de México es ya bastante densa y en ciertos 
lugares hay hasta cierta aglomeración inconveniente; y que la 
densidad aumenta, lo confirma el hecho de que constantemen- 
te se aumenta el número de pisos á las antiguas 

4? — Donde las circunstancias locales no exigen un gasto exa- 
gerado para la construcción de los conductos subterráneos. 
Pudiera no ser económico, por ejemplo, establecer atarjeas en 



28 

una ciudad pequeña, con sus calles muy pendientes é irregu- 
lares y con la roca muy cerca de la superficie del terreno; y 
pudiera suceder lo mismo si la población ocupara un terreno 
muy angosto y largo sobre la margen de un gran río. 

Ya hicimos notar que ninguna circunstancia especial permi- 
te prever que las obras serán excepcionalmente costosas en la 
Ciudad de México; por el contrario, las circunstancias son bas- 
tante favorables. 

5? — Donde no haya grandes dificultades ó sea necesario ha- 
cer grandes gastos para desembarazarse del agua de las atar- 
jeas ó purificarla. Es dudoso, por ejemplo, que se debiera 
aconsejar la construcción de atarjeas en una ciudad interior, 
con un clima muy frío y donde fuera preciso purificar los des- 
echos por algún procedimiento químico. 

En México no se presentará ninguna dificultad para desem- 
barazarse del agua de las atarjeas, pues cuando se terminen 
las obras del Desagüe general del Valle, los desechos de la 
Ciudad irán á fertilizar terrenos extensísimos, centenares de 
kilómetros cuadrados que obtendrán inmenso beneficio al ser 
regados por los desechos, en vez de que éstos los perjudiquen. 
Mientras las Obras del Desagüe no se terminen, los desechos 
de la Capital seguirán yendo, como ahora, á la laguna de Tex- 
coco, cuyas aguas fuertemente alcalinas parece que previenen, 
hasta cierto punto, la descomposición pútrida de las materias 
orgánicas que lleva en disolución y en suspensión el agua de 
las atarjeas. Así es que ni ahora ni en lo futuro será preciso 
apelar á la costosa purificación por medio de procedimientos 
químicos. 

6° — Deben establecerse atarjeas en los lugares donde siendo 
las demás circunstancias favorables, el interés del dinero que 
se invierta en su construcción, sea menor que la cantidad 
que se tenga que emplear en hacer el servicio por alguno de 
los sistemas de intercepción. Sin embargo, para que puedan 
compararse los resultados, es preciso admitir que este último 
se establezca y funcione de una manera perfecta. 

Por lo que se refiere á esta condición, se puede asegurar 



29 

que en México no funcionaría bien ningún sistema de inter- 
cepción, y además ninguno de éstos resolvería el problema de 
una manera completa, porque no proporciona los medios de ex- 
pulsar las aguas, tanto de desecho como las pluviales, y en 
México los conductos subterráneos son tan necesarios para 
unas como para otras; esta es una razón capital, y si no hu- 
biera otras, ella sola bastaría para resolver en la cuestión; pero 
menos se puede vacilar cuando todas las circunstancias son 
favorables para adoptar el sistema de transporte por agua^ mien- 
tras que no hay una sola en pro de los de intercepción. 

CONDICIONES BAJO LAS CUALES SE PUEDE EMPLEAR CADA UNO DE LOS 
SISTEMAS DE TRANSPORTE POR AGUA, Y SU APLICACION DIRECTA Á 
MÉXICO. 

Una vez que el anterior análisis nos condujo á la conclusión 
de que á nuestra Capital se debe aplicar el sistema de sanea- 
miento de transporte por agua, como ya vimos c¡ue son varios 
los medios que se conocen para obtener el resultado, tenemos 
ahora que determinar cuál de ellos es el que mejor y de una 
manera más completa satisface á las condiciones del problema 
que debemos resolver. 

En el estudio preliminar que hicimos de todos los sistemas 
de saneamiento en general, consideramos á los neumáticos en 
una clase especial, porque verdaderamente establecen el paso 
entre los de intercepción y los de transporte por agua, y en ellos 
no es este líquido sino el aire, el agente que mueve los dese- 
chos; pero ya desde entonces anticipamos que á los tales sis- 
temas neumáticos se les podía considerar como una variedad 
del Divisor, en razón de que como éste, no aceptan el agua 
pluvial entre los líquidos que hay que expulsar de la ciudad 
por medio de obras especiales, aun cuando en ciertos casos 
muy raros, el sistema Divisor común admite que se construya 
una red de atarjeas exclusivamente para el agua llovediza. 

En el análisis por el que ahora vamos á determinar cuál sis- 
tema de transporte por agua es el que conviene más á México, 



30 

seguiremos el mismo método que cuando tratamos la cuestión 
en general, es decir, asentaremos una á una las condiciones 
que hacen aplicables las diversas maneras de establecer el sis- 
tema de que tratamos, é inmediatamente después comparare- 
mos esas condiciones con las de nuestra Capital, y así podremos 
definir con entera segundad cuál es la solución satisfactoria 
para el caso que nos ocupa. 

El sistema Divisor común es aplicable cuando se presentan 
las siguientes circunstancias: 

1? — Guando no es necesario construir atarjeas para recibir 
el agua pluvial, ya sea porque se le puede concentrar en algu- 
nos canales poco profundos, ó ya porque no haya inconve- 
niente en dejarla correr por la superficie del terreno. Estos 
casos se presentan en las aldeas ó poblaciones de pequeña 
importancia y en las ciudades, que teniendo una cuenca hidro- 
gráfica poco extensa, están colocadas en colinas ó laderas con 
fuerte inclinación. 

Nosotros hemos visto realizado este caso en Memphis, Es- 
tados Unidos, donde el coronel Waring hizo una excelente 
aplicación del sistema Divisor^ aprovechando las- circunstancias 
de que esa ciudad está edificada en un terreno elevado y so- 
bre la margen izquierda del río Mississippí; los taludes de di- 
cho terreno son bastante acentuados y el agua pluvial escurre 
pronto sobre el pavimento de las calles sin causar ningún per- 
juicio; así es que las atarjeas que el Sr. Waring construyó, son 
pequeños tubos de barro bien vidriado y destinados exclusiva- 
mente á recibir los desechos de las habitaciones. 

Puebla, Jalapa, Orizaba, Guanajuato y otras ciudades de la 
República, están en circunstancias análogas á las de Memphis; 
en muchas de ellas para dejarlas en muy buenas condiciones 
higiénicas, bastaría probablemente surtirlas de agua en abun- 
dancia y establecer una red de pequeñas atarjeas, para recibir 
exclusivamente los desechos de las casas; pero en México es 
distinto, aquí si no se da salida al agua llovediza por conduc- 
tos subterráneos, se estanca en los puntos bajos del terreno y 
ocasiona los grandes perjuicios que las inundaciones han pro- 



31 

ducido siempre en la Ciudad. Estas condiciones no favorecen, 
pues, á la adopción del sistema Divisor. 

29 — Cuando exista un sistema de antiguas atarjeas que no 
sean adecuadas para recibir las aguas de desecho; pero que 
con un pequeño gasto se puedan extender y arreglar para 
que sin inconveniente salga por ellas el agua pluvial. 

Nuestra Capital tiene actualmente una red incompleta de 
atarjeas; pero además de que por sus dimensiones son incapa- 
ces de dar salida en poco tiempo al agua de los fuertes agua- 
ceros, y por su forma defectuosa y su mala construcción, no 
son adecuadas para recibir los desechos de las casas, tienen 
esas atarjeas muchos otros defectos, tales como los de que en 
varios casos las pendientes están en sentido contrario del que 
debieran tener, que sus dimensiones decrecen en vez de au- 
mentar á medida que se aproximan á la desembocadura, y son 
estos y otros defectos que no mencionamos de tanta impor- 
tancia, que no será posible aprovechar ni siquiera un metro de 
las actuales atarjeas; será preciso construir otras nuevas en to- 
da la extensión de la Ciudad destruyendo las que existen. 

3? — Cuando la purificación de los desechos sea muy costosa, 
y que el río ó arroyo que reciba el desagüe de la ciudad sea 
tan pequeño, que la menor cantidad de agua impura haga im- 
propia para los usos domésticos á la del río ó arroyo de que 
acabamos de hablar, y que alguna otra población la necesite 
abajo para dichos usos. 

En México no hay necesidad de purificar los desechos, ni 
tampoco existe esa corriente de agua pura que contaminar, 
por lo cual no hay para qué ocuparse de la tercera condición, 
cuando se aplica á la Ciudad. 

49 — Cuando es necesario bombear los desechos de las casas 
y esta operación resulta muy costosa si se mezclan con el agua 
de la lluvia. 

Este caso se presenta en la ciudad de Pullman, Illinois, Es- 
tados Unidos, en la cual el distinguido Ingeniero Sr. Benezette 
Williams, aplicó el sistema Divisor con mucha cordura; pero 
bajo un plan y por circunstancias enteramente distintas délas 



32 

de Memphis, pues en Pullman City hay que bombear y puri- 
ficar los desechos para impedir que se corrompa el agua casi 
estancada del lago Calumet, el que, sin embargo, puede reci- 
bir el agua llovediza, y si ésta se mezclara con los desechos, 
serían muy costosas, tanto la operación de bombear, como la 
de purificar esa mezcla; esta segunda operación se prricticapor 
medio de ]a. filtración intermitente, y tampoco se dispondría de 
terreno suficiente para efectuarla si á los desechos se mezclara 
una gran cantidad de agua pluvial. 

Nosotros, por ahora, tenemos que bombear forzosamente 
toda el agua que debe salir de la Ciudad, el agua pluvial y los 
desechos; más tarde, éstos y una parte de aquella, saldrán por 
el Gran Canal de Desagüe, y si, como es probable, en este úl- 
timo caso hay que hacer funcionar algunas bombas, será para 
desalojar la gran masa de agua que se precipita en los fuertes 
aguaceros, y esto sólo tres ó cuatro veces en el año. Luego, 
por lo que se refiere al gasto de bombear, no es preciso sepa- 
rar entre sí los líquidos que tengan diverso origen, y no exis- 
tiendo esa necesidad por ninguna otra circunstancia, la cuarta 
condición tampoco nos obliga á aceptar el sistema Divisor. 

5? — Donde sea necesario construir un sistema de atarjeas 
para recibir los desechos de las habitaciones, lo más pronto y 
lo más económicamente que sea posible, y que no haya incon- 
veniente en aplazar para más tarde la construcción de los con- 
ductos subterráneos para recibir el agua pluvial. 

Un ejemplo de este caso hemos visto que se presentó en 
Memphis, ciudad que fué asolada por la fiebre amarilla en dis- 
tintas ocasiones; esta circunstancia produjo su decadencia y 
casi se puede decir que estaba en completa ruina, financiera- 
mente hablando, cuando se pensó en que el remedio de tanto 
mal consistía en establecer rápidamente un buen sistema de 
atarjeas, las que debían ser de muy económica construcción, 
porque el estado de los fondos municipales no permitía inver- 
tir en ella una suma considerable. 

Se adoptó el sistema Divisor como antes dijimos, y en virtud 
de circunstancias topográficas locales, el éxito fué completo. 



33 

Nosotros visitamos la ciudad cinco años después de que se ha- 
bían ejecutado los principales trabajos, y estaba ya floreciente, 
rica y confiada en que la epidemia habría desaparecido para 
siempre. 

Aquí en México existe también esa imperiosa necesidad de 
construir un buen sistema de atarjeas, y es el único medio que 
hay para conseguir que mejoren las condiciones higiénicas; 
pero no basta dar salida á las aguas de desecho, porque siendo 
el relieve del terreno muy distinto del de Memphis, es preciso 
facilitar la salida del agua pluvial, y por lo tanto, no es acepta- 
ble la misma solución. 

SISTEMAS NEUMÁTICOS. 

Según lo que acabamos de ver, son limitados los casos en 
que el sistema Divisor común es aplicable: más limitados aún, 
son aquellos en que se debe aplicar esa variante suya, á que 
hemos llamado sistemas neumáticos, pues en el estado actual 
de nuestros conocimientos en la materia, creemos que no se 
debe apelar á éstos, sino como último recurso, cuando sea im- 
posible hacer otra instalación menos complicada; es decir, cuan- 
do el conjunto de las circunstancias locales no permita que 
funcione bien alguno de los sistemas en que obra la simple gra- 
vedad. 

Se comprenderá, sin gran esfuerzo, que ese conjunto de cir- 
cunstancias que puede obligar en ciertos casos á establecer un 
sistema neumático, tiene que ser sumamente complicado, pues- 
to que deben ser casos excepcionales que sólo se presentarán 
cuando todo sea desfavorable para obtener por otro medio la 
expulsión de los desechos, y no creemos que sea fácil ni prác- 
tico tratar de enumerarlos; basta decir que los sistemas de que 
tratamos, además de que no resuelven por completo el problema del 
desagüe^ son de m,uy cara instalación, de un manejo mucho más 
complicado que el de los otros, y de una conservación difícil y cos- 
tosa. 

Desagüe de Méxlco.~5 



34 

México dista mucho de estar en esas circunstancias excep- 
cionalmente desfavorables que impiden establecer el sistema 
de transporte por agua en toda m sencillez; está, por el contra- 
rio, lo hemos dicho ya, en circunstancias excepcio7iaImente favo- 
rables, y si se ejecutan las obras según el plan que vamos á 
proponer, estamos seguros de que los resultados serán comple- 
tamente satisfactorios. Consideramos por esto, que sería una 
digresión inútil dar más razones de por qué no aplicamos nin- 
gún sistema neumático. 

SISTEMA COMBINADCr. 

El sistema combinado se debe preferir para desaguar y sanear 
una ciudad, cuando se presentan las tres condiciones siguien- 
tes: 

1? — Que sea necesario expulsar el agua de lluvia que se pre- 
cipita en cuarteles extensos y densamente poblados, como en 
las grandes ciudades, por medio de conductos subterráneos, y 
que se debím construir nuevas atarjeas con este objeto. 

29 — Que no se necesite purificar los desechos ó que la purifi- 
cación sea fácil, y que no se contaminen las corrientes de agua 
pura con el producto de las atarjeas. 

39 — Que se disponga de agua en abundancia para lavar las 
grandes atarjeas. 

Preferimos reunir las condiciones en vez de discutirlas sepa- 
radamente, porque todas se realizan en la Ciudad de México, y 
discutidas en conjunto se perciben con más claridad los funda- 
mentos de la conclusión á que muy en breve vamos á llegar. 

La primera condición se realiza en México en todos sus de- 
talles, puesto que es una Ciudad extensa, densamente poblada y 
que es absolutamente necesario construir nuevas atarjeas para dar 
salida á los desechos de las habitaciones y al agua de las llu- 
vias, pues ni una ni otra pueden correr por la superficie de las 
calles, porque además de los inconvenientes que eso produce, 
en muchos lugares no hay la pendiente que se necesita para pro- 



85 

dueir el movimiento de ¿os líquidos, y esto sucede en la parte más 
poblada y rica de la Ciudad^ además, por el cambio hidrográ- 
fico que las bombas han producido y que continuarán y harán 
permanente las Obras del Desagüe General del Valle, es nece- 
sario reconstruir todas las actuales atarjeas, corrigiendo los nu- 
merosos defectos que tienen y que antes señalamos. 

La segunda condición también existe y es favorable al siste- 
ma combinado, pues también indicamos ya que la purificación 
de los desechos de la Ciudad no será costosa, porque se hará 
del otro lado del Valle por la irrigación de la inmensa super- 
ficie de terreno donde se pueden aprovechar las aguas que nos- 
otros expulsemos, y tampoco hay ninguna corriente de agua 
pura que se pueda contaminar, porque la corriente que se va 
á crear, no existe ahora. 

La tercera condición se puede realizar en México de una ma- 
nera tan completa, que sin duda alguna hay en el mundo muy 
pocas ciudades que tengan una facilidad semejante para lavar 
sus atarjeas. Para esto contamos con el producto de los Lagos 
de Chalco y Xochimilco, que durante todo el año nos pueden 
proporcionar 2,500 litros por segundo, de agua muy á propó- 
sito para el objeto. 

Estas condiciones son generales y aplicables á cualquiera ciu- 
dad; pero aquí hay otra muy digna de tenerse en cuenta, y es, 
que tanto ahora como después, se mezclan y se han de mezclar 
siempre las aguas de desecho y las que provienen de las llu- 
vias, ya sea en la Laguna de Texcoco, ya en el Gran Canal, y 
no vale la pena de tomarse el trabajo de separar los elementos 
que forzosamente se tienen que reunir, ni se debe por ello ha- 
cer ningún sacrificio. 

Por esta breve discusión, se comprende que todas las cir- 
cunstancias son favorables para hacer en México una excelente 
aplicación del sistema combinado, mientras que no hay una ra- 
zón que pudiera inducir á adoptar el Divisor. No hay, pues, 
vacilación posible, y por esto llegamos ála siguiente conclusión: 

Para obtener en México las mejores condiciones sanitarias, con 
el menor costo posible, se debe aplicar el sistema combinado de trans- 



36 

porte por agua; es dech\ que las atarjeas 6 conducios que se esta- 
blezcan, deberán estar convenientemente disp^iestos para recibir los 
desechos líquidos de las habitaciones, las materias fecales, el agua 
de lluvia, donde sea necesario, la del subsuelo, y por último, cierta 
clase de líquidos que arrojen los establecimientos industriales. 

Hacemos una salvedad respecto de los líquidos que arrojan 
los establecimientos industriales, porque será posible que algu- 
nos expulsen ciertas substancias que ataquen á los materiales 
de que están construidas las atarjeas, ó que como el alquitrán 
del gas, se adhiera á las paredes de esos conductos, y convie- 
ne prever desde ahora la necesidad que tal vez se presentará, 
de prohibir que dichos establecimientos se desembaracen de 
tales substancias arrojándolas á las atarjeas, para prevenir esos 
perjuicios. 

CONDICIONES generales" Á QUE DEBE SATISFACER EL SISTEMA 
DE ATARJEAS QUE SE CONSTRUYA EN MÉXICO. 

Para temiinar la primera parte de nuestro informe, sólo falta 
que hagamos constar las condiciones á que deben satisfacer las 
atarjeas que se construyan, para que llenen bien su objeto co- 
mo elemento para mejorar el estado sanitario de la población 
y ála vez perfeccionar el desagüe del terreno que ella ocupa. 

La primera de esas condiciones, la más esencial de todas, es, 
sin duda alguna, la de que se proyecten y construyan las atar- 
jeas de tal manera, que en ellas no se formen depósitos de subs- 
tancias putrescibles, es decir, que se limpien por sí mismas, que 
no haya necesidad de apelar á un trabajo manual para desalo- 
jar los sedimentos; y para esto es necesario disponer las atar- 
jeas de modo que el agua que circula por ellas, conserve siem- 
pre y en todas partes la velocidad conveniente para arrastrar 
los cuerpos que á su entrada lleva en suspensión. 

Siguiendo el principio de que por lo general es más fácil y 
económico prevenir un mal que remediarlo, es necesario im- 
pedir, hasta donde sea posible, la entrada á las atarjeas de los 



37 

cuerpos que tienden á formar los sedimentos, y que no se de- 
ben admitir en ellas; cuyo resultado se obtendrá por lo menos 
parcialmente, por medio de ciertas disposiciones especiales de 
que hablaremos al entrar en detalles; pero como no se debe 
esperar que se logrará impedir de un modo absoluto la entra- 
da de ciertos cuerpos extraños, y por otra parte, como medida 
higiénica, se debe tratar de que los desechos sean expulsados 
rápidamente fuera de la población, es preciso disponer los con- 
ductos de desagüe de manera que la velocidad media del agua 
no sea menor que l'"20 por segundo en los tubos de 0.15 á 0.30 
de diámetro, de O^OO en las atarjeas de 0.30 á 0.40 de diáme- 
tro, y de 0.60 en la misma unidad de tiempo, para los colecto- 
res de mayores dimensiones. 

Para conseguir estas velocidades, el principal elemento es la 
pendiente, el talud de la superficie del líquido, y á la vez, para 
establecer la pendiente, es indispensable que haya cierta dife- 
rencia de nivel entre el origen y la desembocadura de los ca- 
nales colectores. La diferencia de nivel de que disponemos en 
México es pequeña, y cuando se presenta este caso, es más ne- 
cesario que en ninguno otro redurir al mínimo el rozamiento 
del agua sobre las paredes del canal, haciéndolas perfectamen- 
te lisas y disminuyendo el perímetro mojado, y para satisfacer 
á la vez á esta primera condición y la que exige la higiene de 
que sean impermeables los conductos, deberá construirse y 
aplanarse con cemento de Portland y cal hidráulica cuando se 
trate de las grandes secciones y ser de tubos de barro vidria- 
dos con sal, cuando sean pequeñas. 

La condición de que se reduzca al mínimo el perímetro mo- 
jado, por razón de que las atarjeas deben contener volúmenes 
de líquidos muy variables, grande en los momentos de lluvia 
y pequeño en la estación seca, se satisfará dando en ciertos ca- 
sos una forma ovoide á la sección, por ser esta forma la que 
mejor se aviene á esas circunstancias variables, concentrando 
los líquidos en un pequeño espacio cuando disminuye mucho 
su volumen, y presentando á la vez un gran desemboque, cuan- 
do éste es necesario. 



38 

A pesar de todas las precauciones que se tomen, se produ- 
cirán siempre depósitos parciales y accidentalmente alguna obs- 
trucción; éste se previene por medio de ciertas disposiciones 
que permitan dar golpes de agua, cada vez que la práctica de- 
muestre que se necesite para conservar expeditos los canales-, 
en México será posible efectuar esta operación muy frecuente- 
mente y con suma facilidad, porque para ello disponemos del 
agua de los Lagos de Ghalco y Xochimilco. En la segunda par- 
te verémos la disposición que tendrán las atarjeas para apro- 
vechar ventajosamente esta circunstancia favorable. 

Las aguas que circulan por las atarjeas, cargadas como están 
de materias orgánicas, producen muchas veces miasmas infec- 
tos y dañosos, á los que es preciso dar salida por los puntos 
donde se considere que ocasionarán menos perjuicios, y se pro- 
cura al mismo tiempo que las atarjeas tengan una ventilación 
amplia y liberal, para producir la difusión de los miasmas y ga- 
ses nocivos, haciéndolos á la vez que menos dañosos, menos 
molestos. 

En una época todavía no muy remota, se admitía que la me- 
jor atarjea era la que daba un acceso más fácil á los operarios 
encargados de limpiarlas, y permitía de una manera más có- 
moda, la remoción y transporte de los sedimentos por un me- 
dio mecánico. Esta idea fué la que dominó, por ejemplo, á los 
ingenieros que proyectaron y construyeron las grandes obras 
del drenaje de Paris; obras verdaderamente notables por su 
magnitud y excelente construcción; pero que como obras de 
saneamiento dejan mucho que desear, pues se proyectaron bajo 
la base de que la limpia se haría siempre por un trabajo ma- 
nual; admitieron que debían arrojarse á las atarjeas las barredu- 
ras de las calles, y en cambio debía prohibirse que á esos con- 
ductos entraran las materias fecales; dos errores que cuestan al 
Municipio miles de pesos al cabo del año, y también cuestan á 
la población, cientos y tal vez miles de vidas, puesto que por 
existir los comunes de depósito, hay millares de focos de infec- 
ción que hacen bastante insalubre á la gran Capital de Francia. 

Esas grandes obras de Paris, construidas con el objeto de 



39 

desaguar la cindad y de recibir sólo cierto género de desechos, 
por sus enormes dimensiones han admitido en su interior los 
tubos para la conducción del agua pura; se han colocado tam- 
bién dentro de ellas, grandes masas de conductores eléctricos 
y sólo se han proscrito los tubos de gas por temor á accidentes 
de explosión que los escapes pudieran producir en una atmós- 
fera relativamente confinada. Han servido, pues, para usos que 
no se previeron en los momentos de su construcción, pero no 
han mejorado notablemente las condiciones higiénicas de la 
ciudad, porque con los comunes de depósito y los sedimentos 
que en grandes cantidades suelen acumularse en las atarjeas, 
subsisten dos causas de insalubridad muy poderosas, que cuen- 
tan sin duda al fin de cada año. muchas víctimas elegidas entre 
una población muy numerosa. 

En la época en que se emprendió en Inglaterra la construc- 
ción de las primitivas atarjeas, dominaba también la idea de 
que una de las condiciones esenciales á que debían satisfacer, 
era que su capacidad fuera bastante para, contener una gran 
cantidad de depósitos y srn embozo se les llamaba atarjeas de 
depósito; debían ser también, según entonces se admitía, fácil- 
mente accesibles en toda su extensión, para los hombres en- 
cargados de limpiarlas. 

La práctica y los modernos adelantos de la- higiene, han con- 
denado por absurdos á semejantes princrpios, y ahora se- consi- 
dera como la mejor atarjea, no la más grande, sino aquella, que 
teniendo las dimensiones estrictamente necesarias para dar paso al 
agua de los fuertes aguaceros, se conserva siempre libre de obstruc- 
eiones y depósitos. 

Hay, sin embargo, ciertas personas que creen que nosotros 
debemos imitar lo que se hace en París, juzgando que debe ser 
muy bueno sólo porque se hace allí; y esto, sobre todo, lo creen 
así, las que han visitado esa gran ciudad, y que bajo la impre- 
sión que en su ánimo producen las maravillas que contiene^ 
han entrado á pasear en un bote ó en un vagón á ciertos colec- 
tores adonde los encargados del desagüe acostumbran llevar á 
sus visitantes extranjeros; siendo el pasea por las cloacas, uno 



40 

de los hechos que más vivamente impresionan la imaginación 
entre los recuerdos del viaje, y uno de los que recitan con mas 
entusiasmo, terminando generalmente con un panegírico de las 
obras del Desagüe de Paris y llegando forzosamente á la con- 
clusión de "que así, exactamente como esas atarjeas que visita- 
ron, deberían construirse las de México." 

Las personas que eso crean, deben saber, en primer lugar, 
que en Paris mismo no son todas las atarjeas como aquellas que 
admiraron, y que no es racional formar una opinión sobre 
esas obras y si deben ó no ser imitadas, por el solo hecho de 
haber paseado tres ó cuatro horas por alguno de los colectores 
principales ó alguna de las atarjeas de intercepción; en segun- 
do lugar, que se pueden obtener mejores resultados sanitarios que 
los que dieron las de París, con obras proyectadas bajo m ejores prin- 
cipios, aun cuando no sean tan grandiosas ni se pueda pasear 
por ellas con tanta comodidad. 

Si estas reflexiones fueran exclusivamente nuestras, habría 
sin duda quien dijera, que por ligereza cometíamos una falta 
de lesa civilización; pero nosotros no hacemos más que inspi- 
rarnos en los juicios formulados por personas imparciales y 
que por su competencia en la materia, están autorizadas para 
emitir una opinión. Una de ellas es Mr. Robert Rawlinson que 
hace algunos años se expresó de esta manera: 

"Paris es tal vez en la superficie, la ciudad más limpia del 
mundo. Nada puede ser más hermoso que el arreglo y aseo 
de sus calles pavimentadas; pero la fetidez, aun en las mejores 
casas, es casi insoportable." 

Hay, además, un hecho que, filosóficamente considerado, va- 
le más que todas las opiniones que pudieran darse en contra 
ó en pró de las ideas que sirvieron de fundamento para pro- 
yectar las obras de saneamiento y desagüe de Paris, y es, que 
esas ideas, como sucede con todas las que no son correctas, van su- 
friendo allí mismo una evolución y tienden á cambiarse por otras 
más generalmente admitidas, que están más lógicamente deducidas 
de los hechos observados, y que son las que aplicamos al sanea- 
miento y desagüe de nuestra Capital. 



41 

Prescindimos, pues, en lo absoluto, de la preocupación que 
en nuestro ánimo pudiera producir el deseo de imitar las obras 
de Paris, é imitamos de preferencia otras que con menor costo 
hayan producido mejores resultados, y proyectaremos atarjeas 
que tengan sólo las dimensiones estrictamente necesarias jpara dar 
paso, en condiciones favorables, dios líquidos que en variadas cir- 
cunstancias deben conducir; así nos acercaremos más á realizar 
el ideal de que las atarjeas se conserven siempre limpias, sin 
necesidad de un costoso y lentísimo trabajo manual, que nun- 
ca es bastante eficaz para impedir que haya en las atarjeas ma- 
terias orgánicas en descomposición. Si por circunstancias espe- 
ciales se juzga que es indispensable arreglar las cañerías del 
agua ó los hilos eléctricos, en conductos subterráneos en algo 
semejantes á los conductos de desagüe, tienen que ser aquéllos 
enteramente independientes de éstos, porque el agua limpia 
que camina bajo presión en las cañerías, y con mayor razón los 
conductos eléctricos, no necesitan estar establecidos con esa lí- 
nea de pendiente perfecta, que en las atarjeas es indispensable 
para que no se produzcan depósitos de substancias putresci- 
bles, y si dichas atarjeas debieran prestar otros servicios, ade- 
más del natural como elemento de desagüe, no se podrían adap- 
tar á ello si no es con detrimento de sus buenas condiciones 
para servir á su objeto principal; costarían más y serían menos 
eficaces qne las que se construyeran con el único y exclusivo 
objeto de conseguir el desagüe y saneamiento de la ciudad. 

Dijimos poco antes que, á pesar de todas las precauciones 
que se tomen, se producirán siempre depósitos parciales y aun 
accidentes de obstrucción, y propusimos como medio sencillo 
y práctico para evitarlos, el proveer el sistema de atarjeas de 
disposiciones que permitan dar golpes de agua que removerán 
los sedimentos antes de que se acumulen en gran cantidad; pe- 
ro puede todavía sobrevenir por incidente muy casual, una obs- 
trucción de tal naturaleza que los golpes de agua no puedan 
remover; para este caso fortuito y para hacer las reparaciones 
que sean necesarias, conviene establecer desde el principio y 
á intervalos determinados, pozos de visita que dando fácil acce- 

Desagüe de México.— 6 



42 

SO al interior de las obras, permitan su inspección, y que sea 
posible remover por ellos los obstáculos que se opongan par- 
cial ó totalmente al fácil movimiento de los líquidos; estos po- 
zos de visita se combinarán con el sistema de ventilación, del 
modo que indicaremos en la segunda parte de este informe. 

Allí daremos también los detalles de todas las obras acceso- 
rias, y desarrollaremos los principios que acabamos de indicar, 
aplicándolos á las condiciones especiales de nuestra capital, pro- 
curando proyectar las obras de manera que se aproximen cuan- 
to sea posible y hasta donde alcance nuestra previsión, á satis- 
facer el objeto que nos proponemos. 



43 



SEGUE"DA PAETE. 



Descripción del Proyecto de Desagüe y Saneamiento de la Ciudad de 
México, y exposición de los datos y principios que se lian tenido pre- 
sentes al determinar cada uno de los detalles del proyecto. 

Vamos ahora á estudiar los detalles del sistema que se llama 
combinado^ tal como á nuestro juicio se debe aplicar á México, 
advirtiendo que hemos tenido á la vista las indicaciones de 
Rawlinson que señalan los puntos esenciales que se deben te- 
ner presentes en todo sistema de desagüe de una ciudad, y que 
son el fruto de la inteligente observación y estudio práctico de 
los resultados obtenidos con las obras de saneamiento y desa- 
güe de las principales ciudades inglesas. Consultamos deteni- 
damente los trabajos del inteligente ingeniero americano Mr. 
Rodolfo Hering, los de los Sres. Elliot G. Clarke, Benezette 
William, Adams, Gray, Baldwin Latham y otros. 

Visitamos también en los Estados Unidos, estudiando sus sis- 
temas de desagüe, las ciudades siguientes: Memphis, Chicago, 
Boston, Pullman City, New-York, Providencia, Filadelfia, Wash- 
ington y San Louis Missouri; y además, tenemos datos de los 
estudios que en otras varias ciudades se han hecho para esta- 
blecer ó perfeccionar sus atarjeas, con los que obtuvimos va- 
hosos informes, mereciendo especial mención los que tuvieron 
la bondad de proporcionarnos los Sres. Rodolfo Hering, Elliot 
C. Clarke y Benezette Williams. 

De todos estos elementos hemos procurado tomar lo que nos 
ha parecido más aplicable á nuestras circunstancias locales, 
pues si bien es cierto que hay varios principios que son aplica- 



44 

bles á cualquier sistema de atarjeas en general, hay también 
algunos detalles que tienen que variar con las condiciones to- 
pográficas é hidrográficas de la localidad. 

Esta Segunda Parte tenemos que subdividirla en otras varias 
para evitar confusiones, que son: 

1? — Sistema general y alineamiento de las atarjeas; 

2? — Profundidades y pendientes de las atarjeas; 

39— Capacidad de descarga y dimensiones de la sección trans- 
versal; 

4? — Forma de la sección transversal de las atarjeas; 

5? — Enlaces y conecciones; 

6? — Pozos de visita y pozos para lámparas; 

7? — Coladeras de las calles y cajas de depósito; 

8? — Ventilación, y 

9? — Estaciones de bombas. 

1? — Sistema general y alineamiento. 

Por la conclusión á que nos condujo el análisis que hicimos 
en la Primera Parte, el sistema que proponemos es el combina- 
do de transjíorte por agua. 

El estudio del plano acotado de la ciudad, en el que se han 
trazado las curvas de nivel con una equidistancia de 0.2, de- 
muestra que en todo el terreno ocupado por la población, en 
el área que se tiene que desaguar, no hay ninguna línea de des- 
agüe natural, ningún tahceg bien definido que señale la locación 
forzosa de uno ó varios colectores generales á donde se tuvie- 
ra que hacer concurrir todos ó una parte más ó menos grande 
del agua pluvial y de los desechos de las habitaciones. Ese mis- 
mo plano indica que todo el terreno de la ciudad es una su- 
perficie ligeramente inclinada de Oeste á Este, y que presenta 
algunas pequeñísimas desigualdades, que unas veces son emi- 
nencias que sobresalen del nivel general, y otras cuencas sin 
sahda, pero todos estos accidentes del terreno son casi siempre 
poco perceptibles á la simple vista y ha sido necesaria una ni- 



45 

velación muy minuciosa para determinar su importancia, y aun 
en ciertos casos, para revelar su existencia. 

Estas condiciones topográficas nos han dejado en libertad 
absoluta de fijar la locación de las principales líneas de des- 
agüe por consideraciones enteramente independientes de la to- 
pografía del terreno, puesto que el único hecho que ésta deter- 
mina, es que conviene establecer la pendiente general para esas 
líneas principales, de Oeste á Este, porque asi se ajjroveeha la pe- 
queña inclinación natural del terreno para auraentar la pendiente 
que artifidalmenie se ha de dar á los conductos de desagüe. 

Si se estableciera un solo colector general en el centro de la 
ciudad, se encontraría el inconveniente de que en su extremo 
oriental tendría enormes dimensiones que aumentarían el cos- 
to de la obra y dificultarían su construcción en medio de las 
calles estrechas por donde tiene que pasar; disminuiría su efi- 
cacia como elemento de desagüe, porque en los momentos de 
una fuerte lluvia subiría mucho el nivel del agua en su interior, 
disminuyendo con esto la pendiente hidráulica ó sea la diferen- 
cia del nivel del agua en sus dos extremidades, que es la que 
determina la velocidad; además, los colectores secundarios ad- 
quirirían una importancia mucho mayor, se aumentaría su cos- 
to y disminuiría su pendiente; por último, esa disposición de 
un solo colector central tendría el grave inconveniente de pres- 
tarse menos que el de varios colectores al aumento de la capa- 
cidad del Sistema de Desagüe de la ciudad, cuando lo requiera 
el crecimiento de ésta por su lado occidental. 

Teniendo en cuenta todas estas consideraciones, hemos juz- 
gado más conveniente dividir á la ciudad para el desagüe, en 
cinco zonas, por medio de líneas cuya dirección general es de 
Occidente á Oriente; en cada una de estas zonas habrá un co- 
lector central que ocupará próximamente el eje longitudinal 
del área que ha de desaguar. En todas las demás calles de ca- 
da zona, habrá atarjeas de más pequeñas dimensiones que se- 
rán tributarias del colector central. El éxito que se obtenga, el 
resultado práctico de las obras c[ue á costa de grandes sacrifi- 
cios se han de ejecutar, depende esencialmente de la disposi- 



46 

ción y relaciones que los colectores secundarios tengan entre 
sí y con el colector central. Es este punto de tan grande im- 
portancia, que si no le diéramos toda la que tiene, podía suce- 
der en México lo que en otras ciudades ha pasado ya, que des- 
pués de haber gastado miles y aun en ciertos casos millones de 
pesos, resultó que las obras no han mejorado notablemente las 
condiciones higiénicas de los lugares donde se han ejecutado, 
porque al proyectarlas no se tomaron todas las precauciones que 
son indispensables para impedir que en las atarjeas se verifiquen 
depósitos de substancias putrescibles 6 para remover estos depósitos 
p)or un procedimiento rápido y económico. 

Desde la época en que escribimos nuestro primer informe, 
concedíamos ya una grande importancia á estos puntos que son 
tan esenciales para asegurar el éxito; pero ahora estamos más 
convencidos de que toda consideración se debe sacrificar á la ne- 
cesidad de prevenir los depósitos en las atarjeas, así como de que 
jjara conservar á éstas siempre limpias, el tínico medio ptt'áctico, 
económico y verdaderamente eficaz que se conoce, es el de introdu- 
cir en ellas periódicamente grandes masas de agua que las laven, 
arrastrando consigo los depósitos que en todos casos tienden á for- 
marse, y por esto ha sido nuestra mayor preocupación satisfa- 
cer á estas dos condiciones en el sistema de atarjeas que para 
México debíamos proponer, y hemos estudiado con gran dete- 
nimiento las descripciones que tenemos de los trabajos que se 
han ejecutado en varias de las principales ciudades del mun- 
do, prestando atención preferente á los informes que nos dan 
acerca de los resultados prácticos que se han obtenido en cada 
una de ellas. 

De todos los sistemas de alineamiento que conocemos, nin- 
guno nos parece mejor que el establecido por primera vez por 
el sabio ingeniero Mr. W. Lindley, en Hamburgo, cuando pro- 
yectó las atarjeas de esa ciudad en 1843, que está caracteriza- 
do por la circunstancia de que se evitan hasta donde sea posible 
los extremos aislados de las atarjeas (dead ends). Después de 
aquella ciudad, el Sr. Lindley proyectó las atarjeas de Frank- 
fort en 1863, siguiendo el mismo Sistema que él creó en Ham- 



47 

burgo, pero aplicado con más extensión y de una manera más 
perfecta todavía, constituyendo un principio que hoy se conoce 
con el nombre de principio de Lindley. Este se debe aplicar en 
todas partes siempre que lo permitan las circunstancias locales, 
para obtener los mejores resultados posibles del sistema de 
transporte por agua, y afortunadamente las condiciones de Mé- 
xico se prestan admirablemente para que se pueda aplicar en 
toda su extensión. 

Si es un hecho, como nosotros lo creemos, que el objeto 
esencial de las atarjeas es mejorarlas condiciones higiénicas de 
la ciudad donde se construyen, suponemos que los datos res- 
pecto de la mortalidad de las poblaciones donde hay distintos 
sistemas de saneamiento, serán los que den una idea más exac- 
ta de la eficacia de los medios de que disponen para alejar de 
ellas las materias que deben expulsar. Damos por esto á con- 
tinuación los datos que tenemos á la vista, de la mortalidad en 
varias ciudades, y que tomamos de un excelente informe del 
Sr. R. Hering: 





23 


p. 


mil. 




26 


11 


11 


Berlin. — En 1879 que fué la más baja 










27.7 


11 


11 


Viena. — Promedio de varios años 


30.6 


11 


11 


Liverpool. — En 1879 que fué más baja 










27 


11 


11 




26.5 


11 


11 


Frankfort. — Promedio de cuarenta años. 


19.4 


11 


11 


Dantzic. — Promedio de nueve años.... 


28.6 


11 


11 


Amsterdam. — Promedio de diez años.. 


24.8 


11 


11 



Por estos datos se ve que Frankfort es la ciudad más salu- 
bre de todas las que acabamos de citar; probablemente á esto 
contribuyen ciertas circunstancias locales que dependen de su 
clima é hidrografía; pero como el foco de insalubridad más po- 
deroso que una ciudad puede tener, son sus malos desagües, 
el hecho de que una población sea salubre, indica que tiene un 



48 

buen sistema de atarjeas, porque si éstas fueran malas, la po- 
blación sería insalulDre á pesar de sus buenas condiciones cli- 
matológicas. Este hecho se ha visto plenamente comprobado 
por la práctica, pues si bajo este punto de vista se compara a 
Londres con París, por ejemplo, "esta ciudad tiene mi clima 
más favorable para la salud que Londres, y sin embargo, la 
mortalidad en París es mayor, lo que indica que las obras de 
saneamiento de Londres son más eficaces que las de Paris." 
(Rawlinson.) 

Casi se puede decir, que todo lo que acabamos de asentar 
en abono del "principio de Lindley," por lo que á Frankfort se 
refiere, es una pequeña digresión en que entramos, sólo para 
demostrar que sus efectos prácticos están ya plenamente com- 
probados por la experíencia de largos años, pues ahora que la 
ciencia sanitaría está ya tan adelantada, nosotros no sabemos 
qué admirar más, si la perspicacia y sabiduría del Sr. Lindley 
que creó su príncipio cuando la ciencia sanitaria estaba toda- 
vía en embrión, ó la poca previsión de los que han proyectado 
trabajos de saneamiento después c|ue Lindley, y que por haber 
desdeñado la aplicación de su principio en casos en que debie- 
ran haber sacado de él un gran partido, his obras ejecutadas 
no han producido los buenos resultados que de ellas se espe- 
raban. 

En el plano núm. 1 que indica la locación, pendiente, sec- 
ción y longitud de las atarjeas que proyectamos, se ve que he- 
mos procurado hasta donde ha sido prácticamente posible, evi- 
tar los extremos aislados de los colectores principales y secun- 
darios, y sólo los admitimos en las rinconadas donde la atarjea 
no se puede prolongar; pero más adelante veremos el medio 
por el cual se deben prevenir los inconvenientes que esos ex- 
tremos aislados pudieran producir. 

En todos los detalles relativos al proyecto délas atarjeas he- 
mos tenido presentes los "Consejos de Rawlinson," que hoy 
son umversalmente seguidos cuando se trata de construir un 
buen sistema de conductos de desagüe. Al tratar de los alinea- 
mientos, Rawlinson, dice lo siguiente: 



49 

"4. — Las atarjeas deben construirse en líneas rectas y pen- 
dientes perfectas de punto á punto, con entradas laterales, po- 
zos de visita, disposiciones para dar golpes de agua y ventilar 
en cada punto donde cambie el alineamiento ó la pendiente. 
Todos los pozos de visita deben construirse hasta la superficie 
de la calzada ó de la calle, para que por ellos se inspeccionen 
los conductos, y deben cubrirse con una tapa fácilmente remo- 
vible. Guando las atarjeas están construidas en "líneas rectas," 
y que el ingeniero insiste en que la construcción se haga en 
una línea perfectamente recta, tanto en el alineamiento como 
en pendiente, la obra resultará necesariamente bien hecha. Con 
pozos de visita y pozos para lámparas en cada cambio de direc- 
ción ó de pendiente, removiendo las tapas, el ingeniero está en 
aptitud de poder determinar, en cualquier momento, la proyec- 
ción del eje de la atarjea sobre la superficie de la calle, y pue- 
de saber también cuál es la profundidad de la atarjea en cual- 
quier punto, y así encontrar la posición exacta de cualquiera 
unión lateral. Algunos ingenieros no perciben desde el princi- 
pio, no aprecian todas las ventajas de que los alineamientos 
sean perfectamente rectos, y no las palpan sino cuando desean 
insertar algún albañal ó examinar las atarjeas para limpiarlas, 
pues si los pozos de visita están sobre líneas rectas, las obras 
todas pueden inspeccionarse y gobernar sus funciones á volun- 
tad." 

Convencidos de la grande importancia que tienen las reco- 
mendaciones que Rawlinson hace en el párrafo que acabamos 
de transcribir, deducimos de ellas lo siguiente: 

Al construirse las atarjeas de la ciudad de México, se tomarán 
todas las precauciones que sean necesarias ájin de que el eje de ca- 
da atarjea, esté colocado en una línea perfectamente recta, entre 
cada dos puntos en donde las circunstancias exijan que se establez- 
ca una inflexión, y el ntímet'o de estas inflexiones se reducirá al mí- 
nimo posible, es decir, se tratará de que los alineamientos rectos 
sean tan largos como lo permitan las circunstancias locales, y no 
se hará ninguna desviación sino cuando sea absolutamente imposi- 
ble evitarlo. 

Desagüe de México.— 7 



50 

Para terminar lo relativo á los alineamientos, sólo nos falta 
decir que ha sido enteramente indispensable proyectar la aper- 
tura de muchas calles nuevas, por varias razones: primero, por- 
que en ciertos lugares sería absolutamente imposible dar salida 
á los conductos de desagüe, si no se proyectan nuevos alinea- 
mientos; segundo, porque en otros resultarían los colectores 
principales y atarjeas de distribución con un alineamiento tan 
defectuoso, siguiendo las actuales calles, que hemos juzgado en- 
teramente indispensable corregirlas, y tercero, porque el pro- 
yecto de nuevas atarjeas no sólo debe satisfacer á las necesida- 
des presentes de la ciudad, sino también á las futuras, y es 
necesario fijarse hasta donde alcance nuestra previsión, en de- 
terminar desde ahora cuáles serán las futuras condiciones, en- 
tre otras las de las modificaciones que tendrán que sufrir las 
calles para facilitar la comunicación y el tráfico; y teniendo en 
cuenta que si se han de abrir más calles, ha de ser para satis- 
facer á esta necesidad, y que las calles diagonales son las que 
mejor la satisfacen porque acortan las distancias; cuando las 
condiciones topográficas y económicas lo han permitido, hemos 
proyectado una calle diagonal. 

En este informe no hemos querido tocar sino aquellas cues- 
tiones que son enteramente indispensables para la mejor inte- 
ligencia del proyecto y de las ideas que nos han dominado al 
formarlo, y creemos que no debemos divagamos demasiado, 
entrando en pormenores que sirvan para fundar las modifica- 
ciones que hagamos en el plano, porque sería necesario para 
esto dar al informe proporciones inconvenientes y distraernos 
del objeto principal. 

2? — Profundidades y pendientes de las atarjeas. 

Poco antes dijimos que para el desagüe la ciudad quedaría 
dividida en cinco zonas, y que cada una de éstas expulsará los 
líquidos que debe desechar, por medio de un colector general 
que estará próximamente en el eje medio longitudinal de la su- 



51 

perficie que la zona ocupa; este colector será el talweg artifi- 
cial á donde tengan que concurrir las aguas de toda la zona y 
deberá ser, por consiguiente, más profundo que las atarjeas se- 
cundarias, si se comparan puntos del fondo colocados sobre la 
misma línea de Norte á Sur; sólo con esta condición podrán las 
atarjeas secundarias descargar sus aguas en el colector princi- 
pal. 

La sección de este último será creciente, porcpie á medida 
que avance hácia el Este, recibirá las aguas que provengan de 
una área más extensa. 

En la línea de división de cada dos zonas, habrá otra atarjea 
de sección constante, que servirá para conducir el agua con que 
se ha de lavar todo el sistema de atarjeas; ésta deberá estar, 
pues, más alta cfue todas las demás en cada sección de Norte á 
Sur, para que los líquidos que circulan por ella puedan pasar 
por cualquiera de las atarjeas secundarias al colector principal, 
y á fin de guiar el agua por donde convenga, esas atarjeas de 
las líneas divisorias de las zonas, que en lo sucesivo llamare- 
mos atarjeas de distribución, estarán provistas de compuertas 
para detener la corriente en donde sea necesario desviarla. Su 
sección será constante, porque por cada una de las atarjeas la- 
terales que de ellas parten, pueden descargar sobre el colector 
de cada zona el agua que reciben, y nunca tendrán que conte- 
ner el producto de la lluvia que caiga sobre una área demasia- 
do extensa. 

Al establecer la acotación del fondo en el punto de partida 
de los colectores principales y atarjeas de distribución, se ha 
procurado colocarla lo más alto que permitía en cada caso la 
altura del terreno, con el objeto de conseguir la mayor diferen- 
cia de nivel que fuera posible entre los puntos extremos, por- 
que así se obtiene la mejor pendiente para los conductos de 
desagüe; y para llegar á este resultado por cuantos medios sean 
posibles, se ha buscado también el trazo más directo, tanto pa- 
ra los colectores principales como para los secundarios. 

Para que se puedan establecer las atarjeas á la altura que 
están proyectadas en su extremo occidental, será preciso en 



52 

muchos casos levantar el terreno en las colonias de la Teja, 
del Cebollón y de Santa María; esto es posible todavía, porque 
afortunadamente no hay allí construcciones que por esto se 
perjudiquen, y es enteramente indispensable que se prescriba 
que nadie pueda hacer en lo sucesivo una construcción, sin pe- 
dir á la oficina de Obras Públicas, que le señale de antemano 
la altura á que debe desplantarla, y para que esta oficina pue- 
da proceder sin vacilación alguna, tendrá un plano que señale 
las acotaciones que en cada punto de la ciudad se debe dar al 
enras de los cimientos. 

En el plano número 1 se han consignado todos los datos re- 
ferentes al desarrollo, pendiente y sección de las atarjeas, así 
como las acotaciones del fondo en los puntos extremos de ca- 
da uno de los conductos de desagüe; también se han trazado 
las curvas de nivel, y así es posible deducir en cualquier lugar 
y con bastante aproximación, la profundidad de la atarjea. No 
entramos en muchos detalles acerca de todos los datos que 
contiene el plano, porque esto sería inútil y cansado; pero sí es 
preciso hacer algunas observaciones para su mejor inteligencia. 
Las distancias están marcadas en el plano número 1 con tinta 
azul, las acotaciones y pendientes con tinta roja, pero no se 
pueden confundir, porque las primeras tienen siempre un nú- 
mero entero que expresa metros y una fracción que aproxima 
á centímetros, mientras que las pendientes están expresadas 
por una fracción decimal en milésimos y diezmilésimos; los diá- 
metros de las atarjeas se distinguen por estar marcados con 
tinta negra. 

Las pendientes se han establecido de manera que la direc- 
ción general de la corriente sea de Oeste á Este en los colecto- 
res principales y en las atarjeas de distribución; siendo en las 
laterales esa dirección, la conveniente para que por ellas pase 
con la mayor facilidad que sea posible, el agua de las atarjeas 
de distribución á los colectores principales. 

En estos dos últimos conductos, la pendiente que el plano 
indica es el cociente que resulta de dividir la diferencia de las 
acotaciones extremas, por la longitud total del conducto; de 



53 

manera que la pendiente multiplicada por la longitud, da en 
cualquier punto la diferencia de nivel entre éste y el origen de 
la atarjea, y se obtiene la acotación en dicho punto, restando 
esa diferencia de nivel de la del origen. 

En las atarjeas laterales la pendiente no se obtiene exacta- 
mente dividiendo la diferencia de nivel deducida restando las 
acotaciones marcadas en sus dos extremos, por la longitud to- 
tal, y esto es por dos razones: la primera, porque las acotaciones 
marcadas á lo largo de los colectores principales y de las atar- 
jeas de distribución, se refieren á puntos del fondo de estos 
conductos y no de las atarjeas laterales, pues siempre que las 
circunstancias lo permitan conviene establecer el origen de ca- 
da atarjea lateral, más alto que el de la atarjea de distribución 
de donde parte, y su extremo inferior también un poco más 
alto que el colector donde termina; la segunda razón es, que en 
las curvas es preciso aumentar un poco la pendiente, para com- 
pensar la resistencia que el líquido experimenta al cambiar la 
dirección de su corriente, haciendo la inversa de lo que se prac- 
tica al proyectar una línea de ferrocarril, donde la compensa- 
ción se establece reduciendo en las curvas la pendiente. 

Por ahora habría sido sumamente laborioso y todavía inne- 
cesario, determinar en cada una de las muchísimas curvas que 
hay en las atarjeas laterales, el aumento de pendiente que le 
corresponde; esta operación se hará al detallar una á una esas 
atarjeas laterales, si se aprueba el proyecto en general, sólo se 
han restado cinco centímetros de la diferencia de nivel, por ca- 
da curva que hay en la atarjea. 

Para cuando se presente la necesidad de conocer con más 
aproximación cuánto se ha de aumentar la pendiente por la 
curvatura de las atarjeas, daremos desde hoy algunas ideas so- 
bre este particular. 

El Sr. J. W. Adams, en su obra titulada "Sewers and Drains 
for Popolous Districts," establece para el caso la fórmula si- 
guiente: 



54 

en la que v es la velocidad del agua, h es el aumento de dife- 
rencia de nivel que se debe dar en la curva, además de la que 
proporciona la pendiente, l la longitud de la curva, r el radio 
del eje de ésta, y D el diámetro de la atarjea. 

Tanto los datos como el valor de h deberán estar expresados 
en pies ingleses; pero si se quiere introducir los elementos en 
metros pai-a obtener el resultado en la misma unidad de medi- 
da, se usaría la expresión bajo la forma siguiente: 

0.15. -y. ^ 



• I) ■ 

Tal vez en muchos casos de los que se presentan en nuestro 
sistema de atarjeas, no será posible emplear los valores que da 
esta fóraiula, que son un poco exagerados, pues no se podrían 
aceptar sino con gran detrimento de la pendiente general, y co- 
mo es enteramente empírica, no aconsejamos su empleo sino 
como un medio para guiar el criterio de la persona que se en- 
cargue de los detalles del proyecto, al establecer el aumento de 
caída que debe dar en las curvas para compensar la pérdida 
de la fuerza aceleratriz de la gravedad, que por razonamiento 
se consmne al paso de las aguas por esos pmitos, y á fin de 
que se pueda discutir lo que más conviene hacer, anotamos 
aquí otras dos fórmulas que se han empleado con el mismo 
objeto que la anterior: 

= ' = ^^^ ^^-^^^ (í)^' 

, ^2 sen^ a X 0.000.003 



Las fónnulas (1) son de Weisbach y la (2) de Robínson y 
Beadmore; en ambas los signos algebraicos tienen la siguiente 
significación: h aumento de caída en pies; v velocidad del agua 
en piés por segundo; a ángulo de la curva en grados; r radio 
de la ataijea; b radio de la curva; c coeficiente que depende de 
Será fácil transformar estas fórmulas á fin de que sean cal- 
culables por metros. 



55 

El Sr. Rawlinson en sus "Consejos sobre saneamiento y 
desagüe," previene que las pendientes se establezcan en líneas per- 
fectamente rectas, y que si es necesario establecer algún cambio de 
pendiente, siempre se construya en el punto donde el cambio se ve- 
rifiqíjbc, un pozo de visita 6 un pozo para lámparo,. 

Las ventajas que de esta disposición resultan, se enumera- 
ron ya al tratar de los alineamientos, cuando se transcribió ín- 
tegro el "Consejo" marcado con el número 4; es, pues inútil 
repetirlas: sólo sí diremos otra vez, que se debe dar una gran- 
dísima importancia á esta recomendación. 

Por lo que se refiere á las pendientes, cuando se construyan 
las atarjeas se deben tener presentes las siguientes observacio- 
nes que se deducen de todo lo que acabamos de decir: 

1? — El fondo de las atarjeas deberá quedar en líneas riguro- 
samente rectas entre cada dos puntos adecuados para la ins- 
pección de los conductos, es decir, entre cada dos pozos de vi- 
sita ó dos pozos para lámparas; se procurará que la pendiente 
sea constante en todos los alineamientos rectos y la misma de 
un extremo á otro de la atarjea. 

2? — En las curvas se dará á la pendiente un pequeño incre- 
mento, procurando, siempre que lo permitan las circunstancias, 
que ese incremento se aproxime al que resulte por medio de 
las fórmulas que antes se anotaron, pero esto se hará sólo cuan- 
do no se reduzca por eso demasiado la pendiente general. 

3? — Capacidad de descarga y dimensiones de la sección 
transversal de las atarjeas. 

Uno de los más complejos problemas que se presentan al es- 
tudiar el saneamiento de una población por el sistema combi- 
nado, es sin duda alguna el de determinar las dimensiones que 
debe tener la sección transversal de las atarjeas. Hay sobre es- 
to gran variedad de opiniones que no han llegado á ponerse de 
acuerdo, por falta de datos prácticos bastante numerosos, que 
permitan hacer intervenir en las fórmulas y con su verdadero 
valor, todos los elementos que se deben tener en cuenta para 



56 

llegar al resultado. Vamos á dar una idea de cuáles son esos 
elementos. 

En primer lugar se debe conocer cuál es la cantidad de agua 
que se precipita en la ciudad en los momentos de los fuertes 
aguaceros, determinando, no la mayor cantidad que se ha pre- 
cipitado en un día, sino en una unidad de tiempo más corta, la 
hora ó el minuto por ejemplo. 

Al estudiar este punto, como en todos los demás, hemos tra- 
tado de inspiramos en las ideas de personas cuya competencia 
en materia de drenaje y saneamiento de ciudades está univer- 
salmente reconocida; pues nosotros no tenemos escuela prác- 
tica donde la observación pudiera habernos dado á conocer los 
resultados prácticos de tal ó cual principio, de tal ó cual idea. 

El Sr. J. W. Bazalgatte, en un informe que rindió al "Metro- 
politan Board of Works" de Londres, dice lo siguiente: "Las 
atarjeas de intercepción no fueron proporcionadas para condu- 
cir toda el agua que cae durante las lluvias extraordinarias, ta- 
les como la que cayó por ejemplo el 10 y 11 del mes de Abril 
de 1878, cuando por observaciones ejecutadas en cuarenta y 
tres estaciones, dentro y al rededor de la Metrópoli, se estimó 
que habían caído 2'64 (dos pulgadas y sesenta y cuatro cente- 
simos de agua) por término medio en un período de diez y 
nueve horas. Para recibir el volumen de agua que resulta de 
esa lluvia, se habrían necesitado atarjeas que tuvieran la capa- 
cidad de ríos, que estarían vacías casi siempre, exceptuando el 
caso en que cayera una lluvia extraordinaria." 

A esto, el Sr. Ingeniero Rodolfo Hering agrega el comenta- 
rio siguiente: 

"Una lluvia de 2'64, según este informe, se considera como 
excesiva en Londres, y sin embargo, se ha llegado á registrar 
allí mismo una lluvia de seis pulgadas que se ha precipitado en 
una hora y media.'''' 

El Sr. Herbert Shedd, en su informe acerca del sistema de 
atarjeas de la ciudad de Providence R. L, dice: 

"Se ha discutido mucho 'hasta quépmito conviene construir 
las atarjeas con las dimensiones que necesitan para contener 



57 

el agua que proviene de las lluvias extraordinarias. El costo de 
construcción de tales atarjeas, así como el costo de su conser- 
vación es tan grande, que una ciudad puede más bien soportar 
el pago de los perjuicios que ocasionan las lluvias de intensi- 
dad poco común, que construirlas. Hasta qué límite se debe 
proveer para el caso de grandes tormentas, es un punto dudo- 
so, y lo que es económico en un lugar no lo es necesariamen- 
en otro. La frecuencia de las grandes tempestades, la cantidad 
de agua que se precipita, y el perjuicio que puede ocasionar, 
depende de la locación y de las circunstancias de cada lugar." 

En un informe del Sr. J. W. Adams, Ingeniero de la ciudad 
de Brooklin, á los comisionados para el saneamiento de esa 
ciudad, aquel ingeniero se expresa en los términos siguientes: 

"Refiriéndonos á la cantidad de lluvias que deben recibir las 
atarjeas, en ninguna ciudad se ha proyectado un sistema para 
recibir el agua de las lluvias extraordinarias en las atarjeas so- 
lamente, tales como las tempestades que descargan dos ó tres 
pulgadas de lluvia por hora. Estas lluvias ocurren á largos 
intervalos, son de corta duración y el perjuicio que ocasionan 
está confinado á áreas muy limitadas, mientras que la construc- 
ción de atarjeas adecuadas para esa contingencia, sólo se po- 
dría ejecutar con gastos enormes para la construcción y con- 
servación, que se extenderían sobre toda el área de la ciudad; 
además, esas atarjeas serían de una eficacia dudosa cuando 
repentinamente tuvieran que recibir una enorme cantidad de 
agua, y serían sumamente malas como conductos para el es- 
currimiento diario de los desechos de las habitaciones." 

A continuación ponemos una tabla en que constan las llu- 
vias que caen en varias ciudades de Europa, y la cantidad para 
la cual están calculadas las atarjeas; esta tabla viene á confir- 
mar lo que el Sr. Adams afirma en el párrafo que acabamos de 
transcribir: 



Desagüe de México.~8 



58 





Máxima altura della> 


Altura de la lluvin en niilínie- 
tros, que puedeu recibir las 


LOCALIDAD. 


via que se ha preci 
pitado ea una hora 




en milímetros. 


atarjeas. 


P ri« 


114 


15 por liorR, 


r V. 


100 


f» OH Vi nrfl Q 


Berlin. 


24 


7 por hora. 


Vjena. 


26 


9 por hora. 


Hamburgo. 


28 


17 en 24 horas. 


Frankfort. 


30 


6 por hora. 


Dantzic. 




6 en 24 horas. 


Brigthon. 


16 


12 por hora. 



En varias de estas ciudades en donde las circunstancias lo- 
cales lo permiten, las atarjeas tienen ramificaciones por donde 
pueden descargar sus aguas cuando se llenan demasiado, (over- 
flows): nosotros no podemos emplear este medio para reducir 
la cantidad de agua que deben coducir las atarjeas, y aquí el 
líquido que éntre en cualquier punto de un conducto de des- 
agüe, tiene que recorrerlo hasta su desembocadura. 

Hubiéramos deseado hacer un estudio detallado de nuestras 
lluvias para fundar más nuestras conclusiones por la relación 
que tienen con las dimensiones convenientes para las atarjeas; 
pero aunque poseemos la importantísima serie de observacio- 
nes del Observatorio Meteorológico Central, esta oficina desgra- 
ciadamente no está provista de pluviómetros registradores que 
indiquen el tiempo durante el cual se verifica la precipitación 
del agua, y este dato, para nuestro objeto, es tan importante 
como el de la cantidad ó altura de la lluvia. Durante un corto 
intervalo de tiempo hay datos acerca de la duración de las llu- 
vias; pero en la mayoría de los casos á que se refieren las ob- 
servaciones, dan sólo la precipitación en veinticuatro horas, y 
de este dato aislado no es posible llegar á una conclusión fun- 
dada, porque las lluvias que pueden ocasionar perjuicios, son 
aquellas que producen una gran cantidad de agua en un corto 
intervalo de tiempo. Vamos, sin embargo, á presentar los da- 
tos que poseemos y qué debemos á la bondad de los Sres. D. 
Miguel Pérez y D. José Zendejas, quienes pusieron á nuestra 



59 

disposición todos los registros del Observatorio para que de 
ellos tomáramos los datos que nos fuesen necesarios, 

A continuación damos una tabla con varios datos relativos á 
las lluvias ocurridas en los últimos catorce años, es decir, des- 
de la fundación del Observatorio Meteorológico Central 



AÑOS. 


Número total 
de días de 
lluvia. 


Lluvias meno- 
res que 10 
milímetros. 


Comprendidas en- 
tre 10 y -¿0 milí- 
metros. 


Corapreodidas en- 
tre 20 y 25 milí- 
metros. 


Lluvias mayo- 
resque25m¡- 
límetros. - 


1877 


102 


87 


12 


2 


1 


1878 


119 


91 


15 


4 


9 ! 


1879 


125 


112 


11 


1 


1 


1880 


122 


106 


11 


2 


3 


1881 


159 


138 


15 


3 


3 


1882 


136 


115 


18 





3 


1888 


167 


151 


11 


2 


3 


1884 


123 


108 


11 


3 


1 


1885 


166 


143 


17 


4 


2 [ 


1886 


112 


97 


9 


6 





1887 


166 


141 


18 


3 


4 


1888 


161 


140 


16 


3 


2 


1889 


142 


129 


11 


2 





1890 


154 


143 


12 


5 


3 




1954 


1692 


187 


40 


35 



La proporción en que están las lluvias según sus intensida- 
des, es la siguiente: 

Lluvias menores que lOmm 0.864 

„ comprendidas entre 10 y 20mm 0.097 

„ 20 y 25mm 0.020 

„ mayores que 25mm 0.019 



Número total de días de lluvia 1.000 

Luego el número de días en que la lluvia es mayor que vein- 
ticinco milímetros, es sólo diez y nueve milésimos del número 
de días que ha llovido. 

Para valorizar mejor el efecto que producirán sobre las atar- 
jeas estas lluvias, es preciso hacerlas comparables, estimando 
la cantidad de agua que en cada una de ellas se ha precipitado 
en la misma unidad de tiempo, el minuto, por ejemplo. Aquí 
es donde encontramos deficientes los datos que poseemos: sin 



60 

embargo, hay algunos que podemos utilizar y los consignamos 
en la tabla que ponemos á continuación: 











Altura absolu- 


Precipitación por minu- 


AÑOS. 






Duración en 


ta en milí- 


to en frucciouea de ml- 


FECHAS. 




minutoft. 


metros. 


Itiuetro. 


1877 




9 


180 


25.0 


0.14 


1878 


t J u 1 i 


9 


540 


26.0 


0.05 


n 




20 


139 


62.9 


0.47 


j ) 




29 


609 


48.8 


0.06 


)) 




15 


900 


30.0 


0.03 


>) 




23 


75 


53 


0.70 


>) 




30 


540 


26.1 


0.05 


)) 


Septiembre ... 


1 


500 


27.0 


0.05 


)i 


23 


140 


39.3 


0.28 


1881 


Octubre 


9 


800 


40.5 


05 


Míivo 


25 


248 


37.0 


0.11 


1882 




5 


45 


27.0 


0.60 


1887 




11 


720 


26.5 


0.04 


)) 




28 


45 


35.8 


0.79 


1889 


Agosto 


21 


335 


52.0 


0.16 


Noviembre .. 


10 


65 


28.9 


0.44 


1890 


Septiembre .. 


12 


450 


25.3 


0.06 



Si se comparan estos resultados con lo que produce una llu- 
via de veinticinco milímetros en una hora, durante la cual se 
precipitan cuarenta y un centésimos de milímetro por minuto, 
se encuentra que sólo en tres casos hay una diferencia notable 
respecto de esta cantidad, que corresponden á las lluvias del 
23 de Agosto de 1878, del 5 de Marzo de 1882 y del 28 de Ju- 
lio de 1887, y como se conoce la duración de la mitad de las 
lluvias que exceden de veinticinco milímetros en una hora, se 
puede inferir con alguna probabilidad de que resulte un dato 
aproximado, que entre las lluvias cuya duración no se conoce 
y que se separen notablemente de una lluvia de veinticinco 
milímetros por hora, habrá otras tres en el período de tiempo 
á que se refiere el estudio que hemos hecho, y si esto es cier- 
to, esas lluvias se verificarán por término medio cada dos años 
próximamente. Nuestros datos se refieren á un período de 
tiempo que es demasiado corto para que nos sea permitido es- 
tablecer por ellos una ley; así es, que la conclusión á que aca- 
bamos de llegar, la presentamos con toda la reserva que tal 
circunstancia requiere; lo único que hemos pretendido, es sacar 



61 

las mayores ventajas posibles de los escasos datos que poseía- 
mos. 

Además de las razones que hemos expuesto, transcribiendo 
las opiniones de personas prácticas y competentes, hay ciertas 
circunstancias locales que no debemos dejar que pasen desa- 
percibidas, porque sirven también de fundamento á la conclu- 
sión á que tenemos c{ue llegar. 

Las lluvias que producen una fuerte precipitación en un cor- 
to período de tiempo, vemos que una duró 75 minutos y las 
otras dos 45; éstas rara vez se extienden á toda el área de la 
Ciudad; y por otra parte, el relieve del terreno, del que dan 
una idea exacta las curvas del nivel trazadas á una muy pe- 
cfueña equidistancia, veinte centímetros solamente, indica des- 
de luego que por la superficie no se puede precipitar el agua de 
ciertos lugares para acumularse en otros, como forzosamente 
tiene que suceder en aquellas ciudades donde las pendientes 
naturales del terreno son muy pronunciadas, y por lo tanto, el 
agua que momentáneamente no encontrara espacio en las atar- 
jeas, se extendería sobre una área muy extensa y en ninguna 
parte podría subir á una considerable altura; este hecho hace 
que para nosotros sea menos temible la falta de capacidad mo- 
mentánea de esos conductos en caso de que se presentara una 
lluvia excepcional, y que estuviera menos justificado el que se 
proveyera para ella, aceptando atarjeas de dimensiones exage- 
radas con todos sus inconvenientes de costo y con los que pre- 
sentan bajo el punto de vista sanitario, que son los más graves. 

Se debe también tener en cuenta, que todas nuestras atar- 
jeas deben descargar su contenido al Gran Canal, que es el 
origen de las Obras del Desagüe del Valle; este Canal está cal- 
culado para una descarga de cinco metros cúbicos por segundo, 
y el producto de las atarjeas en los momentos de los fuertes 
aguaceros será tres ó cuatro veces esa misma cantidad, y la 
diferencia entre ambas será tanto mayor, en caso de un agua- 
cero excepcional, cuanto mayor sea la capacidad de descarga 
de las atarjeas. 

Oportunamente nos hemos de ocupar del medio que propon- 



62 

dremos para subsanar este inconveniente; aquí sólo haremos 
notar que las dificultades para conseguirlo aumentarán consi- 
derablemente, así como el costo, si se proporcionaran las di- 
mensiones de las obras á las necesidades de una contingencia 
poco común. 

Por último, nosotros no contamos sino con una pequeña di- 
ferencia de nivel, que vamos á obtener á costa de grandes gas- 
tos, por medio de las Obras del Desagüe General del Valle; la 
inclinación del fondo de las atarjeas está perfectamente defini- 
da por la máxima altura que ese fondo puede tener en el ori- 
gen y por la máxima profundidad que le puede dar en la des- 
embocadura; todo incremento en las dimensiones de la atarjea 
tiene que darse de esa línea que determina el fondo para arri- 
ba, y á medida que el diámetro sea mayor, el agua subirá más 
en la desembocadura, disminuirá por esto la inclinación de la 
superficie, es decir, la pendiente hidráuliea que determina la ve- 
locidad, y resultará la consiguiente diminución de ésta y con 
ella la capacidad de descarga que se calculara con la inclina- 
ción del fondo. Esta circunstancia viene á confirmar la opinión 
del Sr, Adams, que copiamos antes y que, refiriéndose á las 
atarjeas de dimensiones adecuadas para recibir las lluvias ex- 
cepcionales, dice: "además, esas atarjeas serían de una eficacia 
dudosa, cuando repentinamente tuvieran que recibir una enor- 
me cantidad de agua y serían sumamente malas como conduc- 
tos para el escurrimiento diario de las atarjeas." Pudiera creer- 
se que el inconveniente á que nos venimos refiriendo se sub- 
sanaría, en parte por lo menos, haciendo crecer el diámetro 
horizontal de las atarjeas, más que el vertical; pero entonces 
el conducto sería mucho más defectuoso para recibir los dese- 
chos de las habitaciones, y aumentarían considerablemente los 
inconvenientes para la higiene de la Ciudad, lo cual sería muy 
grave. 

Fundándonos en todas las consideraciones que hemos asen- 
tado, unas nuestras y otras de personas que son muy peritas 
en la materia, y en que es imposible proporcionar las dimen- 
siones de las obras para contingencias extraordinarias, creemos 



63 

que las atarjeas de la Ciudad de México, no deben tener sino 
la capacidad suficiente para recibir una lluvia de veinticinco mi- 
límetros en una hora. 

Este límite de capacidad lo consideramos suficientemente 
amplio, y estamos seguros de que si se construyen las atarjeas 
con secciones adecuadas para recibir esa cantidad de agua, se- 
ríg. preciso que cayera una lluvia fenomenal, mayor que cual- 
quiera de las que se han registrado hasta hoy, para que hubie- 
ra una inundación que ocasionara, algún perjuicio. 

Después de que sobre este particular se han fijado las ideas, 
hay que estudiar otro punto muy importante, acerca del cual 
la opinión es menos uniforme, y este punto es: la determinación 
(le la cantidad de agua que llega á la atarjea en la unidad de 
tiempo, pues se comprende que no toda la que cae pasa por 
los conductos de desagüe, y que la fracción del volumen total 
que entra á éstos en la unidad de tiempo, dependerá, tanto de 
las propiedades físicas de la superficie por donde se desliza el 
líquido, como de las condiciones topográficas y de la figura que 
afecta el terreno donde la Huvia se precipita. Así, pues, para 
modificar la cantidad de agua á que hay que dar paso por los 
colectores, interviene: 1? la naturaleza más ó menos porosa del 
terreno y el estado de humedad en que se encuentra, porque 
cualquiera dé estas dos condiciones hace que se pierda mayor 
ó menor cantidad de agua por filtración; 2?, la evaparación, y 
ésta varía con la extensión de la superficie, con la temperatura 
del terreno y la del aire, y con la duración de la tempestad; 
3?, el carácter de la superficie, pues también influye que esta 
superficie sea lisa como la de los techos y pavimentos, ó rugo- 
sa como la de los^ jardines, praderas, terrenos de labor, parques 
ó terreno boscoso en general; 4?, la pendiente general del te- 
rreno que hace que el agua se acumule más ó menos rápida- 
mente en las partes bajas de él; 5?, la extensión total y la figu- 
ra que en- el plano afecta el terreno, cuyas aguas tienen que 
eoncurrir á un punto dado, pues se comprende que á medida 
que la superficie sea más extensa y que la figura sea más alar- 
gada, tardará más tiempo en llegar al punto de desemboque 
el agua que provenga de las partes lej.anas de éste. 



64 

La modificación de cualquiera de los elementos que acaba- 
mos de enumerar, ejerce una gran influencia sobre el resultado 
final, es decir, sobre el volumen de agua á que hay que dar 
paso por las atarjeas; y dependiendo ese resultado de elemen- 
tos tales como la porosidad del terreno que no se puede me- 
dir, sino sólo estimar por la experimentación directa en cada 
caso particular, y otros que son variables como el grado de hu- 
medad del terreno en el momento en que se verifica la preci- 
pitación de la lluvia, se deducen dos cosas: la primera es que 
sólo por la observación directa en cada ciudad, se pueden te- 
ner datos aproximados acerca de la cantidad de agua que llega 
á las atarjeas; y la segunda, que aun así, la solución á que se 
llegara, no se podía considerar como absoluta, puesto que los 
elementos variables del problema pueden hacer variar los re- 
sultados que de un día á otro se obtuvieran. 

Estas circunstancias bastan para que se les puedan tomar 
€omo la razón de por qué se han hecho consideraciones muy 
diversas, generalmente empíricas y en ciertos casos aun sin 
fundamento sólido, para proyectar una gran parte de las redes 
de atarjeas existentes en el mundo. 

Vamos á ver, sin embargo, de qué manera podremos aproxi- 
marnos á obtener la solución conveniente para el caso de la 
Ciudad de México. 

Al estudiar una red de atarjeas por el sistema combinado, 
se presentan dos casos distintos: uno cuando los líquidos que 
han de conducir las atarjeas están constituidos esencialmente 
por los desechos de las habitaciones, á los que se mezcla sólo 
una pequeña cantidad de agua pluvial, y el otro caso es, cuan- 
do ésta se ha de admitir en gran cantidad. 

En el primer caso hay que hacer una estimación del volu- 
men de los desechos, y esto se hace de dos maneras distintas: 
unas veces se estima la cantidad de agua que sale de las habi- 
taciones, como igual á la que surte á la población, establecien- 
do que la mitad del gasto se verifica en un período de tiempo 
que varía entre 6 y 9 horas, de acuerdo con las costumbres de 
los habitantes del lugar. 



65 

En otros casos, como se hizo en Boston por ejemplo, se hace 
un cómputo de la densidad de la población, es decir del núme- 
ro de habitantes que hay por acre ó por hectárea; se admite 
que cada habitante debe gastar 100, 200 ó 300 litros de agua 
en veinticuatro horas (la última cifra fué la que se admitió en 
Boston), y que el gasto máximo es igual á una vez y media el 
gasto medio. 

• Este segundo método es el que nos parece mejor, porque 
permite prever con más amplitud á las necesidades del por- 
venir, si se toma como base para los cálculos la futura proba- 
ble densidad, que en un tiempo dado llegará á adquirir la po- 
blación. 

Una vez que por cualquiera de los dos sistemas que antece- 
den, se ha llegado á conocer cuál es el volumen de los líquidos 
que las casas deben expulsar, se le agrega cierta cantidad para 
tener en cuenta el agua que provenga de la lluvia, y para de- 
terminar esa cantidad, se han hecho consideraciones muy di- 
versas de un lugar á otro, y cuando se ha obtenido el volumen 
total, se calculará la velocidad que el agua adquirirá en las atar- 
jeas, por cualquiera de las fórmulas de Eytelwein, Prony, Darcy 
y Bazin, Lindley ó Kutter, pues todas ellas dan buen resultado 
práctico, porque sus diferencias consisten sólo en el valor de 
los coeficientes, y las diferencias que éstos á su vez produzcan 
en los resultados finales, son mucho menores que las que pro- 
vienen del modo de hacer la estimación de la cantidad de lí- 
quidos que han de pasar por la atarjea, y de la amplitud con 
que se tienen que fijar las dimensiones de ésta, para prever 
ciertos casos excepcionales de descarga. La práctica que se ha 
seguido para calcular las dimensiones de las atarjeas en Euro- 
pa y los Estados Unidos, se diferencia, pues, de una ciudad á 
otra, en el empleo de la fórmula que han elegido para determi- 
nar la velocidad que el agua adquirirá en los conductos de des- 
agüe, además de las que antes señalamos acerca de la manera 
de computar el volumen de los líquidos. 

En Boston, sin embargo, la "Comisión del Drenaje de Mas- 
sachusetts" estableció un hecho importantísimo, y es que los 

Desagüe de México.— 9 



66 

coeficientes prácticos que contienen las fórmulas para calcular 
la velocidad que el agua adquirirá en los conductos en virtud 
de la pendiente no son aplicables cuando con las mismas for- 
mulas se trata de calcular la velocidad que adquirirá el agua de 
de las atarjeas, y la misma "Comisión" por experiencias direc- 
tas dedujo que para este segundo caso los coeficientes que se 
deben tomar son un noveno más pequeños que los que se de- 
ben usar para el primero, quedando las mismas todas las demás 
circunstancias que producen el escurrimiento. 

Nosotros poseemos unas tablas que calculó la "Comisión" 
que antes citamos, en las que se han aplicado los nuevos coe- 
ficientes por ella determinados, y cuya posesión debemos á la 
bondad del Sr. Elliot C. Clarke, ingeniero distinguido y miembro 
prominente de esa Comisión, que nos hizo con dichas tablas 
un valiosísimo obsequio; en ellas consta el valor del coeficien- 
te, que se toma empleando como argumento la raíz cuadrada 
del radio medio^ usando el pie inglés como unidad de medida, 
y en la que en esta memoria incluimos marcándola con el nú- 
mero 1, están consignados los valores del mismo coeficiente 
pero apropiados al uso del Sistema Métrico. 

En el segundo caso, de los dos á que antes aludimos, es de- 
cir, cuando en las atarjeas se ha de admitir una gran cantidad 
de agua pluvial, son mucho mayores las divergencias que se 
notan en las consideraciones que han servido de base para de- 
terminar las dimensiones de esos conductos de desagüe. En 
París se admitió que se debía calcular las secciones de las atar- 
jeas en el supuesto de que cayera un aguacero de cuarenta y 
cinco milímetros en una hora, y que tardaría en salir tres ve- 
ces el tiempo que tarda en caer. En Berlín se tomó como base 
el supuesto de que podía caer una lluvia de veintidós milíme- 
tros en una hora, de esta cantidad una tercera parte se evapo- 
raría, otra tercera la absorbería el terreno y la tercera restante 
sería la que llegara á las atarjeas, es decir, siete milímetros so- 
lamente. En Viena se hicieron los cálculos de las dimensiones 
de las atarjeas en el supuesto de que podía caer una lluvia de 
veinticinco milímetros en una hora, de los que sólo nueve mi- 



67 

límetros llegarían á las atarjeas, llenándolas hasta los arran- 
ques de los arcos que forman las bóvedas. En Hamburgo se 
admitió la posibilidad de que cayera una lluvia de veinticinco 
milímetros en veinticuatro horas, y de ésta las dos terceras par- 
tes pasarían por las atarjeas. En Dantzic sólo se proveyó para 
una lluvia de seis milímetros en veinticuatro horas, y las atar- 
jeas tienen numerosos ramales por donde pueden descargar á 
los canales que cruzan á la ciudad, en caso de que aquellas es- 
tuvieran muy cargadas. En Brigthon las atarjeas pueden reci- 
bir doce milímetros de lluvia por hora. En varias ciudades de 
los Estados Unidos se determinan las dimensiones de las atar- 
jeas que han de desaguar superficies extensas, en razón directa 
de la extensión de estas superficies. 

Todas estas apreciaciones están basadas en observaciones in- 
completas y estamos seguros de que las ciudades que acabamos 
de citar, las modificarán con el tiempo, haciendo intervenir en 
cada caso todos los elementos que entran en el problema y que 
antes enumeramos, y esa modificación se hará cuando por la 
observación de los resultados de los trabajos existentes en ellas, 
tengan ya bastantes datos locales con que poder determinar 
con más seguridad la relación que hay entre la cantidad de agua 
que se precipita en la ciudad y la que llega á las atarjeas, ó 
cuando las observaciones de muchos puntos reunidos puedan 
servir para establecer una fórmula general aplicable á condi- 
ciones variadas. 

Londres dio ya el ejemplo en este sentido y los eminentes 
ingenieros Sres. Bidder, Hawksley y Bazalgatte, al rendir su in- 
forme sobre el drenaje de aquella metrópoli, fundaron sus con- 
clusiones en observaciones directas practicadas en varias atar- 
jeas de dicha ciudad, que sirvieron al Sr. Hawksley, Presidente 
de la Asociación de Ingenieros Civiles de Inglaterra, para esta- 
blecer la fómulta siguiente: 



en la que A es el área que se debe desaguar expresada en acres; 



68 

A' la longitud en que la atarjea desciende la unidad; 
D el diámetro de la atarjea en pulgadas. 

Posteriormente el Sr. Burkli-Ziegler, ingeniero suizo, reunió 
las experiencias hechas en Londres, Paris y en varias partes 
de Alemania y Suiza, y discutiéndolas dedujo la siguiente ex- 
presión: 

A 

en la que Q representa la cantidad de agua que llega á las atar- 
jeas en litros por hectárea y por segundo; c un coeficiente que 
depende de la naturaleza de la superficie y que varía entre 0.25 
y 0.60, siendo el más alto para los techos y las calles con bue- 
nos pavimentos, y el más bajo para los suburbios y partes ru- 
rales de la población, generalmente se toma 0.5 como valor 
medio; r intensidad de la lluvia en litros por hectárea y por se- 
gundo; 6 pendiente general del terreno por mil; A área que 
deben desaguar las atarjeas en hectáreas. 

En esta fórmula se ve que la cantidad que llega á las atar- 
jeas aumenta á medida que la lluvia es más abundante, que 
crece la pendiente del terreno, y que la superficie es menos pe- 
netrable por el agua, y disminuye cuando el área crece. 

El Sr. Hering, refiriéndose á ella en una de sus Memorias, 
dice: 

"Para demostrar el efecto de esta fórmula, la aplicaré á nues- 
tra atarjea de Mili Creek (en Filadelfia) en la parte más baja 
de la área c[ue desagua, la cual tiene en números redondos 
3,100 acres con una pendiente media de 5 por mil. Supongo 
una lluvia de tres pulgadas por hora, que es lo más que puede 
permitirse por razón de economía, y admitiremos que el coefi- 
ciente que depende de la naturaleza del terreno sea de 0.5 que 
ampliamente representa los caracteres de los distritos sub-ur- 
banos." 

"Con estos datos obtenemos la cantidad de agua que llega á 
la parte baja de la área. 

^ = 0.3 



69 

que corresponde próximamente á un tercio de pulgada por ho- 
ra, lo que significa que se necesita un diámetro de doce pies 
en vez de veinte. Las observaciones que yo he hecho de las 
lluvias durante la construcción de varias partes de esta atarjea, 
confirman ese resultado,'" 

Respecto de la fórmula del Sr. Hawksley, encontramos en 
la obra de J. W. Adams, titulada "Sewers and drains of popo- 
lous Districts" el hecho práctico que indicamos á continuación: 

"Una atarjea que desagüe á una superficie de 869 acres, de 
los cuales 122 no tienen construcciones; en todo el resto hay 
construcciones, y en varias partes está muy densamente pobla- 
do. Todo, con excepción de unos 20 ó 30 está terraplenado y 
pavimentado, la pendiente del colector en la desembocadura, 
y por una milla próximamente, es á razón de 1 en 1135. Con 
una lluvia de una pulgada por hora, según la fórmula de Hawks- 
ley, las dimensiones de este colector deben ser iguales á las de 
un circulo de seis pies de diámetro, y está construido así. Ha 
estado lleno varias veces, y debido á los defectos de su alinea- 
miento á una milla y media de la desembocadura se ha llegado 
á derramar. Las atarjeas secundarias que descargan en este 
colector se extienden hasta la desembocadura que está muy 
densamente poblada. Si se calculara una lluvia de una pulga- 
da en una hora sobre la superficie total y de tal manera que por 
la atarjea debiera pasar en dos horas, produciría 457 pies cú- 
bicos por segundo. Esto dividido por el área de la atarjea, 28.27 
pies cuadrados, daría una velocidad de 15.38 pies lineales por 
segundo." 

Aquí el Sr. Adams dice que no hay indicación ninguna de 
que tal velocidad exista; no puede existir porque las condicio- 
nes hidráulicas de la atarjea no lo permiten. 

El Sr. Adams continúa: 

"Por consiguiente una ó dos cosas deben suceder: ó las atar- 
jeas no están destinadas á descargar tanta agua como se ha 
supuesto por lo general,' ó la descarga de los ramales bajos se 

1 Aquí se refiere esencialmente á la costumbre que se ha seguido en muchas 
partes, de calcular las atarjeas suponiendo que todo el producto de una lluvia 
debe pasar por los conductos en un tiempo doble del que tarda en caer. 



70 

adelanta mucho á la de los más altos; nosotros creemos que 
los dos hechos se verifican á la vez. Por esto es que para cal- 
cular las dimensiones de las atarjeas, no podemos suponer a 
priori que hay una velocidad media uniforme en toda la longi- 
tud de la atarjea, determinada por las condiciones de sección 
y pendiente, ni tampoco fijarnos sólo en las observaciones he- 
chas en la desembocadura. La cantidad de agua que entra a 
los diferentes ramales es tan variable en cantidad y velocidad, 
por los diversos caracteres físicos y topográficos de la superfi- 
cie que desaguan, que pretender expresar esa cantidad y esa 
velocidad ó sus relaciones por una fórmula, para una superficie 
extensa sería opuesto al principio de sencillez que todos desea- 
mos, y sería demasiado comphcada para un objeto práctico. 
Las anteriores consideraciones no eximen, pues, de intentar el 
cómputo de las dimensiones de las atarjeas que han de servir 
para desaguar áreas extensas, determinando una velocidad uni- 
forme de descarga; y buscando urí medio para resolver esta 
cuestión de un modo conveniente, somos conducidos á adop- 
tar una fórmula extremadamente sencilla que ha sido usada 
con buenos resultados." 

El Sr. Adams aquí hace alusión á la fórmula de Hawksley, 
y por varias consideraciones que hace antes y después de los 
párrafos que acabamos de copiar, deduce la fórmula siguiente: 

j_ 2?og.^ + Zo^.iV^4-3.79 

en la que los signos algebraicos tienen la misma significación 
que en la fórmula de Hawksley; pero D el diámetro resulta ex- 
presado en pies. 

La fórmula cpe acabamos de insertar es enteramente empí- 
rica, y á nuestro juicio, tiene el inconveniente de que no ha si- 
do deducida por la discusión razonada de hechos prácticos que 
pudieran servirle de fundamento. Su autor llega á ella por con- 
sideraciones bastante extensas sobre el movimiento del agua 
en los tubos; pero así deduce una fórmula que en su segundo 
término tiene un exponente fraccionario de i que arbitraria- 



71 

mente cambia en ^, sin dar para ello la razón, y el único ar- 
gumento que aduce en favor de esta fórmula, es que en las 
grandes áreas produce resultados mayores, es decir, se obtie- 
nen con ella mayores diámetros que con la fórmula de Hawks- 
ley, "lo cual, dice el Sr. Adams, la experiencia ha indicado que 
es conveniente en esta localidad." (Suponemos que se refiere á 
Brooklin.) 

Esta conveniencia puede muy bien no ser aplicable de un 
modo general, pues tanto la fórmula de Hawksley como la de 
Adams no tienen en cuenta un elemento tan variable y tan in- 
fluyente como es la pendiente del terreno, y basta que ésta sea 
diferente á la de las localidades para donde dichas fórmulas 
fueron deducidas, para que sus resultados no sean comparables 
ni aplicables á otro lugar; creemos que esta puede ser entre 
otras, una de las causas por las cuales el Sr. Adams encuentra 
los resultados de su fórmula más aplicables á la localidad á que 
él se refiere, y el hecho de que la fórmula de Burkli-Ziegler 
haya sido deducida teniendo á la vista los resultados de expe- 
riencias practicadas en Inglaterra, Francia, Alemania y Suiza, 
nos induce á dar más valor á los resultados que por ella se 
obtengan y generalizar su aplicación con más seguridad. Nin- 
guna de estas fórmulas es de una exactitud matemática, pero 
el Sr. Hering les ha dado su verdadero valor en las siguientes 
frases: 

"Si las atarjeas son proporcionadas en sus dimensiones por 
medio de esta fórmula ^ ó alguna otra deducida de experien- 
cias prácticas y variadas en vez de proporcionarlas por una sim- 
ple regla de tres, * método que no ha sido confirmado práctica- 
mente sino para muy pequeñas áreas, resultarán dimensiones 
más racionales que las que ahora se calculan, y, se obtendrá 
con esto una grande economía." 

1 Se refiere á la fórmula de Burkli-Ziegler. 

2 Hace alusión á la práctica viciosa de calcular las dimensiones de las atar- 
jeas proporcionalmente al área que tienen de desaguar, prescindiendo de todos 
los demás elementos que intervienen en la cuestión y que modifican el resul- 
tado en la práctica. 



/ 



72 

Es, pues, más racional servirse de estas fórmulas para tener 
una idea aproximada de los efectos de las Iknias sobre las atar- 
jeas, y prever con más aproximación la cantidad de agua que 
pasará por ellas en los momentos de los fuertes aguaceros. 

Nosotros expresamos ya nuestra opinión acerca de que la 
fórmula de Burkli-Ziegler es la que nos merece más confianza, 
y dimos las razones que nos sirven de fundamento; pero qui- 
simos conocer los resultados que darian las otras y por esto 
hemos calculado con ellas las dimensiones de una atarjea em- 
pleando los mismos datos para todas, datos que se aproximan 
á los de la zona central de nuestro sistema de desagüe. 

Como unas fórmulas están establecidas según el sistema mé- 
trico y otras según las medidas inglesas, vamos á asentar los 
datos en los dos sistemas de una vez, advirtiendo que las fór- 
mulas de Hawksley y Adams tienen los coeficientes adecuados 
al caso de una lluvia de 0™025 en una hora. 

Suponemos que el área que se tiene que desaguar mide una 
extensión superficial de 391 hectáreas (967 acres); una lluvia 
de 0'"025 descarga 250,000 litros por hectárea (3,376 pies cú- 
bicos por acre); la pendiente general del terreno es de uno en 
mil, y la pendiente de la atarjea será de uno en mil doscientos 
cincuenta ó bien 0,0008 (cuatro pies veintidós centésimos por 
milla). 

Aplicarémos desde luego la fórmula de Burkli-Ziegler y se 
obtendrá sucesivamente: 

Q = c. r. ;/-^, Q ^ 0.6 X 69.5 v^;^ 

A. 

log. 0.6 = 9.7781 log. ^ = — 2.5926 4 

log. 69.5 = 1.8420 " _ 0.6481 = log. v'iST" 



.1.6201 

— 0.6481 

lit. 

0.9720= log. q. Q^9.37 

luego en la parte más baja de la atarjea pasarán 9.37 litros por 
hectárea y por segundo. Al hacer esta aplicación hemos toma- 
do el valor máximo del coeficiente G para tener en cuenta el 



73 

hecho de que pasando el tiempo, toda el área estará habitada 
y también porque los resultados obtenidos con las fórmulas que 
vamos á comparar no se modifican por las variaciones que pue- 
da haber en la naturaleza de la superficie, y es de suponerse 
que sus autores admitieron que toda ella tenia los caracteres que 
distinguen á la superficie del piso en las ciudades. 

Una vez conocida la cantidad de agua que pasa por la atar- 
jea, para determinar la capacidad de ésta, emplearemos la fór- 
mula que usó la " Comisión del drenaje de Massachusetts," de- 
rivada de la de Kutter, y tomaremos el valor de los coeficientes 
que nos dan las tablas calculadas por esa misma Comisión. 

Los nueve litros treinta y siete centesimos por hectárea y 
por segundo que acabamos de calcular, equivalen á mil tres- 
cientos treinta y cuatro diez milésimos de pie cúbico por acre 
y por segundo : luego la cantidad de agua que ha de pasar por 
la atarjea será 0.967X0.1334 ó bien 129 pies cúbicos por se- 
gundo en números redondos. 

Para dar paso á esta cantidad de agua en una atarjea con 
0,0008 de pendiente, según un cálculo aproximativo hecho 
con ayuda de las tablas á que antes nos referimos, se necesita 
que dicha atarjea tenga seis pies y medio de diámetro próxima- 
mente. 

La fórmula tal como la presenta la "Comisión," es: 

en la que v es la velocidad del agua en pies ; 

c coeficiente práctico variable con el radio medio ; 
r radio medio ; 

s pendiente expresada en fracción decimal ó diferen- 
cia de nivel por unidad de longitud. 

En nuestro caso tendremos : 

r-^^=. — = \.&2, T/'7=1.27, c= 119.6, i/7= 0.0283 

Desagüe de México.— 10 



/ 



74 



V = 119.6 X l-í^7 X 0.0283 = 4i>. 3 l^.Sl 

-^=-30p'"2 = 7r— , Z) = 6p. 18 = l-^.S? 
4.3 4 

el diámetro de la atarjea deberá ser, pues, de l^S?. 

Debemos á la bondad del Sr. Hering un ingeniosísimo dia- 
grama preparado por él, para determinar por la fórmula de 
Kutter las dimensiones de las atarjeas. Esta fórmula reducida 
á su más simple expresión, es : 

v — c \/r s 

pero en ésta el coeficiente c varía con la naturaleza del fondo 
del canal, con la pendiente y con el valor del radio medio, pues 
tiene la siguiente forma general : 



, 1.8113 , 0.002807 
41.66 -| -| 



1 + ,«.66 + ^^4 



n es un coeficiente que depende de la naturaleza del material 
de que está construido el canal, s la pendiente y r el radio me- 
dio. Si tomamos por n el valor de 0.013 que corresponde á un 
canal construido con manipostería de ladrillo, y que es el mis- 
mo que aceptó la "Comisión del Drenaje de Massachusetts ; " 
tomamos ?■, radio medio igual á 1.62 y la pendiente igual á 
0.0008 ; por medio del diagrama se deduce muy fácilmente que 
c = 126 y -y = 4". 55 = l^.SQ, por consiguiente : 

7rX)2 129 P2 

= = 28-25, Z> = 6í01 = 1.83 

4 4.55 

por cuyo resultado se ve que los dos sistemas concuerdan per- 
fectamente. 

Aplicando ahora la fórmula de Haw^ksley que antes transcri- 
bimos, se encontrará : 



75 



3. log. A-^loc/. N+6.S log. A =2.9859 

loff. D = 

10 3 



968 8.9577 
log. iV^ 3.0969 

iV=1250 

12.0546 

18.854 6.8000 



= 1.8854 = %. 76/^8 Z> = 76."8 = 1>"95 

10 18.8546 

Con la fórmula de Adams se encontraría : 

2 log. A + log. N—Z.79 



log. D : 



5.2785 

■ = 0.8797 

%. ^ = 2.9858 6 



2 



5.9716 
log. N. = 3.0969 



0.8797 = %. D = log. 7.58 
7!'58 = 2"3 



5.2785 



Por los resultados á que acabamos de llegar se deduce que 
para el caso en que se encuentra la capital, la fórmula de Hawks- 
ley produce diámetros sensiblemente iguales ó que se aproxi- 
man mucho á los que se obtienen por la aplicación sucesiva de 
la fórmula de Burkli-Ziegler y de la de la " Comisión del Dre- 
naje de Massachusetts," ó el diagrama de Mr. Hering, mientras 
que la fórmula de Adams produce resultados notablemente ma- 
yores que los de las otras. 

Si se tiene en cuenta que el terreno de Londres es más acci- 
dentado que el de México, siendo la pendiente general del te- 
rreno mayor que la de 0.001 que aquí admitimos para nuestros 
cálculos, se puede creer que hasta cierto punto esa ha de ser 
la razón de por qué la fórmula de Hawksley produce resulta- 
dos un poco mayores que las otras á que primero nos referi- 
mos, y que por esto consideramos esos resultados como per- 
fectamente concordantes. 



76 

Antes de emitir una opinión definitiva acerca del método que 
á nuestro juicio se debe seguir para determinar las proporcio- 
nes de las atarjeas de México, creemos necesario hacer una ob- 
servación que servirá para fundarla más. Es ésta, que en todas 
las ciudades de Europa donde se han hecho observaciones pa- 
ra determinar la cantidad de agua que llega á las atarjeas en la 
unidad de tiempo, los techos de las casas son bastante inclina- 
dos por lo general, mientras que en México son casi horizon- 
tales, pues tienen muy ligera inclinación, y esta es una causa 
que ha de retardar bastante la llegada del agua á las atarjeas 
y al mismo tiempo ha de aumentar las pérdidas por evapora- 
ción y filtración. Además, la evaporación es aquí muy rápida 
á causa de la grande altura á que estamos sobre el nivel del 
mar y la sequedad de nuestra atmósfera. 

Estas razones abogan en pro de la idea de que aun siguien- 
do el método que produce los menores resultados, las dimen- 
siones que se obtengan para las atarjeas, serán suficientemente 
amplias, atendiendo á las circunstancias locales de la ciudad de 
México. 

Esta ciudad está en el caso de aquellas que deben admitir 
una gran masa de agua pluvial en sus conductos subterráneos ; 
el volumen de los desechos de las habitaciones, hemos tenido 
oportunidad de apreciarlo en las bombas de San Lázaro, y ape- 
nas llega á medio metro cúbico por segundo, mientras que el 
de las aguas de lluvia puede llegar á quince ó veinte metros 
cúbicos en la misma unidad de tiempo ; así es que los desechos 
representan sólo una pequeña fracción del volumen de agua 
que se debe desalojar en los momentos de un fuerte aguacero, 
y no hay que preocuparse por ellos,' el procedimiento que se 
deberá seguir para calcular las atarjeas, será pues : 

Calcular la cantidad de agua que llega á las atarjeas por la fór- 
mula de BurUi-Ziegler, y determinar las dimensiones de la sección 
transversal de esos conductos de desagüe, por la fórmula que la " Co- 
misión del Drenaje de Massachusetts'' derivó de la de Kutter. 

\ Imitamos en esto á todas las ciudades que están en un caso análogo, por- 
que en ello es uniforme la opinión. 



77 

Al fijar las dimensiones de una atarjea, además de todas las 
consideraciones relativas á la cantidad de agua que debe pasar 
por ellas, se debe también tener presente la necesidad que hay 
de que la corriente líquida adquiera una velocidad de sesenta cen- 
tímetros por segundo cuando menos, en los momentos en que está 
llena á la mitad. 

Por la forma de la expresión que sirve para calcular este ele- 
mento, 

t, = c \/ r s , 

se ve que si la velocidad v se hace constante, é igual á una can- 
tidad determinada, el radio medio r y la pendiente s debe va- 
riar en razón inversa. 

El valor de r se calcula dividiendo el área A por el períme- 
tro mojado P, así es que 




los valores de A varían como el cuadrado de las líneas en fun- 
ción de las cuales se calcula el área, mientras que P sólo es 
proporcional á los valores de esas mismas líneas ; de aquí re- 
sulta que r aumenta considerablemente con el área de la sec- 
ción transversal de la atarjea, y á medida que ésta crece, la 
pendiente s debe ser menor para satisfacer á la condición es- 
tablecida de que 

V = 0.6 

Esa velocidad de O^'GO por segundo, es la menor que se pue- 
de admitir para que la corriente desaloje los depósitos de ma- 
terias sólidas que tienden á formarse en la atarjea, y si aten- 
diendo sólo á la extensión del área que uno de estos conductos 
debe desaguar, se encuentra que es un tubo que colocado en 
la pendiente disponible en aquel lugar, no se permite al agua 
adquirir la velocidad de sesenta centímetros por segundo, se 
debe siempre sustituir por otro que colocado en esa pendiente satis- 
faga á la imprescindible condición de que el agua pase por él, cuan- 
do menos con una velocidad de sesenta ceíitímetros por segundo, 
aun cuando las dimensiones de éste sean demasiado grandes 



78 



para los otros servicios que tiene que prestar, pues la disposi- 
ción que tendrá nuestro sistema de atarjeas permitirá en todos 
casos introducir en cualquiera de ellas un volumen de agua que 
las llene hasta la mitad cuando menos, y con esto dejarlas lim- 
pias y expeditas. 

Esta última circunstancia impone otra condición, cual es : la 
de que todas las atarjeas laterales deben tener en su origen^ esto 
es, al partir de la de distribución, una sección bastante amplia pa- 
ra que por ella pase agua en suficiente cantidad para lavar á la 
lateral en, los puntos donde tenga mayor amplitud. 

Son muchas las condiciones que hay que tener presentes pa- 
ra determinar la sección de una atarjea, y como son tantas las 
atarjeas de la ciudad y tan variadas las condiciones en que se 
encuentran, por lo que se refiere á su pendiente y al área que 
tienen que desaguar, la aplicación directa del cálculo, siguiendo 
el procedimiento que antes indicamos, seria laboriosísima y los 
resultados que se obtuvieran no merecerían absoluta confianza, 
porque no se podía establecer un método de comprobación di- 
recto y fácil. 

Preocupados por esto y por el tiempo que tales operaciones 
absorberían, nos propusimos simplificarlas, valiéndonos de pro- 
cedimientos gráficos de la manera que vamos á indicar. 

Calculamos primero por medio de la fórmula de Burkli— Zie- 
gler la tabla núm. 2, en la que tomando como argumento el 
número de hectáreas de una superficie comprendida entre cier- 
tos límites, se encuentra inmediatamente al lado el número de 
litros por segundo que han de pasar por el punto más bajo de la 
atarjea, que ha de recibir el producto de una lluvia de 0.02o 
por hora que se precipite en dicha superficie. 

En seguida, con los coeficientes de la tabla núm. ], y por la 
fórmula 

se determinaron las velocidades que con distintas pendientes 
podía adquirir el agua en atarjeas cuyas secciones fueran de 
los tipos que nos propusimos admitir, y con esas velocidades 



79 

y el área de las secciones, fué ya posible detenxtinar la canti- 
dad de agua que cada atarjea podía descargar en variadas condi- 
ciones de pendiente. Los resultados de esos cálculos constan 
en las tablas 3, 4, 5, 6, etc., y con estos elementos fué ya po- 
sible construir los diagramas 1 y 2 ; el 1 para pequeñas super- 
ficies con atarjeas de pequeña sección, y el 2 para las grandes 
superficies que deben estar provistas de grandes atarjeas. 

Nos pareció más cómodo y más inteligible, consignar la ex- 
plicación y uso de los diagramas en el plano mismo que los 
contiene ; por esta razón no entramos aquí en detalles acerca 
de la manera de usarlos. 

Sí creemos necesario consignar, aun cuando no sea sino pa- 
ra dar una idea de la manera con que los trabajos se han eje- 
cutado, que siendo enteramente indispensable tener á la vista 
el área de cada porción de la superficie total que debe estar 
provista de un elemento de desagüe; esos datos se asentaron 
en mi plano separado, así como los del mismo género que co- 
rresponden á cada tramo de una misma atarjea cuando es muy 
larga; y lo hicimos así, porque los datos relativos á las super- 
ficies no los creímos necesarios en el plano general, que acom- 
pañamos marcado con el núm. 1, pues como son muy numero- 
sos, habrían introducido la confusión en dicho plano, dificultando 
la fácil percepción de otros que sí son necesarios para dar una 
idea del proyecto en sus detalles. 

4? FORMA DE LA SECCIÓN TRANSVERSAL. 

En la forma de la sección transversal de las atarjeas ha ha- 
bido grandes variaciones, desde la rectangular que se usó en 
los primeros tiempos en que se comenzaron á construir con- 
ductos subterráneos de desagüe, hasta la forma ovoide que fué 
determinada cuando la práctica demostró que era enteramente 
indispensable concentrar la pequeña cantidad de agua que pa- 
sa comunmente por las atarjeas, á un espacio reducido, con el 
objeto de aumentar la velocidad y disminuir los depósitos que 
tienden á formarse en las atarjeas de sección rectangular. 



80 

Para dar una idea de la diversidad de opiniones que se si- 
guen en otras partes, vamos á indicar cuáles son las prácticas 
que se observan en varias ciudades, y después diremos lo que 
aquí conviene hacer, á nuestro juicio. 

En Londres hay una gran variedad de formas de atarjeas, 
pues, como dice muy bien el Sr. Hering, "representan las ideas 
de varios siglos ; " ahora se usan : la forma circular para los tu- 
bos de barro, que rara vez son mayores que cuarenta y cinco 
centímetros, y para ciertas atarjeas de intercepción. La forma 
ovoide es común en las atarjeas de ladrillo ó de betón, excep- 
tuando en las atarjeas de intercepción como acabamos de de- 
cir, y en las que están destinadas á recibir el agua de lluvia. 
La forma oval con un gran radio en el fondo, se usa cuando 
hay que remover diariamente una masa considerable de líqui- 
dos ; las otras formas, tales como la de fondo, plano ligeramen- 
te curvo, las que se asemejan á la forma de los túneles de fe- 
rrocarril, etc., se usan en casos especiales. 

En París las atarjeas tienen grandes dimensiones, porque 
éstas se determinaron admitiendo el principio de que los depó- 
sitos se han de remover por un medio mecánico, y para satis- 
facer á esta condición, es enteramente indispensable que sean 
accesibles en toda su longitud. Hay en esta ciudad catorce ti- 
pos distintos cuyas dimensiones constan en la tabla siguiente : 



Número del tipo. 


Altura debajo de 
la Clave. 


Anohura eo los 
arraDques. 


Superficie de la 
«eccióc. 


1 


4.40 


5.60 


18.75 


2 


4.35 


5.20 


16.59 


3 


3.90 


4.00 


11.81 


4 


2.98 


3.70 


9.89 


5 


3.80 


3.00 


8.66 


6 


3.15 


2.50 


7.04 


7 


3.55 


2.50 


6.29 


8 


2.80 


2.30 


5.02 


9 


2.75 


2.00 


4.23 


10 


2.40 


1.75 


3.24 


11 


2.30 


1.30 


2.36 


12 


2.10 


1.30 


2.15 


13 


2.00 


1.05 


1.65 


14 


2.00 


0.90 


1.44 



81 

Los desagües de las casas tienen también dimensiones exa- 
geradas como se puede ver por la tabla siguiente: 



Número del 




Anchura eu los 






Altura. 




Ancho del fondo. 


tipo. 




arranques. 




1 


1.80 


1.800.00 


0.60 para longitudes mayores 








que 6 metros. 


2 


1.40 


1.400.60 


0.40 entre 2 y 6 metros. 


3 


1.00 


1.000.60 


0.40 para 2 metros ó menos. 



Si además de que las secciones son tan grandes, se tiene en 
cuenta que las pendientes son por lo general muy pequeñas, se 
comprenderá fácilmente por qué hay necesidad de que los azol- 
ves de las atarjeas sean removidos constantemente por cuadri- 
llas, que unas veces después de levantarlos, los transportan á 
pequeños wagones que circulan en el interior de las atarjeas 
mismas y otras los desalojan por medio de botes-compuertas; 
pero cualquiera de los dos sistemas es lento y penoso. 

En Berlin se usan tubos circulares de barró para las atarjeas 
hasta de cincuenta y un centímetro de diámetro. Las de ladri- 
llo son generalmente de sección ovoide, exceptuando algunas 
de las más grandes que son circulares y aun aplanadas, es de- 
cir, con un diámetro horizontal mayor que el vertical, por falta 
de altura necesaria debajo de la superficie de la calle. Los tu- 
bos que conducen el agua á las bombas, son de íierro y tienen 
un metro de diámetro, con excepción de uno que tiene sólo se- 
tenta y cinco centímetros. 

En la excelente Obra en que están descritos los pormenores 
todos de la "Canalización de Berlín," acompañada de un mag- 
nífico atlas, escrita por el autor del proyecto y director de los 
trabajos, Sr, Hobrecht, vemos que hay diez tamaños distintos 
de tubos de barro de sección circular, comprendidos entre vein- 
tiuno y cincuenta y un centímetros de diámetro interior; la for- 
ma ovoide más pequeña tiene ochenta centímetros de altura por 
sesenta de ancho en los arranques; la mayor es de dos metros 

Desagüe de México,— 11 



82 

de altura por un metro noventa centímetros de ancho y hay 
otros catorce tipos intermedios con distintas proporciones. De 
forma circular y de grandes dimensiones sólo hay un tipo de 
dos metros de diámetro. Siguen después los de forma rebajada, 
de los que son diez figuras distintas, que se pueden clasificar 
en dos categorías: aquellos en que el fondo está formado por un 
arco de círculo que tiene veinte centímetros de flecha y acjue- 
llos en que la flecha de ese mismo arco es de sólo diez centí- 
metros; los primeros tienen todos dos metros de altura y su 
ancho varía desde dos metros diez centímetros hasta tres me- 
tros diez centímetros, los segundos son desde setenta centíme- 
tros de altura por un metro veinte centímetros de ancho, hasta 
uno sesenta de alto por tres metros de ancho; hay en conjunto 
treinta y siete distintas figuras. 

En Viena no se usan los tubos de barro sino para los albaiía- 
les de las casas. La forma de las atarjeas es ovalada con un 
fondo bastante aplanado, pues su radio difiere muy poco del de 
la bóveda. Las antiguas atarjeas tienen por lo general un fon- 
do plano y una bóveda semicircular, especialmente en aquellos 
que están destinados á recibir los arroyos. 

En Liverpool todas las atarjeas son de forma ovoide, con ex- 
cepción de algunas de los colectores principales que son de sec- 
ción circular. 

En Frankfort se han empleado tubos de barro de treinta y 
cuarenta centímetros de diámetro. Las demás atarjeas son de 
ladrillo y de sección ovoide, exceptuando algunos colectores 
principales que son de sección circular. Las más pequeñas atar- 
jeas de ladrillo tienen O"". 85 de alto por O'". 60 de ancho. 

En Dantzic casi todas las atarjeas son de tubos, con excep- 
ción de los colectores principales y las atarjeas de intercepción 
que son de ladrillo y con sección ovoide. La mayor parte de los 
tubos son de veintitrés centímetros, el diámetro mínimo es do 
quince centímetros y el máximo de cuarenta y cinco. Los co- 
lectores principales, que son de sección ovoide, tienen un metro 
veintitrés centímetros por ochenta y uno. 

En Brighton se usan tubos circulares de 30 á 45 centímetros 



83 

de diámetro. Las atarjeas de ladrillo son de sección elíptica; 
pero la principal atarjea de intercepción es circular. La sección 
más común está formada por tres círculos; el radio de la cu- 
beta ó fondo es en todas semejante y de 23 centímetros de ra- 
dio; el de los costados varía con las dimensiones de la atarjea. 
La dimensión más pequeña de los tubos es, como dijimos antes, 
de 30 centímetros, pero en esta ciudad prefieren las atarjeas de 
grandes dimensiones á donde se pueda entrar para limpiarlas. 
Las atarjeas más pequeñas de ladrillo tienen O^Sl por 0"'60; los 
tamaños más comunes son: l'°22 por O^GQ y l'"05 por 0"76. El 
colector principal es de l'"95 de diámetro en el origen y de 2"" 25 
en la desembocadura. 

En Oxford las nuevas atarjeas son de tubos de barro deO™23 á 
0'°43 centímetros de diámetro y conductos de ladrillo que tienen 
las proporciones siguientes: tocando el radio de la cubeta como 
unidad, el de la bóveda es 2 y el de los lados 6; la altura de la 
atarjea es 6. 

En Washington, Estados Unidos, se usan tubos de barro de 
sección circular y de 5 diámetros distintos, desde 30 hasta 60 
centímetros; hay, además, 13 tipos distintos de atarjeas de ladri- 
llo de sección ovoide; la más pequeña tiene 0*90 por O^GO cen- 
tímetros y la mayor 4 metros 80 centímetros por 3.20; en los 
nueve primeros tipos, á partir del más pequeño, colocan siem- 
pre para formar la cubeta un medio tubo de barro, cuyo diá- 
metro varía entre 30 y 53 centímetros, según la capacidad de 
la atarjea; esta práctica nos parece muy conveniente porque 
á la vez que se reduce el área que el agua puede ocupar cuando 
es pequeño su volumen, la superficie lisa del barro bien vidria- 
do facilita el escurrimiento y previene los depósitos. 
. Las atarjeas de intercepción en Washington, lo mismo que 
en los demás casos que hemos visto, son circulares y su diáme- 
tro varía entre 3.20 y 6.10 y la cubeta es de piedra dura. 

Por la ligera exposición que acabamos de hacer de las formas 
que para las atarjeas se emplean más comunmente en varias 
ciudades, se ve que la práctica más constante es emplear tubos 
de barro para las pequeñas secciones, atarjeas de ladrillo de 



84 

forma ovoide para las dimensiones intermedias, y con el mismo 
material ó piedra construir conductos circulares para las gran- 
des secciones. 

Todo esto, á nuestro juicio, es perfectamente racional y prác- 
tico. En efecto, cuando una atarjea es de muy pequeñas dimen- 
siones, es casi imposible construirla perfecta si se hace de ladri- 
llo, porque no se puede inspeccionar fácilmente su interior, y 
aun t on buena voluntad por parte de los albañiles (con la que 
en la práctica no se puede contar), la construcción quedaría de- 
fectuosa,' un tubo de barro se inspecciona muy fácilmente an- 
tes de colocarlo y si tiene defectos notables se desecha; por con- 
siguiente para que una ataijea de tubos de barro quede buena, 
bastará sujetar á los tubos á una inspección rigurosa desechan- 
do todos aquellos que no satisfagan á las condiciones de perfec- 
ción que se les deben imponer, y después procurar que la co- 
locación se haga con el mayor cuidado posible. La superficie 
vidriada de los tubos contribuye á facilitar el movimiento del 
agua y esto dificulta la formación de los depósitos ó azolves. 
La construcción de los tubos de barro de forma ovoide es más 
difícil que la de los de seccióu circular, y por otra parte, aunque 
conviene concentrar la corriente cuando el volumen de agua es 
pequeño, esta concentración no se debe llevar hasta un límite 
exagerado y es preferible adoptar una forma circular sencilla 
que no complicar esta forma y aceptar las irregularidades que 
forzosamente deben resultar con esta complicación, al fabricar 
los tubos con un material que, como el barro, se deforma tanto 
cuando está fresco, pues la inspección y rectificación de los tu- 
bos de sección ovoide es mucho más difícil que la de los cir- 
culares, y las diferencias de forma pueden producir defectos muy 
notables que perjudicarían el escurrimiento de las aguas. 

Por las atarjeas de una dimensión media pasan cantidades 
de líquido bastante variables, y si se les diera una «forma circu- 
lar, en los momentos en que se verifica el paso de la cantidad 
mínima, las resistencias que encontraría para desalojarse serían 

1 Suponemos en todos casos que las superficies interiores de todos los con- 
ductos han de ser superficies cilindricas. 



85 

considerables y por lo mismo la velocidad muy pequeña; allí 
está, pues, indicado el empleo de atarjeas de sección ovoide que 
disminuyen en partes los inconvenientes de los gastos variables; 
pero puede ser que en ciertos casos no haya bastante altura 
para construir una atarjea de sección ovoide y que por esa ra- 
zón sea enteramente indispensable hacerla circular; para estos 
casos es para los que hemos puesto en las tablas y diagramas, 
secciones de unas y otras, que dan el mismo gasto próxima- 
mente. 

En las atarjeas de grandes dimensiones hay también dife- 
rencias en los volúmenes de agua que pasan por unidad de 
tiempo en las diversas horas del día, pero en lo general siempre 
llevan una cantidad que está menos desproporcionada respec- 
to de la sección de la atarjea que en las de dimensiones medias. 
Si tomamos, por ejemplo, el caso de una atarjea circular de 1 
metro 80 centímetros de diámetro con pendiente de 0.0008, 
que se aproxima á las condiciones en que estarán nuestras ma- 
yores atarjeas, vemos que bastará que el agua ocupe en el fon- 
do un arco que tenga 20 centímetros de flecha para que el agua 
adquiera la velocidad de 60 centímetros por segundo, que ne- 
cesita para que no se depositen los cuerpos sólidos que produ- 
cen los azolves, y por otra parte, será muy fácil proveerlos cons- 
tantemente de la cantidad de tigua que necesitan para que se 
conserven siempre Hmpios, y esta es otra razón para que en los 
colectores principales no se acepte la forma ovoide que no de- 
ja de tener algún inconveniente. Este es, que como en las atar- 
jeas de esa forma se disminuye el ancho, si para conservar la 
misma capacidad se aumenta la altura, en los momentos en que 
la atarjea se llena, la pendiente de la superficie del líquido dis- 
minuye mucho más que cuando se adopta la forma circular. 

Para facilitar la construcción y hacer también más fácil y eco- 
nómica la. conservación de las atarjeas, conviene reducir al mí- 
nimo posible el número de tipos que se adopten. Nosotros acep- 
tamos los que constan en los diagramas, y como en las seccio- 
nes circulares no hay nada notable, sólo hemos dibujado en el 
plano núm. 2 los tipos de atarjeas ovoides que proponemos; 



86 

allí se pueden ver sus proporciones y todos los i)r¡nüipales ele- 
mentos relativos á ellas. 



59 ENLACES Y CONEXIONES DE ALBAÑALES Y ATARJEAS. 

Al proyectar los enlaces de dos ó más atarjeas, se debe to- 
mar toda clase de precauciones para impedir que se formen de- 
pósitos en el punto donde se reúnen los conductos. Describi- 
remos aunque sea rápidamente cuál es la práctica que se sigue 
en varias ciudades, para deducir de allí lo que nos conviene 
hacer aquí. 

En Londres, las atarjeas se unen entre sí por medio de cur- 
vas de un radio bastante amplio, pero no hay uniformidad en 
los detalles. Están esos enlaces cubiertos generalmente por un 
arco en forma de embudo, y las atarjeas separadas por una cons- 
trucción especial á la cual se le da el nombre de '^lengüeta." La 
cámara donde se verifica el enlace tiene siempre un pozo de 
ventilación. Las conexiones de la atarjea y de los albañales de las 
casas se hacen siempre bajo un ángulo, ya sea por medio de un 
block de piedra perforado ó bien por medio de tubos cortados 
oblicuamente, que se colocan dentro de la mampostería en el 
momento de la construcción. 

En Paris, las atarjeas de grandes dimensiones, por lo general, 
se unen dentro de cámaras rectangulares cubiertas con un ar- 
co cilindrico. Las curvas de los tipos, que se limpian por medio 
de botes (bateaux vannes), tienen por lo menos 60 metros de 
radio; en aquellos que se limpian por medio de wagones, tienen 
30 metros, y si no se puede alojar una curva de este radio, en- 
tonces se pone una línea quebrada y se coloca una plataforma 
giratoria para que pase el wagoncito; sin embargo, siempre que 
es posible se procura evitar esta disposición, que es defectuosa. 
Las atarjeas que no tienen rieles se unen bajo cualquier ángu- 
lo, y cuando lo permiten las circunstancias se le da á la atarjea 



87 

más pequeña un incremento de pendiente, con el objeto de que 
el agua de la atarjea mayor no retroceda en la menor y deten- 
ga la corriente de ésta. La pendiente en los enlaces de las gran- 
des atarjeas también está determinada por la necesidad de es- 
tablecer las banquetas que sirven para la circulación de los ope- 
rarios, á nivel; así es que el aumento de pendiente se obtiene 
todo en la cubeta. Cuando una atarjea que no tiene banqueta 
descarga en otra que la tiene, la cubeta de la primera deberá 
quedar de 25 á 30 centímetros más abajo que la banqueta. 
Cuando se ligan dos atarjeas ovoides, siempre que es posible, 
se les da en la unión una caída de 20 á 30 centímetros; los al- 
bañales de las casas descargan por lo general un metro arriba 
del fondo de las atarjeas y entran en ángulo recto. 

En Berlin, los enlaces de las grandes atarjeas se verifican por 
lo general en ángulo recto; sólo se exceptúa el caso en que las 
calles mismas se cortan bajo un ángulo agudo, pues entonces las 
atarjeas se encuentran bajo el mismo ángulo. Comunmente la 
conexión se hace debajo de una cámara rectangular con bóveda 
cilindrica, y en muy pocos casos hay una "lengüeta;" las bóve- 
das en forma de embudo se evitan por lo general. Cuando hay 
curvas en las cámaras de enlace, son casi siempre de un radio 
muy pequeño y no se toma ninguna precaución para compen- 
sar el aumento de resistencia que el agua encuentra al pasar 
por ellas. Los albañales de las casas entran bajo un ángulo agu- 
do, y se les inserta en la mampostería de la atarjea desde el 
momento de la construcción: 

En Viena, la unión de las atarjeas se hace por lo general bajo 
un ángulo de 45 grados, y cuando son demasiado grandes para 
que se puedan llenar alguna vez, el enlace se verifica en un án- 
gulo de 60 á 90 grados. Los albañales de las casas entran bajo 
un ángulo recto como en París. 

En Liverpool, las grandes atarjeas se unen en una cámara 
cubierta por una bóveda en forma de embudo; los tubos de ba- 
rro se ligan en los pozos de visita. Las atarjeas de tubo se unen 
á las de ladrillo bajo un ángulo de 45 grados, unas veces con 
un block de piedra y otras con un tubo cortado oblicuamente. 



88 

Las conexiones para los albañales de las casas se hacen desde 
el momento de la construcción, y si no se usan inmediatamen- 
te se tapan con un pedazo de pizarra. 

En Hamburgo, los enlaces de las atarjeas están hechos siem- . 
pre con curvas amplias y cubiertas con un arco en forma de 
embudo. Las conexiones con los albañales de las casas se ha- 
cen bajo un ángulo, y entran á la altura de los arranques de la 
bóveda. 

En Frankfort los ejes de las atarjeas se encuentran tangen- 
cialmente en los puntos donde se unen, y las curvas tienen un 
radio bastante grande; las cámaras están cubiertas con una bó- 
veda en forma de embudo. Los fondos de las atarjeas están á 
una altura tal, que el nivel del agua en los tiempos normales 
sea el mismo en la atarjea principal y en los ramales que se en- 
lazan con ella. Las atarjeas de tubo se enlazan siempre en los 
pozos de visita. Las conexiones de los albañales con las atarjeas 
se hacen por medio de blocks intercalados en la mamposteria 
de las atarjeas y bajo un ángulo de 45 grados; los desemboques 
están colocados á la altura del nivel común del agua para evi- 
tar las cascadas y las irregularidades consiguientes en la corrien- 
te, que siempre ocasionan depósitos de materias sólidas; estos 
enlaces de los albañales se construyen al mismo tiempo que la 
atarjea en frente de cada casa, y cuando no se usan se tapan 
temporalmente. 

En Dantzic hay siempre un pozo de visita en cada punto de 
unión de dos atarjeas. Los albañales de las casas se unen á es- 
tos conductos por medio de tubos que se insertan en la mam- 
posteria al hacer la construcción. 

En Brigthon los enlaces se efectúan siempre por medio de cur- 
vas de gran radio en una cámara con bóveda en forma de em- 
budo, y los albañales se insertan en las atarjeas bajo un ángu- 
lo de 30 grados por medio de un block ó tubo. 

En Oxford se construyen, como se acaba de decir para Brig- 
thon. Las uniones de las atarjeas de tubos se hacen enteramen- 
te en los pozos de visita, con un aumento de pendiente de 25 
á 50 milímetros en el tubo de dimensión más pequeña. 



89 

Guando las atarjeas principales están muy profundas, para 
hacer fácilmente las conexiones de los albañales, se construyen 
pozos de quince centímetros de diámetro, á un lado de la atar- 
jea; la parte superior de este pozo es una cámara de ladrillo, 
donde los albañales descargan el agua que desciende por el po- 
zo á la atarjea. Si una atarjea secundaria tiene que descargar 
en una principal que esté mucho más baja que ella, se cons- 
truye un ramal inclinado cuarenta y cinco grados sobre el fon- 
do de la principal; la parte recta del tubo se prolonga hasta un 
pozo de visita con el objeto de poderlo inspeccionar. Cuando 
la cantidad de agua es considerable, se contruye, además, un 
escape con escalones de ladrillos azules, que son sumamente 
duros. 

El juicio crítico que el Sr. Hering hace sobre los diversos sis- 
temas que acabamos de enumerar, nos parece muy bueno y 
por eso creemos oportuno y conveniente darlos á conocer; dice 
lo siguiente: 

"Los enlaces de las atarjeas han causado más ó menos per- 
juicios, molestias y dificultades retardando el movimiento del 
agua en los puntos de unión; estas dificultades han sido oca- 
sionadas porque no se han dado á las corrientes que se deben 
reunir, la dirección conveniente, por el retroceso del agua en 
los ramales y por los remolinos que hacen que se deposite el 
lodo deteniendo la corriente, lo cual produce también el resul- 
tado de que no se aprovecha toda la capacidad de descarga de 
la atarjea." 

"La dirección que tienen dos corrientes al reunirse, ejerce 
una grande influencia en la velocidad de la corriente resul- 
tante." 

"El ángulo de unión debe, pues, arreglarse de manera que 
la dirección de las corrientes sea casi la misma antes de que se 
confundan en una sola; de esta manera ninguna de las dos per- 
derá mucha velocidad para sobreponerse á las resistencias oca- 
sionadas por el cambio de dirección; y mientras menor sea la 
diferencia entre los dos volúmenes de las corrientes, más cui- 
dadosamente se debe procurar satisfacer á esta condición." 

Desagüe de México.— 12 



90 

"La unión de las grandes atarjeas se hará tanto mejor, cuan- 
to mayor sea el radio de la curva que las ligue; de esto se ha 
tenido el mayor cuidado en Inglaterra y en las ciudades alema- 
nas de Frankfort y Hamburgo. En Berlin algunas de las prin- 
cipales uniones entre las grandes atarjeas, se hacen bajo un 
ángulo recto, ú otro que difiere muy poco de éste; en los pun- 
tos en que los enlaces se hacen en tales condiciones, hay mu- 
chos depósitos de materias sólidas, y probablemente no se han 
presentado otros inconvenientes graves sólo porque la veloci- 
dad del agua no es muy grande en los puntos en donde se unen 
las atarjeas." 

"Guando las pequeñas atarjeas ó los albañales de las casas 
se ligan á los grandes colectores, por una práctica casi univer- 
sal la inserción se hace bajo un ángulo de 30° á 45°. Ha habi- 
do quien asegure que las uniones hechas de esta manera, sir- 
ven para acelerar la corriente del agua en las atarjeas. Aun 
cuando esto puede ser verdad teóricamente, el efecto en las 
circunstancias más favorables es tan pequeño que no ha tenido 
una confirmación práctica digna de considerarse." 

"No se debe, pues, reducir las dimensiones de las atarjeas 
suponiendo que se ha de verificar tal incremento de velocidad; 
por el contrario, el resultado se considerará como muy satis- 
factorio si sólo se consigue que en los enlaces no se retarde la 
corriente." 

"Guando dos ó más atarjeas de tubo y de pequeño diámetro 
se ligan entre sí, toda la curva debe estar dentro de un pozo 
de visita, con el objeto de que sea posible ver la atarjea en to- 
da su extensión. La pequeñez de la corriente en esas atarjeas 
hace que no presente graves inconvenientes el que la vuelta 
sea rápida, y además se procura siempre compensar el aumen- 
to de resistencia en la curva con un incremento en la pendien- 
te que se da dentro del mismo pozo de visita." 

"Otro punto importante en los enlaces de las atarjeas, es 
también la altura relativa de las dos corrientes que se unen, y 
si no se le da toda la importancia que tiene, pueden ocurrir 
retrocesos del agua y depósitos en uno de los dos ramales. 



91 

Teóricamente se puede impedir esto arreglando las atarjeas 
de manera que el agua de cada una de ellas llegue al punto de 
unión exactamente á la misma altura; pero en la práctica es 
imposible conseguirlo en todas las condiciones de descarga; 
basta, sin embargo, disponer las cosas para la corriente que 
pasa durante el 90 por ciento del tiempo y se arreglan los fon- 
dos de manera que el nivel del agua sea el mismo en todos los 
ramales, ó que se eleve á medida que la cantidad de agua dis- 
minuye. En otras palabras, los ramales pequeños pueden ligar- 
se á los grandes de dos maneras: ó bien descargan su corriente 
diaria al nivel del de la atarjea mayor, ó bien el ramal más chi- 
co descarga á un nivel más alto." 

"Cuando dos corrientes se encuentran en un pozo de visita, 
opuestas la una á la otra y arriba del fondo de la atarjea prin- 
cipal, deben colocarse á distintas alturas ó puede también dár- 
seles una ligera desviación lateral, para impedir que esas co- 
rrientes choquen entre sí cuando las atarjeas descargan todo 
el volumen que pueden contener." 

"La tercera consideración que se debe tener presente es im- 
pedir que en los enlaces se formen remolinos, porque además 
de que ocasionan depósitos, retardan la corriente." 

"Los remolinos se producen por los cambios repentinos de 
la sección transversal de la masa de agua en movimiento; esos 
cambios repentinos deberán evitarse, y se procurará que el 
encuentro de dos corrientes que se han de confundir en ■ una 
sola, se haga siempre gradualmente, y esto se consigue con las 
construcciones llamadas lengüetas, que hacen que se extiendan 
las cubetas hasta que se cortan sus respectivas superficies in- 
teriores, en vez de permitir que dos ó tres atarjeas descarguen 
su contenido en una cámara de fondo casi plano. Mi experien- 
cia me ha confirmado el hecho de que los remolinos, y por 
consiguiente los depósitos, se evitan completamente pur este 
medio, pues mientras que en Inglaterra, Frankfort y Hambur- 
go no advertí ningún depósito en los enlaces provistos de len- 
güetas, en Paris y Berhn vi una cantidad considerable de fango 
depositado en donde los enlaces se verificaban en cámaras rec- 



92 

tangulares de fondo relativamente plano. Aun en los pozos de 
visita donde se unen varias atarjeas, las lengüetas previenen 
los depósitos, y para construirlas se prolongan las cubetas hasta 
que se verifica la intersección de las superficies que las forman; 
el fondo está construido con betón y aplanado con cemento 
bruñido. Estas uniones en los pozos de visita son preferibles á 
la antigua costumbre de terminar los conductos en los muros 
del pozo, dejando abajo un espacio en donde se forman depó- 
sitos de materias sólidas, como sucede en Dantzic, en Berlín y 
en algunas ciudades de Inglaterra." 

El Sr. Rawlinson, al ocuparse de este punto, dice lo si- 
guiente: 

"12. — Las atarjeas de diferente diámetro no deben tener sus 
cubetas á nivel en el punto de enlace, pues la más pequeña, es 
decir, la tributaria, debe estar más alta una cantidad por lo 
menos igual á la diferencia de los diámetros. Los enlaces de las 
atarjeas y albañales deben hacerse con cuidado, y de tal mane- 
ra que el agua de los laterales no impida ó perturbe la corrien- 
te de la atarjea principal. Si las cubetas de las atarjeas latera- 
les ó tributarias no están más altas, ó por lo menos á la altura 
del nivel ordinario del agua en la atarjea principal, serán inva- 
didas por los líquidos que contiene ésta, se formarán depósitos 
en toda la extensión en que está sumergida la cubeta, y el al- 
bañal ó la atarjea lateral llegará á obstruirse con sus propios 
sedimentos. Guando en algún lugar muy plano se ligan las cu- 
betas al mismo nivel, los conductos laterales se obstruyen con 
frecuencia, porque en éstos el agua escurre de un modo inter- 
mitente, y la del colector principal que es más constante, los 
invade y detiene á la de los otros produciendo los depósitos." 

"17. — Las conexiones para los albañales de las casas deben 
colocarse en todas las atarjeas nuevas, formar parte del con- 
trato y su costo se debe incluir en el de éste. Durante la cons- 
trucción de las atarjeas, se debe fijar en un plano ó en un cua- 
derno por medio de un croquis con las distancias escritas la 
posición de todas esas conexiones, y aquellas que no se usen 
inmediatamente se taparán cuidadosamente mientras se pre- 



93 

senta la necesidad de emplearlas. Si las conexiones no se co- 
locan en el momento de la construcción, después será mucho 
más costoso hacerlo. Será sin duda alguna más económico, 
insertar conexiones de más durante la construcción, que remo- 
ver tubos ó agujerear las atarjeas de ladrillo, cuando se han 
llenado los tajos y se ha arreglado el pavimento de las calles." 

Todos estos importantísimos datos prácticos, nos permiten 
ya deducir sin gran trabajo, cuáles son las reglas que se deben 
seguir para la construcción de los enlaces de las atarjeas de 
México y las conexiones de los albaííales, y prevenir así los 
inconvenientes que se presentan en las funciones de las atar- 
jeas, cuando no se construyen de acuerdo con estas reglas que 
establecemos á continuación: 

1*} — Siempre que en un punto se enlacen dos ó tres atarjeas, 
se deben prolongar las cubetas para construir la intersección 
de las superficies cilindricas que las forman, hasta donde esto 
sea prácticamente posible. Para cada tipo de enlace deberá 
determinarse cuál es ese límite práctico; pero la forma general 
es la que se indica para un enlace de tres atarjeas en las figu- 
ras de la lámina N? 3, y las que en las figuras 1 de la N? 4 y en 
todas las de la N? 5, se han dado para un enlace de dos atar- 
jeas. 

2^ — Esos enlaces deberán cubrirse con una bóveda en for- 
ma de embudo, tal como la representan algunos de los dibujos 
que antes citamos, ó con otra disposición que la sustituya, si 
se encuentra más conveniente por razón de economía ó facili- 
dad de construcción. 

3* — Los enlaces se harán con curvas que tengan el mayor 
radio que sea posible, si se trata de atarjeas de dimensiones 
grandes ó medias, procurando que las líneas de los ejes se unan 
tangencialmente; pero si se trata de atarjeas de tubos peque- 
ños, entonces la curva de enlace estará toda comprendida den- 
tro de un pozo de visita para que el tubo se pueda inspeccio- 
nar desde el pozo. 

4a — En el segundo caso á que acabamos de hacer referencia, 
también debe seguirse el método establecido por la primera 



94 

regla, tal como lo indican las figuras números 1 y 2 del dibujo 
N? 6. 

5? — En todos casos se debe procurar que los fondos de los 
ramales queden á la altura conveniente para que el nivel del 
agua en ellos sea el mismo que el que tiene en la atarjea ma- 
yor donde descargan, tomando como altura del agua en éstas, 
la que tendrá probablemente durante el noventa por ciento del 
tiempo. 

6« — Los albañales de las casas se deben insertar en las atar- 
jeas bajo un ángulo de 30 grados y deben también colocarse á 
la altura del nivel ordinario del agua, cuando la atarjea no sea 
muy profunda, pues si este caso se presenta, convendrá tal vez 
más, hacer la inserción un poco más arriba para facilitar la 
construcción. 

7? — Cuando dos albañales ó atarjeas de pequeñas dimensio- 
nes se encuentran en un pozo de visita y opuestas la una á la 
otra, conviene desviar á alguna de las dos hacia adelante con 
el objeto de que cuando estén completamente llenas, no cho- 
quen las corrientes si se encontraran directamente opuestas. 

8*} — En el momento en que se construyan las atarjeas, se 
colocarán desde luego las conexiones para los albañales de las 
casas, no sólo las que se necesiten desde luego, dno todas las que 
se prevea que se pueden necesitar en el porvenir; aquellas que no se 
usen, se taparán cuidadosamente y todas se anotarán en un 
registro especial dibujado de tal manera, que en cualquiera 
tiempo se pueda fijar la posición exacta de cada una de ellas, 
para cuando se necesite emplearla. 

Abrigamos la convicción de que si se observan todas estas 
reglas cuidadosamente durante la construcción, cuando las atar- 
jeas funcionen no habrá depósitos de materias sólidas ocasio- 
nados por choques de corrientes, retrocesos de agua ó remoli- 
nos, ni tampoco gastos excesivos ó trastornos al hacer las 
conexiones. 



96 



6? POZOS DE VISITA Y POZOS PARA LAMPARAS. 

Los pozos de visita son unas construcciones especiales que 
sirven para dar acceso á las atarjeas cuyas dimensiones permi- 
ten que se pueda entrar á ellas. 

Los pozos para lámparas sustituyen á los pozos de visita en 
las atarjeas que no son accesibles por sus exiguas dimensiones, 
y sirven para reconocer el estado de azolve de una atarjea pe- 
queña, por el medio que indicaremos al hablar de la conserva- 
ción de dichos conductos. 

En éste, como en todos los demás puntos que se refieren á 
los sistemas de desagüe, no se sigue una misma práctica en to- 
das las ciudades que lo tienen, dependiendo esto en parte de 
que la opinión no es uniforme acerca de la disposición más 
conveniente para las construcciones de que nos ocupamos, y 
en parte también de que esa disposición se debe modificar por 
circunstancias locales. 

Consecuentes con el método que adoptamos desde el prin- 
cipio, haremos una breve reseña de la manera con que se dis- 
ponen los pozos de visita en varias ciudades, procurando des- 
pués indicar cuál es la que conviene á nuestras condiciones. 

En Londres, la mayor parte de los pozos de visita tienen una 
entrada lateral como la figura N? 1 del dibujo N? 8, especial- 
mente en la parte central de la ciudad; unas veces se baja por 
conductos verticales y otras por escaleras ó conductos inclina- 
dos. Cuando están en el centro de la calle, tienen por lo gene- 
ral de O"' 76 á O™' 90 de diámetro y están cubiertos con una ta- 
pa de fierro, en parte agujereada y en parte incrustada con 
pequeños blocks de madera, que sirven para amortiguar el rui- 
do que producen las ruedas de los vehículos al pasar encima 
de ellas. Cuando las entradas están sobre la banqueta, las cu- 
bre una tapa sólida de fierro, y en los momentos en que se 
levanta, porque el pozo esté en uso, la abertura se protege con 
una parrilla. Los nuevos pozos de visita para las atarjeas de 
tubo, no tienen como antiguamente, una caja ó depósito, sino 



96 

que la cubeta se prolonga con su forma cilindrica, ya sea en 
línea recta, ya en curva. Los pozos para lámpara son de O'" 15 
á O""- 30 de diámetro y se colocan por lo general sobre las cur- 
vas de las atarjeas de tubo; cuando estos pozos se han de usar 
para la ventilación, se construye en la parte superior y á un 
lado, un pequeño depósito abierto sobre la calle; esta abertura 
que tiene de O™' 23 á O""- 45, se cubre con una tapa perforada, y 
la cubierta que sirve para cerrar el pozo, no tiene abertura nin- 
guna; esta disposición tiene por objeto impedir que la basura 
de la calle caiga en la atarjea y la azolve: está representada en 
las figuras del plano N? 5. En los extremos aislados de las pe- 
queñas atarjeas de tubo, hay por lo general una construcción 
especial que sirve para dar golpes de agua; es muy semejante 
á los pozos para lámpara, pero tiene en la parte baja un tan- 
que que puede contener por lo menos una yarda cúbica de 
agua. En ciertas atarjeas pequeñas, por donde puede pasar un 
hombre con alguna dificultad, se construyen de trecho en tre- 
cho ciertos lugares de descanso que tienen 1.83 de largo por 
1.83 de alto. 

En París, los pozos de visita, á los que allí les dan el nombre 
de "branchements de regard," tienen siempre la entrada por 
las banquetas, nunca en el centro de la calle. Están cerrados 
por tapas de fierro colado de ochenta centímetros de diámetro, 
y se desciende á ellos por escalones de fierro dulce fijos en el 
muro á treinta centímetros de distancia. El piso del túnel que 
conduce á la atarjea está á treinta centímetros arriba del fondo 
de la atarjea y con una inclinación hacia él de uno y medio 
por ciento. Algunas veces en las grandes atarjeas que llevan 
mucha agua, hay escalones de piedra en vez del plano inclina- 
do de que acabamos de hablar. La altura del túnel es de dos 
metros, la anchura es de un metro en los arranques de las bó- 
vedas y de cincuenta centímetros en el fondo. Los pozos para 
lámpara no se usan en París; los de visita están invariablemen- 
te á cincuenta metros de distancia, con la sola excepción del 
caso en que por seguir esta regla se tuviera que poner la en- 
trada en un cruzamiento de banquetas. 



97 

En Berlín, al contrario de lo que se acostumbra en París, los 
pozos de visita están colocados en el centro de la calle por lo 
general, directamente arriba de la atarjea y cubiertos con tapa 
perforada cerca de la periferie é incrustada en el centro con 
pequeños blocks de madera, con el objeto de amortiguar el so- 
nido como se acostumbra en Londres; unos cinco centímetros 
abajo de la tapa de fierro colado, hay otra placa de fierro dul- 
ce que sirve para recoger la basura é impedir que llegue á la 
atarjea, y la placa de fierro dulce está perforada en el centro 
para que la atarjea se ventile. Los operarios descienden á los 
pozos de visita por escalones de fierro, colocados en uno de 
los muros. En las atarjeas de ladrillo, los pozos de visita tie- 
nen cincuenta y tres centímetros de ancho en la parte superior; 
esta anchura la conservan en el sentido del eje de la atarjea, 
pero aumenta en el sentido perpendicular, y generalmente los 
muros del pozo vienen á ser la prolongación de los de la atar- 
jea. Para las atarjeas de tubo, los pozos tienen cincuenta y tres 
centímetros de diámetro en la parte superior y crece hasta te- 
ner noventa y cuatro centímetros, á un metro veinte centíme- 
tros abajo del nivel de la calle, cuyo diámetro se conserva has- 
ta el fondo, cualesquiera que sean las profundidades; además, 
en estos pozos el fondo está á algunos centímetros más abajo 
que el tubo de salida, y éste á su vez más bajo que el tubo de 
llegada. Los pozos de visita están de sesenta á noventa metros 
de distancia, y hay siempre uno en los cruzamientos de las 
calles y en los cambios de dirección de las atarjeas. No hay en 
Berlín pozos para lámparas, propiamente dichos. 

En Viena, los pozos de visita son cuadrados y tienen sesenta 
y tres centímetros, por sesenta y tres, creciendo en tamaño si 
son muy profundos; por lo general están construidos directa- 
mente sobre las atarjeas, pero en las calles donde el tráfico es 
muy grande, tienen la entrada por las banquetas. Las tapas, 
que son de fierro colado, de siete á diez centímetros de espe- 
sor, están perforadas con agujeros de cinco centímetros por 
lado, separados entre sí doce milímetros. Los escalones están 
formados por barras de fierro dulce, atravesados diagonalmen- 

Desagüe de México.— 13 



98 

te en los ángulos. Los pozos están á sesenta metros de equi- 
distancia próximamente. No hay en Viena pozos para lám- 
paras. 

En Liverpool, los pozos de visita son rectangulares por lo 
general, y tienen sesenta y seis centíníetros de largo perpendi- 
cularmente al eje de la atarjea y cuarenta y seis centímetros 
en el sentido del eje de ésta; en el fondo se ensancha en una 
cámara cubierta con bóveda y de un metro cincuenta centí- 
metros de largo, por uno ochenta de alto y sesenta y cinco cen- 
tímetros de ancho, lo cjue proporciona las dimensiones necesa- 
rias para remover con palas los depósitos y manejar los cubos. 
En los puntos donde se enlaza una atarjea de tubo, hay un ra- 
mal del pozo de visita que se extiende en la dirección de dicha 
atarjea; antiguamente las cubiertas de los pozos eran de pie- 
dra, pero ahora son gruesas planchas de fierro colado que tie- 
nen sesenta y cinco centímetros por cuarenta y cinco y sujetas 
á la parte fija por una fuerte visagra; la cara superior tiene ra- 
nuras y los intersticios están llenos de cemento; á un lado del 
pozo hay una pequeña caja de depósito de sesenta centímetros 
de largo, veinte de ancho y setenta y cinco de profundidad; 
esta caja está cubierta con una tapa con charnela, que tiene 
doce agujeros de diez centímetros por tres, y la comunicación 
con el pozo de visita se establece por medio de un tubo de ba- 
rro de veintiocho centímetros. Los pozos para lámparas están 
íormados por tubos de barro de veintitrés centímetros de diá- 
metro que terminan en otro de quince, el cual está cerrado 
con una tapa sólida. Muchos de ellos tienen también á un lado 
una pequeña caja de depósito, de fierro fundido, cubierta con una 
tapa perforada para la ventilación. Los pozos de visita están 
colocados á una distancia de sesenta á ciento veinte metros. 

En Hamburgo, los pozos de visita tienen noventa y tres cen- 
tímetros de chámetro, y en las calles muy concurridas la entra- 
da está en las banquetas, con doble cubierta como en Londres; 
en otras están colocados directamente sobre la atarjea, cubier- 
tos con una tapa perforada y sin tener abajo una caja de de- 
pósito para impedir que la basura caiga á la atarjea; los pozos 



99 

están á cien ó ciento cincuenta metros de distancia y no hay 
pozos para lámparas. 

En Frankfort, los pozos de visita tienen generalmente su en- 
trada lateral; sólo en las calles muy estrechas y en los que sir- 
ven para las atarjeas de tubos, están colocados directamente 
sobre el eje de la calle. En el primer caso, hay un paso de dos 
metros de altura por uno de ancho, de la atarjea á la banque- 
ta; debajo de ésta hay un pozo para llegar al nivel de la calle, 
el cual está tapado con una doble cubierta como en Londres y 
en Hamburgo; cuando el pozo está en el eje de la calle, su sec- 
ción es circular. Los pozos para lámparas tienen veintitrés cen- 
tímetros de diámetro y están colocados á una distancia de trein- 
ta á treinta y cinco metros, y distribuidos entre los pozos de 
visita; la distancia entre estos últimos varía entre ciento sesenta 
y ciento ochenta metros, cuando las atarjeas son un metro cin- 
cuenta centímetros por un metro, ó mayores: si las atarjeas son 
menores que esas dimensiones, entonces los pozos están, por 
lo general, distantes entre sí de setenta y cinco á noventa me- 
tros, pero más comunmente en los puntos de inflexión. 

En Dantzic, los pozos de visita están calocados en los cruza- 
mientos de las calles, directamente sobre la atarjea y cubier- 
tos con una tapa perforada, en la cual hay pequeños blocks de 
madera para mitigar el ruido que producen los vehículos al pa- 
sar encima de ellas. Los pozos para lámpara, son tubos de 
quince á veintitrés centímetros de diámetro, cubiertos con tapa 
perforada para la ventilación; tanto estos pozos como los de 
visita, tienen en el fondo una caja de depósito. 

En Brighton, tienen una sección rectangular de noventa cen- 
tímetros por setenta y cinco; están desviados en la parte supe- 
rior y cubiertos con una tapa perforada con pequeños agujeros; 
á un lado hay una caja de depósito cubierta con otra tapa que 
tiene agujeros más grandes para la ventilación; dicha caja está 
comunicada con el pozo. No hay en Brighton pozos para lám- 
para. 

En Oxford, el principio de las líneas rectas se sigue estricta- 
mente, y siempre hay un pozo de visita ó para lámpara en ca- 



100 

da punto donde cambia la dirección, ya sea vcrticalmente, ya 
sea en la horizontal, así como en cada enlace de dos atarjeas y 
en cada vértice ó punto culminante; están colocados directa- 
mente sobre las atarjeas, son de sección cuadrada y cubiertos 
con una tapa circular de fierro perforada para la ventilación. 
De las armaduras de fierro colado, que sostienen á las tapas, 
están suspendidas unas cajas de lámina de fierro para detener 
la basura de las calles é impedir que caiga en la atarjea; los 
pozos de visita están provistos de escaleras de fierro dulce. 

Haremos ahora una ligera discusión de todas las disposicio- 
nes que acabamos de enumerar. 

La primera diferencia que se advierte en la práctica que se 
sigue en todas las ciudades que citamos, es acerca de la colo- 
cación de los pozos de visita respecto de la atarjea, pues ve- 
mos que unas veces se coloca directamente sobre su eje, que 
coincide con el de la calle por regla general, y otras veces que- 
da desviado de ese eje y tiene su entrada en la banqueta. Este 
segundo sistema se sigue cuando la calle es muy concurrida, 
porque la apertura de los pozos de visita durante las horas de 
grande actividad, es en todos casos molesta y en algunos peli- 
grosa. En Paris todas las entradas son laterales, mientras que 
en Londres, Hamburgo y Frankfort, sólo se emplean estas en- 
tradas en los puntos más céntricos y concurridos de la ciudad, 
y su único inconveniente es el de que son muy costosas; pero 
éste de bastante importancia para que nosotros no aconseje- 
mos el empleo de ellas, sino cuando sean enteramente indis- 
pensables, y sobre todo, cuando alguna línea de tranvía ocupe 
el centro de la calle, por los peligros que presentaría para los 
trabajadores, la salida de un pozo colocado en medio de una 
vía de ferrocarril. 

En la forma y dimensiones del pozo, tampoco se sigue una 
práctica uniforme; unas veces son circulares y otras cuadrados 
ó rectangulares, y sus dimensiones están comprendidas entre 
sesenta y noventa centímetros, con alguna muy rara excepción. 
La forma circular parece ser la más económica, sin que la cua- 
drada ó rectangular presente ventajas especiales si no es en 



101 

casos determinados, por cuya circunstancia creemos que aque- 
lla debe preferirse para las atarjeas de pequeño diámetro; para 
las atarjeas de tubo es, sin embargo, mejor construir los pozos 
de sección elíptica, porque así se puede trabajar con más faci- 
lidad en su interior; en Liverpool se construye una cámara con 
este objeto, pero esto es más costoso; en las atarjeas de gran- 
des dimensiones será tal vez más sencilla y económica la cons- 
trucción de pozos de sección rectangular. 

En todos casos conviene no alterar la forma de la cubeta de 
la atarjea en los puntos donde atraviesan á los pozos de visita, 
pues en Berlín y en Dantzic, donde el fondo de los pozos es en 
ciertos casos cuadrado ó rectangular, se ha visto prácticamente 
c{ue en ellos se acumulan substancias que se descomponen y 
forman focos de infección. 

Los pozos de visita son frecuentemente usados para la ven- 
tilación de las atarjeas, pero como se ve por la descripción que 
acabamos de hacer, es un poco variable la práctica que se ob- 
serva en distintas ciudades para adaptarlos á este uso; en al- 
gunas, y principalmente en Viena y en Hamburgo, están cu- 
biertos con una reja á través de la cual pasan libremente los 
gases hacia afuera y la basura al interior de la atarjea. En otros 
lugares las tapas de los pozos de visita están en parte perfora- 
das y en parte incrustadas con pequeños blocks de madera pa- 
ra mitigar el ruido que producen los choques de las ruedas con 
las tapas; y sobre este particular también se siguen dos siste- 
mas distintos: en Berlín, por ejemplo, los agujeros están en la 
periferie de la tapa y los blocks en el centro, mientras que en 
otros lugares, y principalmente en Inglaterra, los agujeros es- 
tán en el centro y los blocks en la periferie; de estos dos siste- 
mas, parece que el segundo es preferible, porque hay menos 
metal expuesto al choque de las ruedas, y además, como en 
ambos se emplea un receptáculo para la basura de la calle, 
cuando los agujeros están en el centro, se impide más eficaz- 
mente que dicha basura llegue á la atarjea; es también muy 
común en Inglaterra que se construya á un lado del pozo de 
visita una pequeña cámara comunicada con él y que está cu- 



102 

bierta con una reja, mientras que la tapa del pozo es sólida, la 
basura cae en dicha cámara y sirve para la ventilación; esta 
disposición no presenta ventajas especiales y es más costosa. 

En México se deben usar los pozos de visita para la ventila- 
ción, como lo veremos al ocuparnos de este punto, y conviene 
adoptar el sistema que se sigue en Inglaterra, de permitir el 
paso de los gases por el centro de la tapa y cubrir con peque- 
ños blocks de madera los agujeros de la periferie, para amor- 
tiguar el ruido que producen las ruedas de los vehículos, pues 
en realidad es muy molesto y desagradable; no aconsejamos 
la construcción de cámaras laterales para impedir la caída de la 
basura á la atarjea, porque esto se consigue más fácil y econó- 
micamente por medio de una cubeta suspendida en el centro 
del pozo; esta cubeta no será necesaria sino en las atarjeas de 
pequeño diámetro, pues en las grandes y, sobre todo, en los 
colectores principales, habrá siempre agua con suficiente velo- 
cidad para arrastras la basura á medida que cae, porque esta 
caída se verifica muy lentamente, es decir, en muy pequeñas 
cantidades á la vez. Probablemente por esta razón y con el 
hecho de que contamos con agua abundante para lavar fre- 
cuentemente todo el sistema de atarjeas, no serán necesarias 
las cubetas, ni en las atarjeas de pequeño diámetro; pero este 
es un punto dudoso que sólo la práctica puede aclarar, y por 
lo mismo nos parece conveniente indicar aquí el remedio que 
se puede poner, en el caso de que se presente el inconvenien- 
te de que se acumule demasiada basura en el fondo de los po- 
zos de visita. 

Otro punto que se necesita considerar relativo al asunto que 
nos ocupa, es la distancia á que conviene colocar los pozos de 
visita. Ya indicamos aquí cuál es la práctica que se sigue en 
las diversas ciudades que antes enumeramos, y sólo podemos 
decir que en general es necesario colocar los pozos tanto más 
próximos cuanto mayor es la necesidad de entrar frecuente- 
mente á las atarjeas; esta necesidad se presenta cuando hay 
que remover los depósitos por un medio mecánico, y pues- 
to que nosotros confiamos en tener siempre limpias nuestras 



103 

atarjeas por medio de golpes de agua que de tiempo en tiempo 
se darán para arrastrar los azolves, creemos que no será nece- 
sario entrar á los conductos sino muy de tarde en tarde, y por 
lo mismo que los pozos no se necesitan muy próximos, basta- 
rá que estén á una distancia de ciento cincuenta metros poco 
más ó menos, para las grandes atarjeas, y de cincuenta á se- 
senta para las pequeñas. 

Como son de muy grande importancia las recomendaciones 
del Sr. Rawlinson acerca de los pozos de visita, las copiamos 
á continuación, aun cuando al tratar de los alineamientos in- 
sertamos el mismo párrafo, pues como el mismo Sr. Rawlinson 
hace notar, no hay ningún inconveniente en repetir una misma 
cosa, cuando es muy importante. 

"Las atarjeas deben construirse en líneas exactamente rec- 
tas en plano y perfil entre puntos colocados á distancia consi- 
derable, con pozos de visita, entradas laterales, y disposiciones 
para lavado y ventilación en cada punto donde cambia el ali- 
neamiento ó la pendiente. Todos los pozos de visita deben lle- 
gar á la superficie de la calle y cubiertos con una tapa que se 
pueda quitar fácilmente, á fin de que sea también fácil la ins- 
pección. Guando el ingeniero es nimio al insistir en que las lí- 
neas sean "perfectamente rectas" en el plano y en el perfil, el 
trabajo tiene que resultar forzosamente bien hecho. Con pozos 
de visita ó pozos para lámpara en cada uno de los puntos de 
donde cambia la dirección ó la pendiente de la atarjea, el in- 
geniero puede en cualquier tiempo determinar en la superficie 
la proyección del eje de la atarjea, así como la profundidad de 
ésta en cualquier punto, y con estos elementos determinar la 
posición exacta de cualquiera unión lateral de atarjea secunda- 
ria ó albañal. Algunos ingenieros no dan al principio todo su 
valor á la condición de que las líneas de las atarjeas sean "per- 
fectamente rectas," y no aprecian las ventajas que esto pro- 
porciona sino cuando los trabajos se han terminado y que ne- 
cesitan hacer algún enlace, examinar ó limpiar las atarjeas; 
entonces es cuando encuentran que colocando á los pozos de 
visita en alineamientos rectos, los trabajos todos se dirigen con 
toda seguridad y la inspección se hace muy fácilmente." 



104 

Para que se puedan apreciar mejor las condiciones a que se 
debe sujetar la construcción de los pozos de visita, las concre- 
tamos en las reglas siguientes: 

1^ — Los pozos de visita sertán de sección circular ó elíptica 
cuando estén sobre atarjeas de un metro de diámetro ó menos: 
para aquellas que sean de un diámetro mayor serán de sección 
cuadrada, pero en uno y en otro caso terminarán al nivel de 
la calle con una abertura circular de sesenta centímetros de diá- 
metro; los demás detalles se pueden ver en las figuras de los 
planos números 4. 5, 6, 7 y 8. 

2^ — La abertura de que se acaba de hacer mención estará 
cubierta con una tapa de fierro colado, cuya figura y dimen- 
siones se pueden ver en el dibujo N? 10; esta tapa estará per- 
forada en toda su extensión, pero los agujeros de la periferie 
se taparán con pequeños blocks de madera de encino, dejando 
descubiertos sólo los del centro que servirán para ventilar la 
atarjea. 

3^ — En los casos en que la práctica demuestre que la peque- 
ña cantidad de basura que se introduce por los agujeros de las 
tapas, es un inconveniente que no remueven fácilmente los gol- 
pes de agua que han de lavar las atarjeas, se colocará dentro 
del pozo una cubeta de fierro como indica la figura 2 del dibu- 
jo N? 10. 

4^ — Los pozos de visita se colocarán á una distancia que pue- 
de variar entre cincuenta y ciento cincuenta metros según las 
circunstancias. 

5*^ — Guando las atarjeas pasen por calles muy concurridas, 
ó donde haya una vía de ferrocarril sobre la atarjea, los pozos 
de visita tendrán una entrada lateral por la banqueta como lo 
indica la figura 1 del plano N? 8; pero en todos los demás ca- 
sos las entradas estarán directamente á plomo sobre el eje del 
conducto, como la de la figura. 

6^ — Sobre las atarjeas de O"' 90 ó menos de altura, se cons- 
truirán pozos para lámparas á distancias que no sean mayores 
de 50 metros; cuya construcción será semejante á la de los po- 
zos especiales de ventilación. 



105 

7? — En cualquiera inflexión del eje del conducto, ya sea en 
alineamiento, ya en la pendiente, habrá siempre un pozo de vi- 
sita ó un pozo para lámpara, según que se trate de una atarjea 
de grande ó pequeña sección. 

7? COLADERAS PARA EL AGUA PLUVIAL. 

Aplicamos el nombre convencional de coladera, á la construc- 
ción que sirve para recibir el agua pluvial que cae en las calles 
y darle paso á la atarjea. 

Las coladeras constan esencialmente de cuatro partes que 
son: 1'} una abertura practicada cerca de la guarnición de la 
banqueta ó en la misma guarnición; 2% de una caja ó depósito 
donde se mantienen las materias más pesadas que el agua; 3'?, 
una cerradura hidráulica para impedir que los gases de la atar- 
jea salgan cerca de la banqueta, y 4?^, de un conducto que ge- 
neralmente es un tubo de barro, para llevar el agua á la atar- 
jea. 

La caja de depósito y la cerradura hidráuhca no siempre se 
usan, la disposición de la abertura no es la misma en todos ca- 
sos y las dimensiones del conducto son variables con la locali- 
dad. Consecuentes con nuestro método, vamos á ver cuál es la 
práctica que se sigue en distintas ciudades, para fundar mejor 
el sistema que nosotros propondremos para México. 

En Londres las coladeras están por lo general en el arroyo 
que hay siempre á lo largo de las banquetas para permitir el es- 
currimiento del agua pluvial; la abertura está cubierta con una 
reja de cuarenta centímetros por cuarenta y cinco, sujeta por 
una visagra. Son casi siempre de un metro veinte centímetros 
de profundidad, y en la mayoría de los casos están provistas de 
caja de depósito y cerradura hidráulica. Esta última está for- 
mada, unas veces por una losa suspendida de la parte superior 
de la caja, y que tiene ocho centímetros de espesor, y otras por 
el conducto mismo del agua que se introduce á la atarjea aba- 
jo del nivel de los líquidos que ésta contiene; cuando es una 

Desagüe de México.— 14 



106 

losa, ésta se introduce cosa de treinta centímetros en el agua 
de la caja. El albañal es de quince á veintitrés centímetros de 
diámetro. Las parrillas son de diez centímetros de espesor, con 
barras de tres centímetros de gruesos separadas también tres 
centímetros entre sí. Las coladeras no están colocadas en las es- 
quinas sino en medio de las calles y á una distancia que vana 
entre sesenta y noventa metros. Hay algunas cajas de depósito 
formadas por cajas de fierro de cincuenta y tres centímetros 
por cincuenta y seis de sección transversal y con noventa cen- 
tímetros de profundidad abajo de la superficie de la calle. Hay 
también algunas, aunque muy pocas coladeras, que descargan 
directamente á la atarjea por un tubo de 0.23 sin tener ni caja, 
ni depósito, ni cerradura hidráulica. 

En París las coladeras (branchements de bouche), tienen su 
abertura en la guarnición de la banqueta; esa abertura es de un 
metro de largo por diez ó doce centímetros de altura en el cen- 
tro y cinco en las extremidades; la profundidad del arroyo en 
donde está la abertura es de quince á veinte centímetros, va- 
riando en todos los demás puntos entre siete y quince centíme- 
tros; de la abertura, el agua cae á un pozo que mide cincuenta 
centímetros en el sentido normal á la calle, y que en el del eje 
de ésta se estrecha desde un metro hasta cincuenta centímetros, 
á un metro y medio de profundidad; desde este punto el albañal 
desciende hasta llegar á unos veinte centímetros arriba del fon- 
do de la atarjea. El fondo del albañal tiene cincuenta centíme- 
tros de ancho y está cubierto con una bóveda de cañón segui- 
do, horizontal, de medio punto y con un diámetro de ochenta 
centímetros, que se enlaza con la bóveda de la atarjea. Cuando 
el albañal descarga en una atarjea secundaria, su fondo está en 
una curva de un metro cincuenta centímetros de radio, para 
impedir que las corrientes choquen; esta precaución no se to- 
ma en las grandes atarjeas. En muy pocos casos las coladeras 
están provistas de caja de depósito (réservoir de sable), y esto 
sólo en los suburbios y en las partes más altas de las zonas en 
en que está dividido el sistema de desagüe. Las coladeras es- 
tán distribuidas á lo largo de las aceras y la distancia que las 



107 

separa no es siempre la misma; son tanto más frecuentes cuanto 
más pequeña es la pendiente del terreno. 

En Berlin las aberturas de las coladeras están en los arroyos 
y cubiertas por una parrilla de cuarenta centímetros por cin- 
cuenta; tienen siempre una caja de depósito de sesenta y seis 
centímetros en cuadro cuyo, fondo está á dos metros veinticinco 
centímetros abajo del nivel de la calle. El albañal en todo el 
espesor del muro de la caja es rectangular y de diez centímetros 
de altura por veinte de latitud; después su sección es circular 
y de diez y seis centímetros de diámetro; enfrente de la abertu- 
ra rectangular c|ue forma el origen del albañal, hay una panta- 
lla de lámina de fierro, que al principio obraba como cerradura 
hidráulica, pero ahora está perforada por dos agujeros de dos 
centímetros y medio de diámetro y es más bien una coladera 
que impide que entren á la atarjea los cuerpos flotantes; está 
suspendida de una visagra y se puede levantar en caso de obs- 
trucción del albañal. En Berlin se evita siempre situar las cola- 
deras en las intersecciones de las calles ó cerca de ellas; se les 
distribuye más bien á lo largo de las aceras. 

En Viena no han observado una regla fija para la colocación 
de las aberturas de las coladeras, pues unas veces, como en Pa- 
rís, están en las guarnición de las banquetas, y con aberturas 
de diez centímetros por treinta, y otras veces en el arroyo y 
cubiertas con una reja de forma rectangular que tiene treinta 
y dos centímetros por cuarenta y siete. Muchas coladeras tie- 
nen caja de depósito, sobre todo en los suburbios, pero es muy 
rara la que está provista de una cerradura hidráulica. La co- 
nexión con la atarjea se hace bajo un ángulo recto, por medio 
de un albañal que tiene de noventa centímetros á un metro de 
altura. Las coladeras están distribuidas á lo largo de las aceras, 
nunca se les pone en las esquinas. Los arroyos son de siete á 
diez centímetros de profundidad abajo de la guarnición. 

En Liverpool las aberturas de las coladeras están colocadas 
en los arroyos y cubiertas con una reja de treinta centímetros 
por treinta y cinco, que descansa sobre un cuadro de fierro co- 
lado de veinte centímetros de altura; las barras de la parilla 



108 

tienen once centímetros de altura, tres centímetros de grueso 
y están separadas tres centímetros una de otra. Todas las co- 
laderas están provistas de cajas de depósito y cerradura hidráu- 
lica, siendo la profundidad de la caja un metro treinta y siete 
centímetros abajo del nivel del arroyo; la cerradura hidráulica 
está formada por una losa que se introduce treinta y cinco cen- 
tímetros en el agua que contiene la caja, quedando el borde in- 
ferior de esta losa á treinta y cinco centímetros arriba del fondo 
de la misma caja. El albañal es un tubo de veintitrés centíme- 
tros de diámetro. Las coladeras distan entre sí de sesenta á 
noventa metros y están colocadas siempre arriba de los puntos 
de intersección de las calles. 

En Hamburgo las aberturas están siempre en el arroyo y 
cubiertas con una parrilla de treinta y ocho centímetros por 
cuarenta y tres, la profundidad del arroyo es de diez y ocho 
centímetros donde está la coladera y se reduce á ocho en los 
puntos más lejanos de ella. En la construcción abajo de la pa- 
rrilla se usan dos disposiciones distintas: en ciertos casos hay 
una caja de depósito y en otros hay sólo un tubo vertical de 
pequeña altura que se enlaza al albañal por medio de una cur- 
va; el primer sistema se emplea cuando las calles están parcial 
ó totalmente macadamizadas, y el segundo cuando tienen em- 
pedrado ú otra clase de pavimento. Las cajas de depósito mi- 
den cuarenta y tres centímetros en cuadro y un metro veinte 
centímetros de profundidad abajo del nivel de la calle, estando 
el origen del albañal á cuarenta centímetros arriba del fondo; 
este albañal es un tubo de barro de veintitrés centímetros de 
diámetro. La disposición más frecuente es la de un tubo verti- 
cal de ladrillo de treinta centímetros de diámetro, y para que 
el enlace de este tubo se verifique de un modo conveniente, la 
caja que sostiene á ésta se reduce en el fondo á un círculo de 
treinta centímetros de diámetro. Ninguna coladera tiene cerra- 
dura hidráulica; pero comunmente hay sobre la atarjea un pozo 
de visita ó un pozo de ventilación cerca del punto donde desem- 
boca el albañal, por cuya circunstancia la circulación del aire en 
éste se verifica hacia abajo, pues el albañal se inserta en la atar- 



109 

jea á la altura del arranque de la bóveda. Las coladeras están 
por lo general á una distancia de cuarenta y tres metros y muy 
rara vez en la intersección de las calles. 

En Frankíbrt las aberturas de las coladeras están colocadas 
en los arroyos y tienen una parrilla horizontal de cuarenta y 
cinco centímetros por treinta y tres; el bastidor de fierro cola- 
do que recibe á esta parrilla es oblongo y por su forma de em- 
budo se reduce hasta tener, á treinta centímetros de profundi- 
dad, una sección elíptica de quince centímetros por veinticinco. 
Este bastidor reposa sobre una caja de depósito formada por 
un tubo de barro ó de fierro, de cuarenta y cinco centímetros 
de diámetro, que se extiende hasta dos metros treinta centíme- 
tros abajo del nivel del piso; á un metro cuarenta centímetros 
comienza el albañal que es un tubo de barro de quince centí- 
metros de diámetro, que por una corta longitud se dirige hacia 
arriba con el objeto de formar una cerradura hidráulica. Den- 
tro del pozo hay una cubeta de lámina de fierro con una asa 
para levantarla, y que tiene treinta y ocho centímetros de diá- 
metro y setenta y seis de altura; esta cubeta en la parte supe- 
rior está perforada por un gran número de agujeros, con el ob- 
jeto de que sólo se detengan los objetos voluminosos. Las co- 
laderas distan entre sí de treinta y seis á cuarenta y cinco 
metros. 

En Dantzic las coladeras tienen sus aberturas en los arroyos, 
y están cubiertas con una parrilla móvil de veinticinco centíme- 
tros por treinta y cinco, colocada sobre un bastidor de cuarenta y 
cinco centímetros por sesenta; todas tienen caja de depósito cu- 
ya profundidad es de un metro setenta y cinco centímetros aba- 
jo del nivel de la calle; el albañal es un tubo de barro de quin- 
ce centímetros de diámetro, que parte de la caja de depósito á 
un metro veinte centímetros abajo de la superficie, dirigién- 
dose hacia arriba en un corto tramo con el objeto de formar la 
cerradura hidráulica. Las coladeras están á sesenta metros de 
distancia y por lo general en las intersecciones de las calles. 

En Brighton las aberturas de las coladeras están en los arro- 
yos y cubiertas por una parrilla de sesenta y ocho centímetros 



110 

por cuarenta. La mayor parte de las coladeras son de fierro y 
constituidas por una simple caja que tiene la misma sección de 
la parilla y ochenta y cuatro centímetros de profundidad; hay 
algunas de mayores dimensiones, pues tienen cincuenta y tres 
centímetros por noventa y cuatro de sección; y un metro sie- 
te centímetros de profundidad. Hay además otras construidas 
con betón, y de un metro veinte centímetros por sesenta de sec- 
ción, por un metro cincuenta centímetros de profundidad, for- 
mando una gran caja de depósito, de la cual parte á cincuenta 
y tres centímetros del fondo, un tubo de veintitrés centímetros 
de diámetro para formar el albafial. Estas cajas de depósito no 
tienen cerradura hidráulica; pero las de fierro sí la tienen forma- 
da por una tapa cóncava que cubre el origen del albañal; dicha 
tapa entra en el agua quince centímetros y el fondo de la caja 
está cuarenta centímetros abajo del origen del tubo. Las cola- 
deras están á una distancia de cuarenta y cinco á noventa me- 
tros. 

En Oxford las aberturas están en los arroyos y cubiertas por 
una parrilla de treinta y cinco centímetros por cuarenta y cin- 
co; todas tienen caja depósito de un metro siete centímetros de 
profundidad, y una cerradura hidráulica; el albañal comienza á 
cuarenta y cinco centímetros arriba del fondo. 

En la mayor parte de las ciudades de los Estados Unidos que 
visité, las coladeras tienen sus aberturas en la guarnición de 
las banquetas sin parrilla ninguna que impida la caída de los 
cuerpos voluminosos en el interior de las cajas de depósito de 
que están provistas por lo general, tienen también una cerradu- 
ra hidráulica y están colocadas en las esquinas. 

Por esta descripción que acabamos de hacer, se ve que las 
diferencias esenciales en la práctica que se observa en lo que 
se refiere á las coladeras, son: que la abertura esté calocada en 
el arroyo ó en la guarnición de la banqueta; en que exista ó no 
la caja de depósito; en que haya ó no una cerradura hidráulica, 
en las dimensiones y en algunos detalles de construcción de 
cada una de estas diversas partes, y por último, en la distribu- 
ción de las coladeras. 



111 

La abertura ele la coladera, con muy pocas excepciones, en 
Europa está en el arroyo y provista de una parrilla, mientras 
que en América sucede lo contrario, porque casi siempre está 
en la guarnición de la banqueta y sin parrilla; la primera dispo- 
sición es necesaria cuando las circunstancias exigen que se evi- 
te en lo absoluto la entrada de los cuerpos voluminosos á la 
atarjea; la segunda sólo se puede admitir, cuando la entrada de 
esos cuerpos no ocasionen ningún mal, porque la corriente sea 
bastante poderosa para desalojarlos. Es cierto que las parrillas 
suelen taparse con las hojas de los árboles y las basuras de las 
calles y que esto es un inconveniente; pero también es verdad 
que si estos objetos y sobre todo las piedras, no son detenidos 
por las parrillas, pueden llegar á obstruir las atarjeas y una vez 
allí, es mucho más difícil removerlas, y por lo tanto el inconve- 
niente es más grave todavía. Creo por esto que en México de- 
ben colocarse las aberturas en los arroyos, cubriéndolas con una 
parrilla en todos casos. 

La supresión de las cajas de depósito, presenta el mismo in- 
conveniente que la de las parrillas, y sin duda por esta razón 
vemos que sólo en París y en Hamburgo las suprimen como re- 
gla general, y las usan en casos excepcionales. En París lo ha- 
cen así porque siguen la absurda práctica de arrojar intencio- 
nalmente las barreduras de las calles al interior de ciertas atar- 
jeas, con el objeto de hacerlas desaparecer pronto; de allí las 
levantan y transportan por los mismos medios que emplean pa- 
ra los azolves naturales. En Hamburgo, confían el cuidado de 
arrastrar esos depósitos de materias que no deberían entrar á las 
atarjeas, á los golpes de agua que dan periódicamente para la- 
var esos conductos. 

Al ocuparnos de las pendientes y secciones del sistema de 
atarjeas que proponemos para México, vimos que se ha tratado 
de que la velocidad que el agua pueda adquirir en ellos, nunca 
sea menor que sesenta centímetros por segundo, pero que será 
mayor en muchos casos; con esta velocidad la corriente arras- 
trará los cuerpos que no sean muy densos; pero si entran pie- 
dras ú otros objetos tan densos como este material, no podrán 



112 

ser arrastrados por el agua y sería necesario recurrir á otro sis- 
tema para desalojarlos, haciendo más costosa y difícil la limpia 
de las atarjeas. Algunas veces se ha objetado á las cajas de de- 
pósito, que el agua que en ellas se detiene entra en descompo- 
sición y despide mal olor; pero esto, en primer lugar, sólo tiene 
graves inconvenientes cuando arrojan á la calle los desechos de 
las habitaciones y estos van por los arroyos á caer á las cajas 
de depósito, porque esos desechos están cargados de materias 
orgánicas que en poco tiempo producen miasmas perjudiciales 
á la salud; en segundo lugar, las cajas de depósito son más ac- 
cesibles que las atarjeas y por esto se pueden conservar más 
fácil y económicamente hmpias y expeditas. 

Aquí, entre nosotros, no se ha de permitir que ninguna casa 
construida en calle donde hay una atarjea, arroje sus desechos 
sobre el pavimento, y por lo mismo el agua de las cajas de de- 
pósito, no entrará en descomposición en muy poco tiempo, y 
como estas cajas son el único medio eficaz que se conoce para 
impedir el acceso á las atarjeas de los cuerpos que puedan obs- 
truirlas, nosotros somos de opinión de que se deben construir 
admitiéndolas en el sistema de desagüe de la Ciudad. 

No tenemos la misma opinión respecto de las cerraduras hi- 
dráulicas que hemos visto que en ciertas ciudades establecen 
en las cajas de depósito, pues creemos que se les debe proscri- 
bir en lo absoluto, por las razones que damos á continuación. 
Es un hecho ya bien demostrado, que todas las cerraduras hi- 
dráulicas, á las que aquí se les llama impropiamente cespul, no 
previenen sino muy incompletamente el paso de los gases, y 
esto sólo cuando el agua que contienen está fresca todavía, por- 
que al cabo de muy poco tiempo se satura de gases que pasan 
á través de ella en abundancia; no son, pues, las cerraduras hi- 
dráulicas un remedio eficaz que prevenga en lo absoluto la sa- 
Hda de los gases de la atarjea por las aberturas de las coladeras, 
pero en cambio, si se establecen las cerraduras, implícitamente 
se admite la necesidad de que las cajas de depósito contengan 
agua en todas épocas del año, y si se examinan nuestros regis- 
tros meteorológicos, se observa que casi toda la lluvia que en 



113 

México se precipita, cae de Mayo á Octubre, no siendo raro que 
de Noviembre de un año á Abril del siguiente, pasen hasta dos 
y aún tres meses sin que caiga una sola gota de agua; luego, si 
las cajas de depósito tuvieran que contener agua en todas las 
épocas del año, sería necesario llenarlas artificialmente durante 
seis meses por lo menos, y no creemos necesario empeñarnos 
en demostrar que en la mayor parte de los casos, la corrupción 
del agua que se quedara abandonada por muchos días en las 
cajas de depósito, sería menos soportable que los gases de las 
atarjeas. Yo he visto prácticamente confirmado este hecho en 
algunas ciudades de los Estados Unidos y conservo muy viva 
la desagradable impresión que me causó en Cincinnati una ca- 
ja de depósito llena de agua infectísima. Creo, pues, necesario 
recomendar que no se permita nunca que las cajas de depósito 
contengan el agua por muchos días, sino que se procure Hm- 
piarlas con frecuencia, y sobre todo al terminar la época de llu- 
vias, conservándolas secas durante los meses en que no llueve, 
y una vez establecida esta condición, los obturadores hidráulicos 
serán completamente inútiles en nuestras cajas de depósito. 

Podemos fundar todavía más esta opinión, haciendo notar 
dos cosas: la primera es, que en algunas ciudades entre las que 
podemos citar á Berlín por ejemplo, habiendo establecido al 
principio las cerraduras hidráulicas, las han suprimido algún 
tiempo después, por los inconvenientes prácticos que les encon- 
traron y por la poca eficacia que tenían; la segunda observación 
que debemos hacer, es, que tenemos una gran confianza en 
los medios de que disponemos para lavar las atarjeas, y es- 
tamos seguros de que, con un poco de cuidado por parte de los 
encargados de la conservación del sistema de desagüe, los ga- 
ses de las atarjeas no serán molestos ni perjudiciales. 

La precaución que hemos visto que toman en Hamburgo, de 
colocar un pozo de ventilación sobre la atarjea, cerca de los pun- 
tos donde desembocan los albañales para la lluvia, nos parece 
muy buena y recomendamos que aquí se observe, y será una 
razón más para desvanecer el temor de que por la abertura de 
la coladera haya desprendimiento de gases nocivos. 

Desagüe de México.— 15 



114 

El tercer punto, en que difieren las coladeras de las ciudades 
que antes citamos, es en los detalles de construcción como ya 
hicimos notar. Indicaremos ahora cómo deben ser esos deta- 
lles en las nuestras, fijándonos en las dimensiones de las parri- 
llas, y sucesivamente en todo los demás. Estas dimensiones 
varían desde sesenta y ocho centímetros por cuarenta que tie- 
nen en Brighton, hasta veinticinco por treinta y cinco que tienen 
en Dantzic; en México, dada la frecuencia con que se deben es- 
tablecer los albañales para las lluvias, creemos que las dimen- 
siones convenientes son de cuarenta centímetros de diámetro. 
Los demás detalles pueden verse en la figura N? 1 del dibujo 
N? 10, y esto nos exime de entrar en más pormenores; sólo ha- 
remos notar que es conveniente que la parilla tenga una fuerte 
bisagra para impedir que la retiren de su lugar. 

Respecto á las dimensiones de la caja de depósito, y sobre 
todo á su profundidad, varía también de un lugar á otro; pero 
en Europa y los Estados Unidos, para fijar esa dimensión, se 
debe tener presente la profundidad á que penetra la helada, 
circunstancia que nosotros no necesitamos considerar, y por lo 
mismo, esas cajas sumamente profundas, no son los tipos que 
pueden servir como término de comparación para definir lo que 
á nosotros nos conviene. La sección transversal de la caja, se 
determina esencialmente por consideraciones que dependen de 
la distancia á que los albañales se colocan, y de la frecuencia 
con que se admita que se ha de hacer la limpia, pues la capa- 
cidad de esos depósitos, debe estar en razón directa de la dis- 
tancia que las separa y en razón inversa de la frecuencia con 
que se limpien; y por la íntima relación que tienen las dimen- 
siones de las coladeras con su distribución, incidentalmente nos 
ocuparemos aquí de una vez de este último punto. 

En los Estados Unidos, las coladeras están casi siempre en 
las esquinas de las banquetas, es decir en la intersección de las 
calles, mientras que en Europa las distribuyen más bien en los 
puntos intermedios. Este segundo sistema es el que nosotros 
recomendamos, porque los arroyos que sirven para conducir 
el agua á las coladeras, tienen sobre éstas su mayor profundi- 



115 

dad, y si en cualquier punto son un inconveniente para el trá- 
fico los arroyos profundos, en las esquinas, donde forzosamente 
el tráfico es mayor, el inconveniente es mayor también. En 
cuanto á la distancia á que deben establecerse, como nuestras 
calles por lo general son casi horizontales de un extremo á otro, 
el agua de los puntos lejanos de la abertura, sólo puede llegar 
á ésta por la inclinación que se dé al fondo de los arroyos, y si 
las coladeras están muy distantes entre sí, para obtener la pen- 
diente necesaria, sería preciso en ciertos lugares una profundi- 
dad considerable, que llegaría á ser peligrosa y muy molesta. 
Nuestras calles de Norte á Sur tienen de ochenta á noventa 
metros por término medio, y las de Oriente á Poniente de cien- 
to noventa á doscientos diez por regla general, y si las coladeras 
se separan entre sí de treinta y cinco á cuarenta metros, que- 
darán con la distribución que indica el diagrama del plano 
N? 11, la que con ligeras modificaciones se podrá apKcar á toda 
la Ciudad. 

Atendiendo á que las coladeras estarán bastante próximas 
unas de otras, á que establecemos como principio que se han 
de limpiar muy frecuentemente y á que no tenemos que preocu- 
parnos por los fuertes descensos de temperatura, las cajas de 
depósito no necesitan las grandes dimensiones que tienen en 
Europa y aun en los Estados Unidos donde son mayores todavía. 
En el dibujo N? 2 del plano N? 10, se pueden ver las dimen- 
siones de cada una de sus partes y la disposición que hemos 
juzgado más conveniente para la coladera en general, que se 
asemeja mucho á las de Frankfort, y que satisface á dos condi- 
ciones importantísimas, el ser de muy económica construcción 
y pudiéndose limpiar con extraordinaria facilidad y rapidez. 

Los albañales que reciben el agua pluvial, son casi siempre 
tubos de barro de quince á veintitrés centímetros de diámetro; 
sólo se exceptúan de esta regla, Viena, París, y aquellas ciuda- 
des donde las aberturas de las coladeras no están provistas de 
una parilla que impida el acceso á la atarjea, de los cuerpos vo- 
luminosos, pues en este último caso, llegan á tener los albaña- 
les hasta treinta centímetros de diámetro. En París y Viena, 



116 

tienen dimensiones exageradas, porque están construidos bajo 
el principio de que se ha de entrar á ellos por las atarjeas para 
limpiarlos á mano. La cantidad de agua que esos albañales de- 
ben conducir á la atarjea, pasaría sin dificultad por tubos que 
no tuvieran arriba de ocho á diez centímetros de diámetro; pero 
conviene no hacerlos menores de quince centímetros, para que 
no se obstruyan fácilmente, no se deben establecer mayores, 
porque sería más costoso y no resultaría de ello una ventaja 
real y positiva. 

Gomo se puede ver en el dibujo N? 10 á que antes hicimos 
referencia, la disposición del albañal permite limpiarlo desde 
la caja de depósito en el caso remoto de que llegara á obstruirse. 
Respecto á los arroyos que conducen el agua á las coladeras, 
sus dimensiones varían desde sesenta centímetros de profundi- 
dad que tienen en la parte antigua de Berlín, hasta llegar á ser 
una pequeña depresión producida simplemente por el bombeo 
de la calle. Los arroyos profundos, además de ser pehgrosos 
para los transeúntes y carruajes, detienen una gran cantidad de 
basura que á veces se corrompe y forma un foco de infección. 
Aquí en México, desde ahora se acostumbra que los arroyos no 
tengan sino diez ó doce centímetros de profundidad; y es la 
práctica que se debe continuar por ser la más conveniente. 

Para mayor claridad concretamos los diversos puntos que se 
deben tener presentes al construir las coladeras, en las reglas 
siguientes: 

1') — Las aberturas de las coladeras estarán siempre en el 
arroyo y cubiertas con una parrilla ó reja de fierro colado que 
tendrá cuarenta centímetros de diámetro. 

2? — En todos casos habrá debajo de la parrilla una caja de 
depósito con las dimensiones que indica el dibujo, y estará for- 
mada por un tubo de barro ó de fierro. 

3^ — Ninguna de estas cajas contendrá una cerradura hidráu- 
lica, pues entre las reglas para la conservación del sistema de 
atarjeas, se debe establecer la de que dichas cajas no han de 
contener agua, sobre todo en la época de secas. 

4a — Dentro de la caja habrá siempre una cubeta de lámina 



117 

de fierro para que en ella caigan los cuerpos sólidos que no 
han de entrar á la atarjea, y sean extraídos de la caja íacil y 
rápidamente. 

5* — Los albañales que han de llevar el agua á la atarjea se- 
rán tubos de barro de quince centímetros de diámetro. 

6'} — Se procurará que los pozos de visita, los pozos para lám- 
para y los pozos de ventilación, queden lo más cerca que sea 
posible de los puntos donde desembocan los albañales para la 
lluvia, con el objeto de que los gases de la atarjea no tiendan 
á salir por la abertura de la coladera. 

7* — Los arroyos estarán formados por la simple depresión 
que produzca el ligero bombeo de la calzada al terminar en la 
línea de la guarnición de la banqueta, y nunca excederá su pro- 
fundidad de diez á doce centímetros. 

8? VENTILACION DE LAS ATARJEAS. 

Las emanaciones pestilentes que se desprenden de las mate- 
rias orgánicas que entran en descomposición, fueron conside- 
radas como insalubres deste tiempo inmemorial. Las primeras 
atarjeas que se construyeron, demasiado imperfectas para que 
por ellas corrieran libre y fácilmente los desechos líquidos de 
las habitaciones, se obstruían frecuentemente con los cuerpos 
sóhdos que dichos líquidos llevaban en suspensión y que se de- 
positaban poco á poco en los conductos de desagüe; esos cuer- 
pos sólidos, cuando por sí mismos no eran susceptibles de 
entrar en descomposición, como la tierra por ejemplo, estaban 
por lo menos impregnados de materias infectas y eminente- 
mente putrescibles que á veces no tardan sino unas cuantas ho- 
ras en descomponerse cuando permanecen en reposo; así es 
que prácticamente se puede decir que los inconvenientes que 
traen consigo los gases que se desprenden de las malas atar- 
jeas, se presentaron al mismo tiempo que se construyeron los 
primeros conductos de desagüe interior de las ciudades. Los 
modernos adelantos de la higiene han venido á demostrar que 
el peligro real no está precisamente en los gases desagradables 



118 

al olfato, y que si bien es verdad que se debe desconfiar siem- 
pre de los malos olores que suelen traer consigo los gérmenes 
de insalubridad, también es cierto que á veces estos vienen so- 
los, sin que nuestros sentidos nos revelen su presencia, y por 
lo mismo, es enteramente indispensable evitar que la atmósfe- 
ra que respiramos se contamine con las emanaciones de lo que 
por uno ú otro motivo puede llegar á ser un foco de infección. 
Luego, si con las antiguas ideas era enteramente indispensable 
ventilar bien las atarjeas para impedir que los olores desagra- 
dables molestaran al olfato y produjeran enfermedades, las ideas 
modernas reclaman todavía más imperiosamente esa ventila- 
ción conveniente de los conductos de desagüe, puesto que aun 
en las buenas atarjeas puede haber desprendimiento de gases 
nocivos para la salud sin que sean desagradables al olfato. 

El asunto que nos ocupa ha estado, pues, en estudio por 
muchos años, pero no fué sino á mediados del presente siglo, 
al mismo tiempo que todo lo que se refiere al saneamiento de 
jos centros de población, recibió un grande impulso cuando se 
le prestó toda la atención que merecía, y aún antes de que se 
establecieran otros principios que hoy sirven de base para la 
construcción de los desagües interiores de las ciudades, la pri- 
mera idea que surgió naturalmente fué la de libertarse de las 
emanaciones pestilentes que de tales desagües se desprenden. 

Para lograr esto, se han propuesto muchos medios distintos, 
de los cuales unos han dado buenos resultados prácticos y otros 
han sido abandonados por ineficaces, después de cierto tiempo 
de haber estado en uso. Todos estos medios pueden clasifi- 
carse en dos grandes clases, que son: aquellos en que para pro- 
ducir el movimiento de los gases se emplean las fuerzas natu- 
rales, y aquellos en que el mismo movimiento se produce por 
fuerzas artificiales. 

Las fuerzas naturales capaces de producir el movimiento de 
los gases en el caso que consideramos, son: 1^ La diferencia 
de temperatura entre el aire ambiente y la del interior de las 
atarjeas; 2? El cambio de volumen de los líquidos que circulan 
por los conductos; 3') El rozamiento de estos líquidos en mo- 



119 

vimiento con la capa gaseosa que está en contacto con ellos 
4^ Las corrientes de aire que se introducen por la desemboca- 
dura de las atarjeas; 5=} La aspiración producida por las corrientes 
de aire, tanto en las aberturas de las coladeras y los pozos de 
ventilación, como en la parte alta de los tubos adaptados al ob- 
jeto, ya sea directamente, ya por medio de aparatos especiales 
colocados en esos tubos. 

La diferencia de temperatura en el exterior y el interior de 
las atarjeas puede producir en ciertos casos una ventilación 
bastante activa, pues mientras que en el aire ambiente hay gran- 
des variaciones de temperatura, la del interior de las atarjeas 
permanece casi estacionaria, siendo sus oscilaciones poco no- 
tables no sólo del día á la noche sino aun comparando las ob- 
servaciones hechas en distintas épocas del añd, resultando que 
la temperatura en el interior de los conductos, es unas veces 
superior y otras inferior á la del aire ambiente, y por lo mismo 
los gases en ciertos casos tienden á subir por los pozos y aber- 
turas, y en otros á bajar. 

Una modificación cualquiera en el volumen del agua que pa- 
sa por las atarjeas, tiende á producir como es natural, una va- 
riación equivalente en el volumen de los gases contenidos en 
ella, y esas variaciones tienen lugar todos los días, puesto que 
varía la cantidad de líquidos que á distintas horas desechan las 
habitaciones, pero los cambios más notables se verifican en los 
momentos de lluvia y cuando se introduce el agua para lavar 
las atarjeas. 

La observación demuestra que una corriente de agua, cual- 
quiera que ella sea, arrastra consigo una cierta cantidad de ai- 
re, y esto se verifica no sólo cuando el agua se desaloja bajo la 
forma de un chorro vertical, sino también cuando se mueve en 
tubos con pequeña inclinación. La cantidad de aire desalojada 
depende de la velocidad del agua y de la superficie de contac- 
to de los dos cuerpos de que nos ocupamos. 

Las corrientes de aire que pasan por las desembocaduras de 
las atarjeas, pueden comprimir á los gases en el interior de es- 
tos conductos si soplan en el sentido de la pendiente aseen- 



120 

dente, ó bien rarificarlos si dicha corriente se mueve en sentido 
contrario. 

Este último efecto se produce también cuando por la ciudad 
pasa una corriente de aire,, que arrasta cierta cantidad de los 
gases contenidos en el interior de los pozos y tubos de ventila- 
ción, porque el aire exterior comunica su movimiento á las ca- 
pas superiores de los gases contenidos en dichos tubos ó pozos, 
y de esto resulta un desequilibrio en la masa gaseosa que llena 
á los conductos de desagüe, produciéndose un fenómeno seme- 
jante al que sirve de fundamento á los inyectores y á ciertos 
pulverizadores. 

La ventilación artificial puede hacerse de dos maneras dis- 
tintas; ya sea aumentando, ya disminuyendo la presión de los 
gases en el intefior de las atarjeas; y es evidente que en los 
puntos próximos al generador de fuerza, la diferencia entre la 
presión interior y la del aire ambiente debe ser considerable; 
pero si la atarjea está comunicada frecuentemente con la at- 
mósfera y si las cerraduras hidráulicas de las casas, no son bas- 
tante fuertes para resistir al desequilibrio de las fuerzas que 
obran sobre el líquido de uno y otro lado, esa diferencia de pre- 
siones, disminuirá con gran rapidez y será insensible á muy cor- 
ta distancia del generador. 

Estos son, en términos muy generales, los medios con que se 
cuenta para resolver el problema de la ventilación de las atarjeas; 
todos ellos se han empleado ya y se han estudiado tanto, que 
al ocuparnos de este punto es muy interesante dar á conocer 
las disposiciones con que se aprovechan las fuerzas que breve- 
mente acabamos de enumerar y los resultados obtenidos, y an- 
te la importancia de este estudio, es secundaria la que tiene la 
descripción de los métodos de ventilación que se emplean en 
las diversas ciudades cuyos sistemas de desagüe hemos venido 
comparando, pues de las conclusiones generales á que se ha 
llegado, se puede deducir lo que nosotros debemos hacer, más 
bien que de hechos que pudieran considerarse como aislados y 
tal vez no suficientemente discutidos. Vamos por esto á ocu- 
parnos de preferencia de hacer un análisis general y después 
lo concretarémos á diversos casos especiales. 



121 

La aplicación de las fuerzas naturales á la ventilación de las 
atarjeas, tiene que ser y es de tiecho más económica y sobre 
todo más eficaz que los medios artificiales. Es enteramente in- 
necesario hacer alguna consideración que tienda á demostrar 
que hay alguna ventaja por lo que á la economía se refiere cuan- 
do se usan las fuerzas naturales, y para demostrar que la hay 
respecto á la eficacia, basta decir que las fuerzas naturales obran 
automáticamente, mientras que los medios artificiales exigen 
cierto cuidado y atención c[ue puede faltar en muchos casos. 

El aprovechamiento de las fuerzas naturales merece, pues, 
un examen detenido, y por esto vamos á ocuparnos de los me- 
dios que se emplean para facilitar su acción. 

Dijimos, hace poco, que esas fuerzas tienden unas veces á ha- 
cer que el aire se introduzca en las atarjeas y otras impulsan á 
los gases contenidos en éstas á salir al exterior; luego si se fa- 
cilita la comunicación de esos gases entre sí, se obtendrá una 
ventilación natural y casi constante. Esta comunicación se es- 
tablece por medio de pozos ó chimeneas: en Frankfort, por ejem- 
plo, se han construido grandes chimeneas en la parte más alta 
de los conductos principales; el aire viciado que éstos contie- 
nen sale por ellas muy bien, pero como se puede obtener el 
mismo resultado por otros medios más económicos, no está jus- 
tificado el gasto considerable que ocasiona la instalación de las 
grandes chimeneas. En ciertos casos se han empleado los pos- 
tes de las lámparas de gas como tubos de ventilación; así se hi- 
zo en Glasgow, por ejemplo, con la esperanza de que el calor 
desarrollado por los picos de gas que ellas contenían, produje- 
ran un tiro que acelerara el movimiento de la atmósfera interior 
de los conductos de desagüe; la práctica ha demostrado que ese 
efecto no se produce, puesto que se observa frecuentemente, 
que en ciertos casos, á pesar de que el gas arde en la lámpara, 
la corriente gaseosa en el poste es descendente; se ha prescin- 
dido por esto de la idea primitiva, pero se han seguido usando 
los postes de gas como tubos de ventilación, con el objeto de 
llevar los gases á una altura conveniente para que no molesten 
á los transeúntes. 

Desagüe de México.— 16 



122 

Se han usado también como ventiladores de las atarjeas, los 
tubos que reciben en las casas el agua pluvial; pero se han he- 
cho á está práctica varias objeciones, diciendo que por lo gene- 
ral no están bastante bien construidos para estar seguros de 
que no dejarán escapar en el interior de las casas una parte de 
los gases que contienen: además, no funcionan como ventilado- 
res en los momentos en que más se necesita, es decir, durante 
la lluvia; y no funcionan por dos razones: primero, porque la 
columna de agua descendente arrastra consigo cierta cantidad 
de aire y lo forza á entrar á la atarjea precisamente cuando el 
agua que va subiendo en ésta poco á poco, tiende á desalojar 
á los gases contenidos en ella; y segundo, porque tan pronto 
como el agua de la atarjea cubre la desembocadura de los al- 
bañales que conducen el agua de las casas, se obstruye por com- 
pleto la sahda de los gases contenidos en la atarjea arriba de 
dicha desembocadura. 

Los albañales que sirven para conducir los desechos de las 
habitaciones, también se usan mucho en la actualidad para ven- 
tilar las atarjeas, prolongándolos arriba de los techos de las 
casas, y esta práctica presenta menos objeciones que la del em- 
pleo de los tubos para la descarga del agua pluvial, pues por 
el hecho de que ya se sabe de antemano que dichos albañales 
han de contener materias infectas, se pone más cuidado en su 
establecimiento; por otra parte, prácticamente se ve que los al- 
bañales de las casas están siempre más sucios y son más infec- 
tos que un sistema de atarjeas regularmente conservado, y por 
esta razón si de;ian escapar algunos gases, sin duda alguna se- 
rán más nocivos los que produce el albañal mismo que los que 
provienen de la atarjea, y hay quien pretenda que éstos no au- 
mentarán los inconvenientes de los escapes. La principal ob- 
jeción que se puede hacer al sistema de ventilar los conductos 
de desagüe por medio de los albañales de las casas, sobre todo 
cuando es el único medio de que se dispone, es que en los mo- 
mentos de huvia se detiene la ventilación tan luego como se 
eleva el nivel del agua arriba de la desembocadura del albañal, 
lo cual se podía evitar insertando dichos conductos en la parte 



123 

más alta de la atarjea; pero entonces se hace muy molesta la 
inspección de ésta, cuando tiene las dimensiones convenientes 
para que se pueda entrar á ella, y sería necesario además, es- 
tablecerla á mayor profundidad que cuando se insertan los al- 
bañales en los arranques de las bóvedas. En Europa y en todos 
los lugares en que el clima es muy riguroso, tiene el sistema 
que nos ocupa la ventaja especial de que cuando no se puede 
verificar la ventilación por las aberturas de las calles, porque 
estén cubiertas de nieve, siempre quedan expeditos los tubos 
de los albañales para que por ellos se escapen los gases noci- 
vos; esta es una ventaja que no tiene valor entre nosotros, pe- 
ro á ella se debe atribuir esencialmente la diferencia de opi- 
niones que hay acerca de la conveniencia de ventilar los con- 
ductos de desagüe por medio de los albañales de las casas, pues 
se nota que en Inglaterra, donde la cantidad de nieve que cae 
durante el invierno es mucho menor que la que se precipita en 
varias ciudades de Alemania, tales como Hamburgo, Berlin, 
Frankfort, Dantzic y algunas otras, se considera como malo el 
sistema de permitir que salgan los gases de la atarjea pasando 
por las casas, mientras que en estas ciudades alemanas que aca- 
bamos de citar, es el sistema que de preferencia se recomien- 
da, porque las ventilas de las calles se obstruyen con frecuen- 
cia durante el invierno. 

A pesar de que esta idea prevalece en Alemania, aquí donde 
no cae nieve jamás en cantidades que puedan ocasionar per- 
juicio alguno, debemos seguir la costumbre inglesa de ventilar 
las atarjeas de preferencia por medio de pozos de visita, de los 
pozos para lámpara y aun por medio de pozos especiales. Este 
es sin duda alguna el medio más expedito, el más económico 
y á la vez el más eficaz para conseguir una buena ventilación; 
el más expedito porque está todo bajo la vigilancia inmediata 
de la autoridad, sin que sea preciso cuidar elementos que de- 
penden de la propiedad particular; el más económico porque 
los pozos de visita y para lámpara son enteramente indispen- 
sables para los fines que indicamos oportunamente, y con muy 
pequeñas modificaciones se pueden hacer propios para la ven- 



124 

tilación, y el más eficaz, porque es el que establece más fácil y 
directamente la comunicación entre la atmósfera de la atarjea , 
y el aire ambiente, presentando los conductos menor resisten- 
cia que en cualquier otro sistema, al paso de los gases. 

Pudiera creerse que la salida de estos gases de las atarjeas á 
las calles presentara graves inconvenientes, y para desvanecer 
este temor, bastará tener presentes dos consideraciones muy 
importantes: la primera es que á medida que los gases salen 
se difunden rápidamente, y el grado de saturación de la atmós- 
fera varía como el cubo de la distancia á que está el punto de 
salida; la segunda, la de más peso, es que los gases contenidos 
en las atarjeas sólo son molestos y perjudiciales cuando esos 
conductos no están propiamente conservados, es decir, cuando 
no se les mantiene con el grado de limpieza en que debe estar 
un buen sistema de atarjeas, pues la práctica ha demostrado 
de un modo evidente, que cuando están regularmente limpias, 
el olor que de ellas se desprende, si hay alguno, es casi imper- 
ceptible. 

En ciertas ciudades donde no ha sido posible satisfacer á es- 
ta condición de que las atarjeas se conserven suficientemente 
limpias para que no se desprenda de ellas mal olor, han recu- 
rrido á varios medios para prevenir la molestia que éste pro- 
duce á los transeúntes. Entre esos medios el más barato y efi- 
caz es el que consiste en hacer pasar los gases de la atarjea 
antes de que salgan á la atmósfera, al través de una masa de 
carbón de madera, colocada en un canasto, en una espiral ó 
de alguna otra manera. El poder absorbente del carbón se em- 
plea en este caso para detener los gases molestos. El medio es 
bastante eficaz con tal de que el carbón se renueve á cortos in- 
tervalos de tiempo y que se conserve perfectamente seco; el 
gasto que se necesita erogar y el cuidado constante que se re- 
quiere para satisfacer á estas dos concüciones, son tan grandes, 
que en algunos lugares como en Brighton, donde se empleó el 
sistema hace algún tiempo, hoy se ha abandonado por comple- 
to. Pero no son, sin embargo, el gasto y el trabajo los únicos 
inconvenientes que presenta el uso del carbón, hay otro que es 



125 

verdaderamente grave y que debe tenerse en cuenta para no 
j-ecomendarlo; este es que el carbón detiene cierta cantidad de 
gases desagradables al olfato, pero no está demostrado que de- 
tenga también á los gérmenes ó microbios que se desarrollan 
al mismo tiempo que dichos gases, y por lo tanto sucede en es- 
te caso lo mismo que dijimos al tratar de los comunes de tierra, 
el carbón puede ocultar hasta cierto punto que existe un peligro, 
sin destruir el peligro al mismo tiempo, y considerado bajo -es- 
te punto de vista puede presentar más inconvenientes que ven- 
tajas, á tal grado que conviene más no usarlo. 

Al referirnos á los diversos medios propuestos para ventilar 
artificialmente las atarjeas, haremos constar las opiniones que 
desde hace mucho tiempo han venido emitiendo diversas per- 
sonas muy competentes en la materia, primero para que se 
comprenda que este es un punto perfectamente bien estudia- 
do y después para fundar mejor nuestras conclusiones. 

El Sr. W. Haywood, ingeniero del "London City Commisio- 
ners of Sewers," hablando en un informe acerca de la ventila- 
ción de las atarjeas de Londres, dice lo siguiente: 

"He examinado el asunto con el mayor cuidado, y aunque 
mis investigaciones me conducen á la conclusión de que el ac- 
tual sistema está muy lejos de ser perfecto, también he podido 
deducir que cualquier medio que se proponga con el objeto de 
mejorar la ventilación, encuentra con un sinnúmero de dificul- 
tades que por de pronto parecen insignificantes, pero que cuan- 
do se examinan de cerca son tan formidables que se les puede 
calificar de invencibles." 

Uno de los medios que á primera vista parece muy sencillo 
para ventilar las atarjeas, y que se ha ensayado desde hace más 
de treinta años, es el de construir grandes chimeneas en las 
que se produce el tiro sosteniendo en hornillas especiales un 
fuego constante. El mismo Sr. Haywood se expresa de este 
sistema en los términos siguientes: 

"Mi opinión es que será extremadamente difícil conseguir un 
buen resultado por este medio; pero que si alguno diera, sería 
sólo á costa de un gasto enorme, y las dificultades que hbríaa 



126 

que vencer serían gigantescas La diferencia entre una mi- 
na y una atarjea es una diferencia esencial una mina no 

tiene sino una entrada y una salida para la ventilación, mien- 
tras que una atarjea tiene millares de aberturas; todas estas 
aberturas están variando sus condiciones de un modo incesan- 
te, pero si por un momento se supone que todo un distrito es- 
tuviera arreglado de tal manera que la chimenea fuera suficien- 
temente poderosa para ventilar bien sus atarjeas, bastaría que 
se abriera un excusado, que se levantara la tapa de un pozo 
de visita, que se hiciera un agujero para colocar un albañal, o 
en fin, que por cualquiera causa se hiciera en algún punto una 
abertura de un pie cuadrado, para destruir todo el poder de la 
hornilla; y á menos de que se dispusiera de un poder gigantes- 
co, capaz de sobreponerse á todas estas casualidades, el sistema 
todo fracasaría por completo." 

Sir J. W. Bazalgatte, tratando del mismo asunto, dice: 
"Es imposible arreglar las atarjeas como están arregladas las 
minas con el objeto de ventilarlas, porque es imposible cerrar 
los conductos de los desechos y permitir que éstos lleguen á la 
atarjea, y á la vez impedir que el aire se introduzca por las aber- 
turas más próximas á la hornilla para alimentar la combustión. 
Una hornilla destinada á ventilar un distrito extenso, exige que 
pase por ella un volumen de aire muy considerable, y para con- 
servar la velocidad que es necesaria para que se ventilen las 
atarjeas laterales, debe haber en la principal una succión tan 
poderosa, que destruiría todas las cerraduras hidráulicas que 
pudieran oponerse á la entrada del aire, antes de que el tiro 
ejerciera alguna influencia en las atarjeas laterales distantes de 
la hornilla; pero prescindiendo de esta dificultad — que es en con- 
cepto nuestro insuperable — encontramos que el consumo de 
combustible para arrastrar la masa de aire que se necesita re- 
mover, sería enorme, aun suponiendo que se arreglaran las atar- 
jeas como están los conductos de las minas." 

Al mismo tiempo que estas opiniones eran emitidas, se esta- 
bleció una comunicación entre las atarjeas y la hornilla que 
existe en la torre del reloj del Palacio del Parlamento, que for- 



127 

ma parte del sistema de ventilación de este edificio, y se hicie- 
ron varios experimentos para demostrar la eficacia del sistema. 
La Comisión nombrada para el efecto, dijo: 

"El sistema de hornillas aun con las modificaciones introdu- 
cidas por Mr. Gurney, si puede ser eficaz para una área limita- 
da, no puede ser aplicado para la ventilación y purificación de 
las atarjeas en general." 

Además de la ineficacia, el sistema de hornillas no está exen- 
to de peligros. Durante los experimentos de que se acaba de 
hacer mención, se encontró que ciertas atarjeas contenían al- 
guna cantidad de hidrógeno carbonado, que provenía tal vez 
de algún escape de los tubos del gas de alumbrado; se recono- 
cieron esas atarjeas y se encontró que estaban aisladas de la 
hornilla por una válvula, y al levantarse ésta se produjo una 
explosión que causó considerable alarma. No es este el único 
caso de explosión que se registra, conocemos otro de una fábri- 
ca de jabón en Londres, que había comunicado su chimenea 
con las atarjeas para ventilarlas. Esta explosión fué bastante 
fuerte para destruir el establecimiento por compl'eto. 

Las circunstancias que hacen impracticable la ventilación de 
las atarjeas por medio de las hornillas y chimeneas, que son: 
la gran masa de aire que poner en movimiento y la existencia 
de innumerables aberturas, obran de la misma manera cuando 
se emplea cualquier mecanismo para activar la ventilación, pe- 
ro estos mecanismos son aún menos eficaces; el mismo Sir. J. 
W. Bazalgatte, informando acerca de ellos, dice: 

"He examinado detenidamente las ventajas relativas de las 
hornillas y de los ventiladores mecánicos, y la cantidad de com- 
bustible que requieren para extraer una cierta cantidad de ai- 
re en condiciones variadas, las corrientes de vapor, los venti- 
ladores mecánicos y cualquier otro mecanismo en que obre el 
vapor como fuerza motriz, afecta la ventilación menos satisfac- 
toriamente que las hornillas, con el mismo gasto." 

Estas opiniones son muy respetables, pero nos parece con- 
veniente incluir también aquí las conclusiones á que llegó el 
"Metropolitan Board of Works," de Londres, después de discu- 



128 

tir las experiencias heclias sobro la ventilación de las atarjeas 
durante veinte años, llamando principalmente la atención so- 
bre el hecho de que ese Consejo nombró en 1868 una Comi- 
sión especial para que estudiara la ventilación de los conductos 
de desagüe, facultándolo para que otorgara .un premio á quien 
propusiera el mejor medio para prevenir el escape de los gases 
de las atarjeas, y al mismo tiempo que previniera los peligros 
á que están sujetos los operarios que deben trabajar dentro de 
ellas. 

Después de cuatro años de estudios, experimentos y delibe- 
raciones, la Comisión informó '"que era completamente inútil, 
según podían deducir de sus investigaciones, ofrecer un premio 
por algún sistema de ventilación, pues aun cuando diera resul- 
tado en ciertas y determinadas circunstancias, no podría ser 
aplicable á toda la Metrópoli." 

El Consejo Metropolitano de Trabajos hizo suyo el informe 
de la Comisión y confirmó sus decisiones, que están clasifica- 
das como sigue: 

"A. CONCLUSIONES GENERALES. 

"1. — Debe establecerse algún medio para ventilar las atar- 
jeas, tanto para la seguridad de los operarios que trabajan en 
ellas limpiándolas ó reparándolas, como para la estabilidad de 
las atarjeas mismas, que si no se ventilan están expuestas á 
una explosión." 

"2. — El método de ventilación que se aplica á las minas, don- 
de sólo hay una abertura para la entrada del aire y otra para 
la salida, es enteramente inaplicable á las atarjeas." 

"3. — El método más eficaz y que se puede aplicar con más 
extensión para impedir que se escapen de las atarjeas emana- 
ciones dañosas, es proveer á éstas con una abundante cantidad 
de agua para diluir y remover las materias infectas, antes de 
que entren en descomposición y produzcan gases nocivos." 

"4. — La ventilación por los pozos construidos directamente 



129 

sobre las atarjeas, en el centro de la calle es una gran mejora 
respecto del antiguo sistema de ventilarlas por las aberturas de 
las coladeras al lado de las banquetas." 

"5. — Es inútil emprender grandes gastos para determinar la 
eficacia del sistema de ventilar las atarjeas por medio de hor- 
nillas y chimeneas." 

"6. — No se deben ofrecer premios por medio de avisos, para 
otorgarlos á quien presente el mejor sistema de ventilación de 
atarjeas, puesto que aun cuando un sistema de buen resultado 
en una localidad, no se deduce de esto que sea aplicable á to- 
da la Metrópoh." 

"7. — Se debe dar una gratificación de diez pesos á cualquie- 
ra persona que denuncie al Consejo y demuestre que alguna 
persona ó personas, introducen á las atarjeas que dependen de 
dicho Consejo, vapor, humos ó desechos de productos quími- 
cos ó de fábricas que pueden ser deletéreos y que no se deben 
admitir en las atarjeas según la ley." 

B. MÉTODOS DE VENTILACIÓN QUE SE HAN ENSAYADO EN DIFERENTES 

LOCALIDADES CON ÉXITO VARIABLE. 

"1. — El sistema de ventilar las atarjeas por medio de tubos 
ó chimeneas colocados en cada extremidad de la calle y pro- 
longados arriba de los techos de las casas, ha recibido la san- 
ción del ingeniero." 

"2. — El enlace de las atarjeas con los tubos para el agua plu- 
vial y otros que se llevan hasta la parte alta de las casas, se ha 
efectuado con cierto éxito, pero no es aceptable de un modo 
general, por la facilidad que hay de que el gas descienda por 
las chimeneas y ventanas de las casas, y también por la opo- 
sición de la mayor parte de los propietarios á que se coloquen 
esos tubos." 

"3. — El sistema de ventilar las atarjeas estableciendo con- 
ductos para llevar los gases á las parrillas y chimeneas de las 
fábricas y otros edificios, mejora notablemente la ventilación 
de las atarjeas en los puntos muy próximos, pero áconsecuen- 

Desagüe de México.— 17 



130 

cía del gran número de aberturas que comunican con las atar- 
jeas de la Metrópoli, es discutible si se consumen ó no por 
este sistema una gran parte de los gases nocivos que se desa- 
rrollan." 

"4.— Las ventilas con carbón de madera pueden usarse ven- 
tajosamente para desodorizar los gases que salen por los pozos 
de ventilación, y que á veces son causa de muchas quejas por 
la molestia que producen; pero por razón de que su empleo re- 
tarda la buena ventilación de las atarjeas, tales ventilas sólo 
pueden emplearse con cierta precaución y no deben aplicarse 
por lo general." 

"5. — El sistema de desodorizar los gases de las atarjeas por 
medio del ácido sulfuroso se ha empleado con cierto éxito, pe- 
ro la eficacia del ácido fué algunas veces neutralizada al poner- 
se en contacto con los vapores del agua ó de nafta." 

"6. — La molestia que ocasionan los gases nocivos que se es- 
capan por los tubos de ventilación, puede en ciertos casos evi- 
tarse por medio de un aparato del cual se desprende cloro y 
que se coloca en el pozo." 

"7. — En el caso de que una atarjea haya estado comunicada 
algún tiempo con una chimenea, y que la comunicación entre 
la chimenea y las hornillas se haya interrumpido, no es de 
aconsejarse que á la acción del fuego se sustituyan corrientes 
de gas." 

"8. — La molestia que ocasionan los pozos de ventilación pue- 
de remediarse temporalmente, sustituyendo á las rejas una ta- 
pa llena que sólo se quita cuando haya trabajadores en el inte- 
rior de la atarjea." 

"9. — En ciertos casos se han empleado con ventaja para re- 
gularizar la ventilación de las atarjeas, válvulas, pantallas flexi- 
bles ú otras disposiciones análogas." 

C. — VARIOS PROYECTOS QUE DE TIEMPO EN TIEMPO SE HAN PRESEN- 
TADO AL CONSEJO Y QUE SE REFIEREN Á LA VENTILACIÓN DE LAS 
ATARJEAS. 

"1. — El intento de verificar la ventilación de las atarjeas por 
medio de un "abanico de agua," ha fracasado por completo." 



131 

"2. — La división de las atarjeas en secciones por medio de 
válvulas y la conexión de cada sección con una hornilla, no es 
generalmente aplicable." 

"3. — El sistema de ventilar las atarjeas por medio de un tu- 
bo que se comunique con las lámparas de gas de las calles, y 
también el sistema de usar lámparas de azufre para detener la 
putrefacción de las materias contenidas en las atarjeas, son am- 
bos inaplicables." 

"4. — La construcción de ventiladores mecánicos en Grossnes 
para remover el aire viciado de las atarjeas, no se debe poner 
en práctica." 

"5. — El plan de ventilación que consiste en enlazar los alba- 
ñales de las casas con tubos colocados en las paredes mediane- 
ras para ligarlos con las chimeneas, no se debe aplicar por re- 
gla general. 

"6. — La proposición de purificar la atmósfera de las atarjeas 
introduciendo en ellas humo, no es practicable." 

"7. — El plan de limpiar las atarjeas por medio de palas que 
las recorran longitudinalmente, no es practicable." 

"8. — Los resultados obtenidos por medio del ventilador de 
patente experimentado por el Consejo, no presentan una dife- 
rencia notable respecto del ventilador común." 

"9. — La recomendación de que se arroje alguna preparación 
líquida en los albañales para prevenir el desprendimiento de 
los gases, no es practicable." 

Después de estas consideraciones generales acerca de la ven- 
tilación de las atarjeas, juzgo oportuno y conveniente darunaidea 
de los medios que se emplean en varias ciudades para obtener 
el resultado, porque esto nos servirá como una guía segura para 
definir lo que nosotros podemos hacer con más probabilidades 
de éxito, pues veremos cuáles son de todas las ideas que hemos 
expuesto, las que han tenido una confirmación más general y 
práctica, y concretando nuestra discusión á la de estas ideas 
verdaderamente prácticas, á la vez que aseguramos el resultado 
de las disposiciones que propondremos, podemos ser más lógi- 
cos y más concisos. 



132 

En Londres las atarjeas están ventiladas por pozos de venti- 
lación de quince, veinte, veinticinco y treinta centímetros de 
diámetro colocados sobre la vertical del eje de la atarjea y a 
frecuentes intervalos; estos pozos están provistos en su parte 
superior de una cámara lateral que tiene por objeto impedir 
que la basura caiga en la atarjea, y la cámara está cubierta con 
una parrilla; los pozos de visita se emplean también para la 
ventilación, pero por lo general no se admite que ésta se veri- 
fique por los albañales de las casas, pues sobre éstos se cons- 
truye en muchos casos un pozo de visita con tapa perforada 
que impide eficazmente el paso de los gases déla atarjea al in- 
terior de las casas. En un tiempo se usaron las hornillas y chi- 
meneas de las estaciones de bombas para favorecer la ventila- 
ción, pero ahora ya no están comunicadas; se interrumpió la 
comunicación entre las atarjeas y las chimeneas, porque el ti- 
ro se perjudicaba- mucho sin que la ventilación se modificara 
más que en una pequeña distancia. Según dice el Sr. Hering, 
el olor que se desprende de las atarjeas de la ciudad antigua 
es muy fuerte, siendo mucho menos perceptible en la parte 
nueva, y refiere que en una atarjea construida con cemento de 
Gamberwell, que tenia sus paredes lisas y en la cual el agua 
corría lentamente, el olor era apenas perceptible aun seis ó sie- 
te días después de que se había lavado. En las estaciones de 
bombas era tan ligero que no molestaba, era mayor en tiempo 
seco que durante las lluvias, y mayor también los domingos 
que los otros días de la semana. 

En París, la ventilación de las atarjeas se obtiene portas co- 
laderas de las calles y en ciertos casos por tubos que terminan 
en la parte alta de las construcciones. No hay un olor muy 
marcado en las coladeras ni aun en" las mismas atarjeas, sólo 
se percibe alguno cuando hay algo irregular en estos conduc- 
tos, pero se procura removerlo prontamente. El olor más mo- 
lesto se desprende de las coladeras de las atarjeas laterales, 
porque á veces permanecen en ellas los depósitos por varios 
días sin ser removidos. 

En Berlín, están combinados los distintos sistemas que se 



138 

usan en Londres y en Paris, pues allí se ventilan las atarjeas 
por los pozos de visita, por las aberturas de las coladeras y por 
los albañales de las casas. El olor en las calles no es molesto 
y aun el de las atarjeas es poco perceptible. El que hay en las 
estaciones de bombas que están situados en varios puntos en 
el interior de la ciudad, es muy ligero, cuando no es totalmen- 
te imperceptible. 

En Viena se ventilan las atarjeas por los pozos de visita, por 
los albañales de las casas y por los tubos para el agua pluvial. 

En Liverpool se sigue el mismo sistema. 

En Hamburgo la ventilación es muy completa, pues además 
de que todos los pozos de visita son ventiladores, cada cuaren- 
ta ú ochenta metros hay un pozo especial para el objeto, que 
tiene treinta centímetros de diámetro y está cubierto con una 
parrilla cuadrada. Los albañales para la lluvia no tienen cerra- 
dura hidráulica y los albañales de las casas y los tubos para el 
agua pluvial obran también como ventiladores. El olor en las 
atarjeas es muy ligero y rara vez perceptible en las aberturas 
practicadas en las calles. 

En Frankfort es también muy completa la ventilación de las 
atarjeas, pues se obtiene por los tubos que reciben el agua plu- 
vial, por los albañales de las casas, por medio de pozos espe- 
ciales construidos con tubos de barro de veinticinco centíme- 
tros de diámetro, en ciertos casos por medio de los pozos de 
visita; además de esto, hay dos torres construidas en la parte 
más alta del sistema de desagüe, que tienen treinta y cinco me- 
tros de altura y una gran sección, y también algunas fábricas 
han consentido en comunicar sus parrillas con las atarjeas. El 
olor que se desprende de las atarjeas de Frankfort es sumamen- 
te ligero. 

En Dantzic hay trescientos diez pozos de visita que se usan 
como ventiladores, y ciento diez y ocho pozos que tienen por 
único objeto ventilar las atarjeas; en ambos casos se hacía pa- 
sar antes el gas de las atarjeas al través de carbón de madera; 
pero ahora este sistema se ha abandonado. Todos los albaña- 
les de las casas obran como ventiladores, sin embargo, no con- 



134 

servan el mismo diámetro hasta su parte alta, pues su ultimo 
tramo tiene sólo dos pulgadas, en tanto que los inferiores son 
de cuatro pulgadas; los tubos para el agua pluvial tienen cerra- 
dura hidráulica. Se pretendió también favorecer ta ventilación 
estableciendo cambios de pendiente en los pozos de visita, pe- 
ro esto no puede afectar la ventilación de un modo notable. 

En Brighton se obtiene la ventilación por medio de los po- 
zos de visita y de pozos especiales, en los que antes se coloca- 
ba carbón de madera, pero lo mismo que en Dantzic este sis- 
tema ha caído en desuso. 

En Oxford las atarjeas se ventilan al través de los pozos de 
visita y de los pozos para lámpara, permitiendo que los gases 
salgan por los albañales de las casas, cuando los propietarios 
de ellas no se oponen. 

Vemos, pues, que los medios que se emplean para la venti- 
lación de las atarjeas, consisten esencialmente en establecer 
una comunicación la más directa que sea posible entre el aire 
ambiente y la atmósfera confinada por los conductos de desa- 
güe; sin excepción alguna esta comunicación se establece en 
todas partes por la calle, y en algunos casos solamente se re- 
curre á otros medios para favorecer ó activar la circulación de 
los gases. Esto, como hicimos notar cuando tratábamos el asun- 
to de un modo general, depende de que en las ciudades donde 
cae nieve en abundancia, los ventiladores de las calles no fun- 
cionan, y es necesario contar con otro medio que no falte en 
ningún caso. 

En vista de todas las razones expuestas y hechos prácticos 
que hemos enumerado, podemos ya formular las reglas que se 
deben tener presentes para ventilar las atarjeas del nuevo sis- 
tema de desagüe, y que son las siguientes: 

1? — El sistema de ventilación que se usará de preferencia, se- 
rá el de comunicar las atarjeas con la atmósfera á frecuentes 
intervalos, para que no haya ningún punto de ellas donde no 
sea fácil la renovación del aire. 

2? — Esta comunicación se establecerá por los pozos de visi- 
ta, por los pozos para lámparas, por las coladeras de las calles 



135 

y por pozos especiales para la ventilación, que se construirán 
en los espacios comprendidos entre los demás, cuando éstos 
queden á una distancia mayor que 45. metros. 

3?— De estos pozos para ventilación, habrá un solo tipo; tal 
como se ve con todos sus detalles en el dibujo núm. 2 del pla- 
no núm. 7, que tienen 25 centímetros de diámetro. 

4?— Para construir las tapas de los pozos de ventilación, se 
observarán las mismas reglas que para las de los pozos de vi- 
sita, y que se establecieron al tratar de los segundos. 

5^— Como regla general, no se debe admitir que las atarjeas 
se ventilen por los albañales de las casas, sino más bien esta- 
blecer un pozo de ventilación sobre el albañal mismo, con el 
objeto de que por él se escapen los gases que tiendan á entrar 
al albañal. 

6? — Al distribuir los pozos de ventilación á lo largo de las 
atarjeas, se debe procurar que hasta donde sea posible, queden 
cerca de los puntos donde desemboquen los albañales que re- 
ciben el agua pluvial de las calles, para impedir que los gases 
de las atarjeas tiendan á salir por las aberturas de las colade- 
ras, que no tendrán cerradura hidráulica. 

7? — Los tubos que reciben el agua pluvial de las casas, no se 
deben usar como ventiladores, pero no se puede aconsejar tam- 
poco que se les ponga una cerradura hidráulica, porque la ma- 
yor parte del año no funcionaría como tal; así es que la preven- 
ción tiene más bien por objeto advertir que no se debe contar 
para la ventilación de las atarjv^as, con que los tubos para el 
agua de lluvia servirán para activarla. 

8? — Si alguna fábrica ó establecimiento industrial cualquiera 
en donde haya alguna gran chimenea, consiente que se liguen 
sus hornillas con las atarjeas por medio de un conducto para 
que por él salgan los gases que éstas contienen, se deberá ha- 
cer el enlace con la condición, sin embargo, de que esto no oca- 
sione un gran gasto, pues si este gasto es considerable, no se 
deberá erogar, porque no servirá para modificar la ventilación 
de las atarjeas en una extensión considerable y por lo mismo, 
á pesar de él, habrá que recurrir á los otros medios que se usan 



136 

en todos los demás puntos de las atarjeas donde no existe una 
chimenea. 

9? — Con los medios de que se dispone para lavar las atarjeas 
en el nuevo sistema de desag-üe, no debe haber desprendimien- 
to de gases nocivos ó molestos, con la condición de que se ten- 
ga algún cuidado en conservar expeditos los conductos y lim- 
piarlos con la frecuencia que permite la disposición que se les 
ha dado; asi es que, si al establecerlo y cuando ya funcione, se 
notare algún mal olor, será indicio de que es necesario lavar la 
atarjea de donde proviene ese mal olor. 

10.— No se debe en ningún caso establecer máquinas para 
ventilar las atarjeas. 



99 ESTACIONES DE BOMBAS. 



En todas las ciudades en donde es muy pequeña la diferen- 
cia de nivel que hay entre el de las calles y el de la superficie 
del agua en el receptor á donde tienen que concurrir los des- 
echos líquidos de la población, se aumenta esa diferencia de 
nivel artificialmente por medio de bombas, con el objeto de dar 
á los conductos de desagüe la inclinación que necesitan. 

Sería muy laborioso y de poca utihdad práctica, el hacer una 
descripción de todas las circunstancias generales que en los lu- 
gares donde hay bombas de desagüe se tuvieron en cuenta pa- 
ra definir si hubo necesidad de establecer un desagüe artificial, 
y tampoco sería por ahora de gi'ande utilidad, describir con 
muchos detalles aquellas instalaciones que conocemos prácti- 
camente ó cuya minuciosa descripción tenemos á la vista, pues 
ni en uno ni en otro caso las conclusiones á que se llega se pue- 
den generalizar; conviene más, sin duda alguna, estudiar las 
circunstancias especiales de México y por ellas deducir cuál es 



137 

la solución que en concepto nuestro satisface mejor á las con- 
diciones del problema que debemos resolver, que no divagar- 
nos describiendo las de Londres, Berlín, Chicago, Boston ó cual- 
quiera otra ciudad donde se emplea el desagüe artificial, pues 
las condiciones de éstas son muy distintas de las nuestras, y los 
medios que en dichas ciudades emplearon los ingenieros para 
salvar las dificultades con que allí tuvieron que luchar, no po- 
drán servir de fundamento á los que nosotros propondremos 
para vencer las que aquí se nos presenten. 

Esto explica por qué, al tratar de este punto, nos separamos 
del plan que venimos observando desde el principio, haciendo 
un estudio comparativo de lo que se hace en otras partes, para 
aprovechar la experiencia adquirida al deducir lo que á noso- 
tros nos conviene. Sentamos sólo el principio de que se emplea 
el desagüe artificial siempre que es necesario para dar á las atar- 
jeas la pendiente que deben tener, con el objeto de que el agua las 
atraviese con la velocidad que produce el desalojamiento de los de- 
pósitos de materias sólidas que en ellas tienden á /orinarse, y co- 
menzamos desde luego el estudio de nuestras circunstancias 
locales. 

Todos los desechos de la ciudad de México, tienen por aho- 
ra que ir al Lago de Texcoco. La altura media del piso de la 
Ciudad, sobre el fondo del Lago, no llega á dos metros, y el ca- 
nal por donde van á éste las aguas de la Ciudad, tiene más de 
cinco kilómetros de longitud; la pendiente que resulta de estas 
condiciones es muy pequeña, y puede llegar á ser nula, porque 
depende de la altura que tienen las aguas del Lago, que en mu- 
chas ocasiones han invadido las calles bajas de la población, 
inundándola y causando perjuicios incalculables. 

La historia conserva el recuerdo de los trabajos que desde 
la época del Imperio Azteca han venido emprendiendo los ha- 
bitantes de la Capital para librarse de esas inundaciones que 
periódicamente se repetían, y con tal frecuencia, que cada ge- 
neración podía recordar por lo menos dos muy importantes. 

El remedio de tan grandes males, la solución de dar una sa- 
lida á las aguas de todo el Valle, está propuesta desde hace si- 
Desagüe de México.— 18 



138 

glos, y sin embargo, la obra no se había podido ejecutar; ahora 
por fortuna está en vía práctica de ejecución, y es probable 
que antes de mucho tiempo la veamos terminada; pero mien- 
tras tanto la Ciudad reclama imperiosamente c{ue se modifique 
su desí^üe interior, y no puede esperar á que se terminen las 
obras del Desagüe General del Valle para dar principio á los 
trabajos; su cultura la tiene al tanto de los progresos que otras 
ciudades han realizado en todo lo que á sus condiciones higié- 
nicas se refiere; sabe que la insalubridad de los grandes centros 
de población depende esencialmente de que los desechos de 
los habitantes no encuentran una salida pronta, y por último, 
está convencida hasta la evidencia de que ahora nadie quiere 
vivir en las poblaciones insalubres, y que por lo mismo, una 
dudad que está en malas condiciones higiénicas, no sólo no 
progresa sino que se arruina, pues va llegando el tiempo en que, 
así como la buena higiene es enteramente indispensable para 
conservar la vida al individuo, no es menos necesaria para con- 
servar la vida de las poblaciones, y aquella que quiera subsis- 
tir, debe proporcionar á sus habitantes todas las comodidades 
que la ciencia y la civilización han ido creando poco á poco, 
para hacer más agradable y duradera la existencia. 

Dimos ya un paso por el sendero que nos ha de conducir al 
saneamiento completo de nuestra Capital, estableciendo las 
bombas de San Lázaro, que nos ponen al abrigo de las inva- 
siones del Lago, otro paso importantísimo se dará cuando se 
terminen las obras del Desagüe General del Valle; pero el defi- 
nitivo será la construcción de las nuevas atarjeas y el sanea- 
miento de las habitaciones. 

Este paso definitivo es necesario darlo de una vez, pues re- 
quiere no sólo dinero sino tiempo, y si no se comienza pronto 
se acabará tal vez demasiado tarde, porque nuestra Capital con- 
firma cada vez más, esa fama que ya tiene de ser muy insalu- 
bre, y sus condiciones higiénicas no se modificarán favorable- 
mente y de una manera perceptible, sino cuando se construyan 
las nuevas atarjeas; todo lo demás no es sino el cimiento de 
una obra que no prestará todos los servicios que puede produ- 
cir sino cuando esté concluida. 



139 

Las actuales condiciones del desagüe interior de la Ciudad, 
permiten que se dé principio á los trabajos sin esperar á. que se 
terminen las obras del Desagüe del Valle, pues cuando estable- 
cimos las bombas de San Lázaro, preveíamos que se había de 
presentar la necesidad de acelerar la construcción del nuevo 
sistema de atarjeas, y como éstas se deben proyectar de acuer- 
do con el régimen que tomen las aguas por las obras del De- 
sagüe General, dispusimos las bombas de manera que con ellas 
se pudiera establecer desde luego el mismo régimen. 

Estas bombas permitirán, pues, desaguar las atarjeas que se 
construyan, á la profundidad que deben tener, para que des- 
carguen por gravedad su contenido á una altura conveniente 
sobre el fondo del Gran Canal; pero esas máquinas se adapta- 
ron á las presentes condiciones del desagüe interior de la Ciu- 
dad, por lo que á su capacidad de descarga se refiere, y esta 
capacidad no será bastante en los momentos de un fuerte agua- 
cero, si construyendo otras atarjeas más perfectas, se acelera 
la velocidad con que el agua ha de salir de la Ciudad, y por lo 
tanto para obtener todas las ventajas que se deben esperar de 
la construcción de las nuevas atarjeas, puesto que entre ellas 
se cuenta la de dar salida en poco tiempo al producto de las 
lluvias, es preciso aumentar la capacidad de descarga de la ac- 
tual instalación de bombas. 

Si no hubiera otra razón que aducir en pro de esta idea del 
aumento de capacidad, tal vez sería discutible si debía aceptar- 
se ó no, sobre todo, si las razones que nos inducen á proponer- 
la, dependieran sólo de circunstancias que al cabo de algún 
tiempo tuvieran que cambiar, pero esto no es así; la mayor ca- 
pacidad de las bombas será necesaria siempre, ahora y cuando 
se terminen las obras del Desagüe General del Valle. 

Procuraremos desarrollar esta idea con cuanta claridad nos 
sea posible, para no crear dudas en el ánimo de las personas 
que no conozcan á fondo la cuestión, acerca de la eficacia de 
las obras que para el Desagüe General se están ejecutando, pues 
lo diremos de una vez, en nuestra opinión, esas obras están bien 
proyectadas y deben llevarse adelante según el plan que en estos mo- 
mentos se desarrolla. 



140 

Al ocuparnos de la capacidad de descarga de las atarjeas, di- 
jimos que el Gran Canal podría sólo dar sálida á cinco metros 
cúbicos de agua por segundo, y como los conductos del desa- 
güe interior pueden producir en ciertos casos tres ó cuatro ve- 
ces aquella cantidad, desde entonces ya iniciamos que se pre- 
sentaba una dificultad cuya solución debemos ahora proponer. 

En los primeros veinte kilómetros, á partir de la Ciudad, es 
donde la sección del Gran Canal tiene sólo las dimensiones que, 
en virtud de su pendiente, le permiten dar paso á los cinco me- 
tros cúbicos á que acabamos de aludir, después se ensancha 
del punto á donde vienen á concurrir las aguas del Lago de 
Texcoco en adelante, y su capacidad será de diez y siete me- 
tros cúbicos y medio por segundo. Si en aquella primera sec- 
ción, que debe sólo recibir las aguas que provengan de la Ciu- 
dad, en vez de cinco metros cúbicos se introdujeran quince ó 
veinte por segundo, se producirían dos efectos á cual más in- 
convenientes: el primero, que el agua subiría en el canal á una 
grande altura, detendría la salida de la que contuvieran las 
atarjeas y por lo tanto disminuiría mucho la capacidad de des- 
carga de éstas, haciendo hasta cierto punto infructuoso el gasto 
que se hubiese erogado en construirlas de grandes dimensio- 
nes. El segundo efecto sería que el agua adquiriría en el Gran 
Canal una velocidad considerable, sin duda alguna más que su- 
ficiente para destruir los taludes del mismo conducto, que es- 
tán formados por una marga que no puede resistir á los efectos 
de una corriente rápida; la consecuencia necesaria de que se 
permitiera al agua subir más allá de los límites marcados en el 
proyecto, sería, pues, la inmediata destrucción de los taludes 
en su pie y el subsecuente deslizamiento de los mismos talu- 
des y el azolve del Canal. 

Lo primero que ocurre es, sin duda, que este conducto debe- 
ría tener, desde su origen, las dimensiones suficientes para dar 
cabida á las aguas extraordinarias que las atarjeas de la Ciudad 
arrojarán á él en los momentos de un fuerte aguacero; pero 
sobre este punto se pueden hacer las mismas consideraciones 
que anotamos al tratar de la capacidad de descarga que debe 



141 

servir de base para calcular el diámetro que han de tener las 
atarjeas, pues al Canal se le debe considerar como un elemen- 
to que ha de contribuir al saneamiento de la Ciudad, y si se le 
diera una sección mayor que la que tiene proyectada, el agua 
no adquiriría en él, sino en casos excepcionales, la altura que 
necesita para alcanzar la velocidad que produce el desaloja- 
miento de los azolves; por lo general, el agua que proviene de 
los desechos de la Ciudad y la que se empleara para lavar las 
atarjeas, se arrastraría lenta y difícilmente por el fondo de un 
canal con dimensiones exageradas para contener el pequeño 
volumen que en conjunto tendrán esos desechos y aguas de 
lavado, y la consecuencia forzosa de tales circunstancias sería,, 
que estos líquidos dejaran depositados muy cerca de la Ciudad 
esos lodos infectos que hubiesen arrastrado al atravesar las 
atarjeas, ocasionando así, primero un gasto continuo para pre- 
venir la obstrucción del Canal, y en seguida peligros para la 
higiene y salubridad públicas, puesto que esos azolves entran 
en descomposición rápidamente, y al cabo de muy poco tiem- 
po constituyen un foco de infección. 

Este último es sin duda el más grave inconveniente, por una 
sencillísima razón: el objsto esencial de los grandes sacrificios 
que la Ciudad se impone para ejecutar las Obras del Desagüe 
General del Valle y la construcción de las nuevas atarjeas, es 
mejorar sus condiciones higiénicas, destruyendo los numerosos 
focos de infección que en la actualidad existen; no será, pues^ 
racional ninguna obra que por las malas condiciones de su es- 
tablecimiento, constituya en lo futuro un foco de infección que 
hoy no existe, sino que se creará con las mismas obras con que se 
pretende perfeccionar el sistema de desagüe y saneamiento. , 

El conjunto de condiciones que se imponen á la solución que 
se dé al problema, por todas las circunstancias que acabamos 
de considerar, es decir, que las Obras del Desagüe sean adap- 
tables á los gastos muy diversos á que estarán sujetas por ser 
necesario dar una gran capacidad de descarga á las nuevas atar- 
jeas, son las que nos sugieren la idea de establecer unas bom- 
bas capaces de arrojar al Lago de Texcoco el excedente de agua 



142 

pluvial que no quqja en el Canal, para, depositarla allí y darle 
después salida poco á poco, mezclada con el agua que cae en el res- 
to del Valle; de esta manera las atarjeas podrán funcionar sin 
encontrar ningún inconveniente en su desembocadura, y á la 
vez el Canal se conservará limpio, no admitiendo ningún azol- 
ve formado por substancias putrescibles. 

Hemos dicho ya que el Gran Canal podrá llevar sin incon- 
veniente, en sus primeros veinte kilómetros, cinco metros cú- 
bicos de agua por segundo; las cuatro bombas que hoy tene- 
mos podrán desalojar otra cantidad igual, y como en el caso de 
una lluvia de 0'°025 en una hora las atarjeas descargarán vein- 
te metros cúbicos en la misma unidad de tiempo, resulta que 
es necesario establecer otras bombas que produzcan diez me- 
tros cúbicos, para satisfacer á la condición de que los dos gastos 
sean iguales. 

Estas bombas sólo trabajarán unas cuantas horas en el año, 
así es que el gasto que ocasionen por el consumo de combus- 
tible, que es en México en otras condiciones de muy grande 
importancia, carecerá de ella en el caso del desagüe. En efec- 
to, sólo será necesario poner á funcionar las bombas, cuando 
en una hora se precipiten más de ocho milímetros ó casi un 
centímetro de lluvia, pues cuando ésta sea menor, encontrará 
suficiente espacio en todos los conductos de desagüe y aun el 
Canal podrá conducir toda el agua que éstos lleven. Refirién- 
donos al registro pluviométrico de la página 37, vemos que las 
lluvias de un centímetro ó más, sólo son doscientas cincuenta 
y dos en un período de catorce años, es decir, cosa de diez y 
ocho por año; y en la mayoría de los casos la precipitación se 
verifica en un tiempo bastante largo para que el agua pueda 
irse poco á poco por el Canal sin necesidad de apelar á un tra- 
bajo mecánico, y aun cuando las bombas tengan que funcio- 
nar, tal vez en diez años no se presentará un caso de que la 
duración media del trabajo activo de toda la instalación sea de 
tres horas. 

Suponemos nosotros, sólo para tomar el caso más desfavo- 
rable, alejándonos muchísimo de la realidad, que todas esas llu- 



143 

vias se precipiten en un tiempo tal que exigirán el trabajo^ de 
las máquinas y que en todas también, la duración media del 
trabajo activo sea de tres horas, lo cual dará un total de cin- 
cuenta y cuatro horas de trabajo al cabo del año; el gasto de car- 
bón no excederá de cincuenta á sesenta toneladas en el mismo 
período de tiempo. 

El hecho de ser tan pequeño el gasto de combustible, esta- 
blece la condición de que las máquinas sean sencillas y de esta- 
blecimiento económico, pues no costeará sin duda erogar grandes 
gastos en comprar y establecer máquinas muy costosas, cuyos 
perfeccionamientos tienden á hacerlas económicas de combus- 
tible. 

Oportunamente daremos los detalles de la instalación, tal 
como se debe hacer á nuestro juicio, si por considerarse bue- 
nas las razones que le sirven de fundamento, se acepta en prin- 
cipio la idea de un modo general, pero si llega á ser necesario, 
si se suscita alguna discusión, podremos demostrar con más 
datos y razones que ella resuelve la dificultad de un modo 
práctico y económico á la vez. 

En varias circunstancias ha sido preciso ya decir en el curso 
de este informe, c|ue es necesario introducir á las atarjeas de la 
Ciudad el agua de los lagos de Ghalco y Xochimilco, y funda- 
mos en esto el medio que propondremos para conservarlas 
siempre limpias. En la primera parte enunciamos esto de un 
modo general, y en la segunda, al ocuparnos de los alineamien- 
tos comenzamos á concretar, hablando de las funciones que 
debían llenar los conductos que llamamos atarjeas de distribu- 
ción. Llegó ya la oportunidad de que estudiemos la manera de 
conseguir que el agua entre por la parte más alta de los con- 
ductos de desagüe, á fin de conducirla después á donde con- 
venga y obtener así el resultado que nos proponemos. 

En éste, como en todos los demás casos en que se trata de 
conducir agua, lo natural es investigar primero si es posible 
que vaya por su propia gravedad al punto donde se necesita en 
posición y altura, y para hacer esta investigación, es preciso 
conocer los datos relativos á la distancia y diferencia de nivel 
entre los puntos de partida y llegada. 



144 

El primero de éstos, en el caso que estudiamos, debemos 
considerarlo situado en el punto llamado Compuerta de Más- 
Arriba, que es por donde salen generalmente todas las aguas 
de los Lagos de Ghalco y Xochimilco, pues muy rara vez se ha- 
ce funcionar la otra salida que tienen por la falda oriental del 
cerro de la Estrella, y que se conoce con el nombre de "Canal 
de Garay;" de esta segunda salida no debemos ocuparnos, por- 
que estando mucho más distante del punto de llegada, por lo 
que se refiere á la distancia y al costo, queda en peores condi- 
ciones que la toma de la Compuerta de Más-Arriba. Esta es, 
pues, la que aceptamos; ella vierte sus aguas en el Canal Na- 
cional, y lo alimenta durante todo el año; este Canal á su vez, 
descarga en el Lago de Texcoco por varios ramales que parten 
de diversos puntos de su margen derecha, comprendidos en- 
tre Gulhuacán y la Compuerta de Santo Tomás. 

El desarrollo del Canal Nacional entre las dos compuertas á 
que nos acabamos de referir, es de trece mil trescientos seten- 
ta y cinco metros, y la diferencia de nivel de la superficie del 
agua en esos dos puntos varía entre uno y medio y dos metros 
poco más ó menos, según la altura á que las lluvias hayan he- 
cho subir las aguas de los Lagos y las del Canal; la pendiente 
que de tales circunstancias resulta es, pues, variable entre 
0.0001 y 0.000L5. 

El canal de derivación que establecimos con el objeto de 
conducir el agua del Nacional á la parte occidental de la Ciu- 
dad, es el más á propósito para conseguir este resultado, pues 
aun cuando sería posible llevarla por otra parte, el hecho de 
que hay intereses ligados á la existencia del Canal Nacional, 
las indemnizaciones del terreno que ocupara el nuevo cauce y 
el costo de la apertura, harían subir los gastos á una cantidad 
tan importante, que nulificarían las ventajas que pudiera haber 
en desviar desde su origen el curso del agua, en ventajas tan 
pequeñas si se estudia á fondo la cuestión, que no puede caber 
duda acerca de la conveniencia de conservar el curso actual; 
sin entrar en más pormenores, admitimos desde luego que es- 
to es cierto, á reserva de probarlo con más razones si es nece- 



145 

sario alguna vez, y comenzamos á analizar las condiciones ba- 
jo las cuales el agua se moverá siguiendo primero el canal de 
Derivación y después la zanja que limita por el Sur á la calza- 
da de Ghapultepec, pues para obtener el resultado que desea- 
mos, es preciso disponer del agua de los lagos de Ghalco y Xo- 
chimilco en el ángulo Noreste del terreno que ocupa el Bosque 
de Ghapultepec, precisamente en el punto donde comienza la 
Calzada de la Verónica. 

La longitud del Canal de Derivación, desde la garita "Igle- 
sias " á la de " Porfirio Díaz," que son los puntos donde comien- 
za y termina respectivamente, es de tres mil seiscientos metros; 
y la de la zanja que limita á la Calzada, desde el punto donde 
se inserta en ella el Canal de Derivación hasta Ghapultepec, es 
de dos mil seiscientos metros; de aquí resulta que la distancia 
total que el. agua tiene que recorrer desde donde se deriva su 
corriente en la garita "Iglesias" hasta Ghapultepec, es de seis 
mil doscientos metros. 

La acotación del agua en el origen del Canal de Derivación, 
en la citada garita "Iglesias," no debe exceder de 8.20, referida 
al plano de comparación de la Ciudad, pues, por una parte, 
siempre que es mayor, ocasiona perjuicios á los pueblos ribe- 
reños del Canal, y por otra, mientras más suba el nivel en la 
parte inferior, más se reduce la pequeñísima pendiente de que 
vimos se dispone para traer el agua de los Lagos. 

Esa acotación de 8.20 es la que con los elementos de longi- 
tud y sección del Canal, nos servirá de base para determinar 
la altura á que puede llegar á Ghapultepec el agua á que nos 
venimos refiriendo; pero antes debemos hacer algunas conside- 
raciones acerca del volumen del líquido que ha de pasar por 
el conducto, á fin de completar los datos que son indispensa- 
bles para deducir la pendiente que á éste se le debe dar, por- 
que esa es la incógnita del problema. 

Por los datos que se sirvieron comunicarnos los Sres. Inge- 
nieros D. Luis Espinosa y D. Enrique Rodríguez, se deduce que 
durante el año entero se puede contar con que vendrán por el 
Canal dos mil quinientos litros de agua por segundo; es decir, es- 
Desagüe de México.— 19 



146 

ta cantidad es la mínima, pues aumenta considerablemente en 
la época de lluvias. En mi concepto, se deben disponer las obras 
para aprovechar todo ese volumen y aun para recibir tres me- 
tros cúbicos, pues no será difícil obtenerlos, unas veces porque 
los produzca el caudal de la corriente, y otras porque debién- 
dose aprovechar las aguas según todas las probabilidades, de 
un modo intermitente, es posible almacenar cierta cantidad de 
reserva en los canales mismos, para emplearla en los momen- 
tos en que se necesita; y es sin duda alguna conveniente dispo- 
ner de una masa de agua considerable, tanto para proveer á to- 
das las contingencias que se presentarán en la práctica al limpiar 
y lavar los conductos de desagüe, como por el ensanche que 
más tarde se ha de dar al sistema de atarjeas que ahora pro- 
yectamos. 

Admitimos, pues, nosotros, que todas las obras se han de 
disponer de manera que puedan recibir tres mil litros de agua 
por segundo. 

En cuanto á la sección del Canal, es preciso aceptar la que 
tiene el de Derivación, cinco metros de ancho en el fondo con 
taludes de uno por uno, y admitiendo que el agua no se eleve 
á más de un metro de altura sobre el fondo, la superficie de la 
sección del agua será de seis metros cuadrados, y por lo tanto, 
para que por ella pasen tres metros cúbicos por segundo, la ve- 
locidad deberá ser de cincuenta centímetros en esta unidad de 
tiempo. 

Reasumiendo los datos para mayor claridad, encontramos lo 
siguiente: 



Longitud del Canal hasta Chapultepec 6 . 200 m 

Ancho en el fondo 5 ^ 

Taludes 1 X 1 

Profundidad del agua 1 

Superficie de la sección del agua 6 ra 2 

Perímetro mojado 7 g2 

Kadio medio (R) q 

l/"R^ 0.87 

Gasto que el Canal ha de producir (Q) 3 ni» 

Velocidad del agua (v) O . 50 

Acotación del Canal en la garita " Iglesias" 8 . 20 



147 

y aplicando con ellos la fórmula de Kutter con el coeficiente 
n = 0.025 que corresponde á los canales de tierra, encontra- 
mos sucesivamente: 

2 

c = 38.5 s = ~ — = 0.00022 

luego el Canal debe tener una pendiente de veintidós cienmilé- 
simos para que en las condiciones anteriormente asentadas, pro- 
duzca un gasto de tres metros cúbicos por segundo, y atendien- 
do á que su longitud es de seis mil doscientos metros, deberá te- 
ner un metro treinta y seis ceniímetros de diferencia de nivel entre 
sus dos extremidades, y como la acotación del agua en el pun- 
to de partida en la garita "Iglesias" es de 8.20, la que tendrá 
en el de llegada será de seis metros ochenta y cuatro centímetros 
(6.84). 

Conocemos, pues, ya, la altura á que puede llegar el agua en 
Chapultepec; pero falta determinar la altura á que es necesario 
tenerla para que se pueda aprovechar, la cual determinaremos 
muy fácilmente por medio de los datos contenidos en el plano. 

Allí vemos que la extremidad occidental de la atarjea de dis- 
tribución, núm. 5, tiene una acotación de 8.85; que su desarro- 
llo será de 4382 m, y su pendiente de 0.0004; de donde resulta 
que el extremo meridional de la atarjea general de distribución, 
deberá tener en el fondo una acotación de 10.60; y admitiendo 
que dicha atarjea tenga 1.20 de altura, el nivel del agua debe- 
rá estar á 11.80 de acotación, y como el agua de la Viga no pue- 
de llegar á Chapultepec sino á 6.84, será necesario elevarla cin- 
co metros en números redondos, y por lo tanto, instalar allí unas 
bombas capaces de desempeñar ese trabajo. 

Al ocuparnos del sistema de conservación de las atarjeas de 
la Ciudad, daremos algunos datos acerca del costo que tendrá 
el hacer la limpia por medio de corrientes de agua, pues aun 
cuando sea necesario elevarla, ella proporcionará el medio más 
económico, y lo repetimos otra vez: d único eficaz para conser- 
var siempre en estado de perfecto aseo á los conductos de des- 
agüe. 



148 

Establecemos sólo por ahora, que es absolutamente indispen- 
sable hacer en ChapuUepec una instalación de bombas capaces de 
elevar tres metros cúbicos de agua por segundo á cinco metros de 
altura. Estas bombas deben ser muy perfectas, "compound" y 
de condensador de superficie, á fin de que sean económicas de 
combustible, pues deberán trabajar todos los días una gran par- 
te del año. 



149 



TABLA 1. 



VALORES DEL COEFICIENTE C, EN FUNCION DE y 



/r 



0,110 
,116 
,121 
,127 
,132 
,138 
,143 
,149 
,154 
,160 
,166 
,171 
,177 
,182 
,188 
,193 
,199 
,204 
,210 
,215 
,221 
,226 
,231 
,237 
,243 
,248 
,254 
,259 
,265 
,270 
,276 
,281 
,287 
,292 
,298 
,304 
,309 
,315 
,320 
,326 



42,19 
42,74 
42,80 
43,79 
44,30 
44,79 
45,24 
45,62 
46,01 
46,45 
46,84 
47,23 
47,56 
47,95 
48,28 
48,61 
48,95 
49,28 
49.55 
49,89 
50,22 
50,49 
50,77 
51,05 
51,33 
51,60 
51,87 
52,16 
52,43 
52,71 
52,93 
53,21 
53,43 
53.65 
53,93 
54,15 
54,37 
54,59 
54,81 
55,03 



0,331 
,337 
,342 
,348 
,353 
,359 
.364 
,370 
,375 
,381 
,386 
,392 
,397 
,403 
,408 
,414 
,420 
,425 
,430 
,436 
,442 
,447 
,453 
,458 
,463 
,469 
,475 
,480 
,486 
,491 
,497 
,502 
,508 
,513 
,519 
,524 
,530 
,535 
,541 
,546 



55,31 

55,53 

55,75 

55,97 

56,14 

56,36 

56,58 

56,80 

56,97 

57,19 

57,41 

57,58 

57,80 

57,97 

58,14 

58.36 

58.53 

58,69 

58,86 

59,08 

59,25 

59,41 

59,58 

59,75 

59,91 

60,13 

60.30 

60,46 

60,63 

60,80 

60,96 

61,12 

61,29 

61,46 

61,57 

61,74 

61.91 

62,08 

62,25 

62,36 



0,552 
,558 
,563 
,568 
,574 
,580 
,585 
,590 
,596 
,602 
,607 
,613 
,618 
,623 
,629 
,635 
,640 
,646 
,651 
,657 
,662 
,668 
,673 
,678 
,684 
,690 
,696 
,701 
,707 
,712 
,717 
,723 
,729 
,734 
,740 
,745 
,751 
,756 
,762 
,767 



62,53 

62,70 

62,81 

62,98 

63,12 

63,23 

63,40 

63,56 

63,73 

63,89 

64,00 

64,17 

64,23 

64.40 

64,51 

64,67 

64,78 

64,89 

65,06 

65,17 

65,33 

65,44 

65,61 

65,72 

65,83 

65,94 

66,11 

66,22 

66,33 

66,45 

66,62 

66,73 

66.84 

66,95 

67,06 

67,18 

67,28 

67,39 

67.50 

67,61 



0.773 
•,777 
,784 
,794 
,800 
,806 
,811 
,817 
,822 
,828 
,833 
,839 
,845 
,850 
,856 
,861 
,866 
,872 
,878 
,883 
.888 
,894 
,900 
,905 
,911 
,916 
,922 
,927 
,933 
,938 
,944 
.949 
.955 
,960 
,966 
,971 
,977 
,982 
,988 
,993 



67,72 

67,84 

67,90 

68,02 

68,13 

68,20 

68,31 

68,37 

68,48 

68,55 

68,66 

68,72 

68,77 

68,83 

68,88 

68,99 

69,05 

69,10 

69,16 

69,16 

69,22 

69,27 

69,27 

69,32 

69,32 

69,38 

69.38 

69.43 

69,43 

69,43 

69,43 

69,43 

69.48 

69.48 

69.48 

69,54 

69.54 

69,54 

69.54 

69,60 



150 



TABLA II. 

PRODUCTO DE UNA LLUVIA DE O™ 025 POR HORA, EN LA PARTE BAJA DE 
LAS SUPERFICIES QUE EXPRESA LA I? COLUMNA. 

Fórmulas empleadas q=c |/ s . Q=A <¡. 



A 





1 











Areas. 


Gastos por 


Gasto total. 


Areas. 


(iastos por 


Gasto total. 




hectárea. 






hectárea. 




H 


lits. 


lits. 


H 


lits. 


lits. 


1 


41.70 


41.70 


50 


15.68 


784.05 


2 


35.07 


70.14 


60 


14.98 


898.98 


3 


31.68 


95.04 


70 


14.42 


1009.40 


4 


29.49 


117.96 


75 


14.17 


1062.75 


5 


27.89 


139.45 


100 


13.19 


1319.00 


6 


26.64 


159.84 


125 


12.47 


1558.75 


7 


25.64 


179.48 


150 


11.91 


1786.50 


8 


24.79 


198.32 


175 


11.46 


2005.50 


9 


24.08 


216.72 


200 


11.09 


2218.00 


10 


23.45 


234.50 


250 


10.49 


2622.50 


15 


21.19 


317.85 


300 


10.02 


3006.00 


20 


19.72 


394.38 


350 


9.64 


3374.00 


25 


18.65 


466.22 


400 


9.32 


3728.00 


30 


17.82 


534.54 


450 


9.05 


4072.50 


35 


17,14 


599.90 


500 


8.82 


4410.00 


40 


16.-58 


663.24 









TABLA III. 



VELOCIDAD Y GASTO EN UN TUBO DE O."'' 15 DE DIAMETRO 



Y CON 


PENDIENTES 


VARIABLES. 


mpleadas 


v—G y'r S, 


Q=A V. 


s 


T 




Pendientes. 


Velocidad. 


Gasto. 






3 

(m) 


0.0040 


0.™- 60 


0. 0106 


.0042 


. 61 


. .0108 


.0044 


. 62 


. Olio 


.0046 


. 64 


. 0113 


.0048 


. 66 


. 0117 


.0050 


. 67 


. 0118 



151 



En la fórmula v=c -j/r 5, empicada para determinar la velo- 
cidad, V es la velocidad. 

c, es un coeficiente^cuyo valor está en la tabla I, que tiene 
como argumento y r. 

r, es el radio medio, que en las atareas de sección circular 
es la cuarta parte del diámetro ó la mitad del radio. Los valo- 
res de r, para los distintos tipos de atarjeas que se han de em- 
plear, se encuentran en la tabla 25=} 

s, es la pendiente. 

La primera pendiente en cada una de estas tablas, es la me- 
nor que se puede dar á estas atarjeas para que el agua adquie- 
ra la velocidad mínima admitida, de O"' 60, por segundo. 



TABLA IV. 

VELOCmAD Y GASTO EN UN TUBO DE O""' 20 DE DIAMETRO 
CON PENDIENTES VARIABLES. 

Pendientes. VelooiJad. Gasto. Pendientes. Velocidad. Gasto. 



(m) (ni) 



0.0029 


0.'" 


60 


0. 


0188 


0.0042 


0."' 


73 


0. 


0229 


0.0031 


0. 


63 


0. 


0198 


0.0044 


0. 


74 


0. 


0232 


0.0033 


0. 


64 


0. 


0201 


0.0046 


0. 


76 


0. 


0239 


0.0035 


0. 


66 


0. 


0207 


0.0048 


0. 


77 


0. 


0242 


0.0037 


0. 


68 


0. 


0213 


0.0050 


0. 


80 


0. 


0251 


0.0040 


0. 


71 


0. 


0223 













TABLA V. 



VELOCIDAD Y GASTO EN UN TUBO DE O"' 25 DE DIAMETRO 
CON PENDIENTES VARIABLES. 



(m) 



0.0021 


0." 


60 


0. 


0295 


0.0023 


0. 


62 


0. 


0304 


0.0025 


0. 


r>3 


0. 


0309 


0.0027 


0. 


64 


0. 


0314 


0.0029 


0. 


66 


0. 


0324 


0.0031 


0. 


72 


0. 


0353 


0.0033 


0. 


75 


0. 


0368 


0.0035 


0. 


76 


0. 


0373 



(ni) 



0.0037 


0." 


'•79 


0. 


0388 


0.0039 


0. 


82 


0. 


0403 


0.0040 


0. 


83 


0. 


0407 


0.0042 


0. 


84 


0. 


0412 


0.0044 


0. 


86 


0. 


0422 


0.0046 


0. 


88 


0. 


0432 


0.0048 


0. 


90 


0. 


0442 


0.0050 


0. 


92 


0. 


0452 



152 



TABLA VI. 



VELOCIDAD Y GASTO EX UN TUBO DE O'" 30 DE DIAMETRO 
CON PENDIENTES VARIABLES. 



Pendiente-i. 


Velo 


idail. 




Gasto. 










.'i 

(m) 


0.0017 


0." 


60 


0. 


042 


0.0020 


0. 


65 


0. 


046 


0.002.3 


0. 


72 


0. 


051 


0.0030 


0. 


79 


0. 


056 


0.0035 


0. 


85 


0. 


060 


0.0040 


0. 


91 


0. 


065 



Pendieutes. 


Vclociciad. 




Gasto. 
H 


0.0045 




97 


0. 


ni) 

069 


0.0050 


1. 


02 


0. 


072 


0.0055 


1. 


07 


0. 


076 


0.0060 


1. 


12 


0. 


079 


0.0065 


1. 


17 


0. 


083 


0.0070 


1. 


21 


0. 


086 



TABLA VIL 

VELOCIDAD Y GASTO EN UN TUBO DE O"" 35 DE DIAMETRO 
CON PENDIENTES VARIABLES. 



Pcodientcs. Velocitlad. Gasto. Pendieutes. Velocidad. Gasto. 



0.0014 


0.™ 


60 


0. 


058 


0.0045 


1." 


07 


0. 


103 


0.0015 


0. 


62 


0. 


059 


0.0050 


1. 


13 


0. 


108 


0.0020 


0. 


71 


0. 


068 


0.0055 


1. 


18 


0. 


113 


0.0025 


0. 


80 


0. 


077 


0.0060 


1. 


23 


0. 


118 


0.0030 


0. 


87 


0. 


083 


0.0065 


1. 


28 


0. 


123 


0.0035 


0. 


94 


0. 


090 


0.0070 


1. 


33 


0. 


127 


0.0040 


1. 


00 


0. 


096 













TABLA VIH. 

VELOCIDAD Y GASTO EN UN TUBO DE O™ 40 DE DIAMETRO 
CON PENDIENTES VARIABLES. 

Pendientes. Velocidad. Gasto. Pendientes. Velocidad. Gasto. 



S 3 
(ni) (ni) 



0.0012 


0. 


60 


0. 


075 


0.0045 


1 


"'•16 


0. 


146 


0.0015 


0. 


67 


0. 


084 


0.0050 


1 


22 


0. 


153 


0.0020 


0. 


77 


0. 


097 


0.0055 


1 


28 


0. 


161 


0.0025 


0. 


86 


0. 


108 


0.0060 


1 


34 


0. 


169 


0.0030 


0. 


95 


0. 


119 


0.0065 


1 


39 


0. 


175 


0.0035 


1. 


02 


0. 


128 


9.0070 


1 


44 


0. 


181 


0.0040 


1 


09 


0. 


137 













153 



TABLA IX. 

VELOCIDAD Y GASTO EN UN TUBO DE O"' 45 DE DIAMETRO, 
CON PENDIENTES VARIABLES. 

Pendientes, Velocidad, Gasto. Pendientes. Veloeidad, Gasto, 



3 3 
(m) (m) 



0.0010 


0."- 


60 


0. 


094 


0.0045 


1.™ 


25 


0. 


199 


0.0015 


0. 


72 


0. 


114 


0.0050 


1. 


32 


0. 


209 


0.0020 


0. 


83 


0. 


132 


0.0055 


1. 


38 


0. 


219 


0.0025 


0. 


93 


0. 


148 


0.0060 


1. 


44 


0. 


229 


0.0030 


1. 


02 


0. 


162 


0.0065 


1. 


49 


0. 


238 


0.0035 


1. 


10 


0. 


175 


0.0070 


1. 


56 


0. 


247 


0.0040 


1. 


17 


0. 


186 













TABLA X. 



VELOCIDAD Y GASTO EN UN TUBO DE O"' 50 DE DIAMETRO, 
CON PENDIENTES VARIABLES. 



Pendientes, Velocidad. Gasto. 

3 

(m) 



0.0009 


0."'- 


60 


0. 


118 


0.0010 


0. 


63 


0. 


123 


0.0015 


0. 


77 


0. 


151 


0.0020 


0. 


88 


0. 


172 


0.0025 


0. 


99 


0. 


194 


0.0030 


1. • 


08 


0. 


211 


0.0035 


1. 


17 


0. 


229 



0.0040 l.™-25 0. 245 

0.0045 1. 33 0. 261 

0.0050 1. 41 0. 276 

0.0055 1. 47 0. 288 

0.0060 1. 53 0. 300 

0.0065 1. 60 0. 313 

0.0070 1. 66 0. 325 



TABLA XL 

VELOCIDAD Y GASTO EN UN TUBO DE O™' 55 DE DIAMETRO, 
CON PENDIENTES VARIABLES. 



Pendientes, 


Velocidad, 




Gasto, 










3 

(m) 


0.0008 


O."- 


60 


0. 


142 


0.0010 


0. 


67 


0. 


159 


0.0015 


0. 


82 


0. 


195 


0.0020 


0. 


94 


0. 


223 


0.0025 


1. 


05 


0. 


249 


0.0030 


1. 


15 


0. 


273 


0.0035 


1. 


25 


0. 


296 



Pendientes, Velocidad. Gasto, 
3 

(m) 

0.0040 l.™-33 0. 316 
0.0045 1. 41 0. 335 
0.0050 1. 49 0. 354 
0.0055 1. 56 0. 371 
0.0060 1. 63 0. 387 
0,0065 1. 70 0. 403 
0.0070 1. 76 0. 418 

Desagüe de MCxico.— 20 



154 



TABLA XII. 



VELOCIDAD Y GASTO EN UN TUBO DE O"' 60 DE DIÁMETRO, 
CON PENDIENTES VARIABLES. 



Pendientes. Velocidad. Gasto. Pendientes. Velocidad. 



0.0007 


0." 


60 


0. 


(m) 

169 


0.0040 


1." 


-40 


(m 

0. 


395 


0.0010 


0. 


70 


0. 


197 


0.0045 


1. 


49 


0. 


420 


0.0015 


0. 


86 


0. 


243 


0.0050 


1. 


57 


0. 


443 


0.0020 


0. 


99 


0. 


279 


0.0055 


1. 


65 


0. 


465 


0.0025 


1. 


11 


0. 


313 


0.0060 


1. 


72 


0. 


485 


0.0030 


1. 


21 


0. 


341 


0.0065 


1. 


79 


0. 


504 


0.0035 


1. 


31 


0. 


369 


0.0070 


1. 


86 


0. 


524 



TABLA XIII. 

VELOCIDAD Y GASTO EN UNA ATARJEA OVOIDE DEL TIPO NÚM. 1, 
CON PENDIENTES VARIABLES. 



0.0006 


0." 


60 


0. 


248 


0.0035 


1." 


"•44 


0. 


0.0010 


0. 


77 


0. 


318 


0.0040 


1. 


54 


0. 


0.0015 


0. 


94 


0. 


388 


0.0045 


1. 


63 


0. 


0.0020 


1. 


09 


0. 


450 


0.0050 


1. 


72 


0. 


0.0025 


1. 


22 


0. 


504 


0.0055 


1. 


«1 


0. 


0.0030 


1. 


33 


0. 


549 


0.0060 


1. 


88 


0. 



595 
636 
673 
710 
747 
776 



TABLA XIV. 

VELOCIDAD Y GASTO EN UNA ATARJEA OVOIDE DEL TIPO NÚM. 2, 
CON PENDIENTES VARIABLES. 



(ni) (m) 

0.00036 0.'"-60 0. 558 0.0030 l.™-71 1. 590 

0.0005 0. 70 0. 653 0.0035 1. 85 1. 720 

0.00075 0. 86 0. 798 0.0040 1. 97 1. 832 

0.0010 0. 99 0. 921 0.0045 2. 10 1. 953 

0.0015 1. 21 1. 125 0.0050 2. 23 2. 074 

0.0020 1. 40 1. 302 0.0055 2. 32 2. 158 

0.0025 1. 57 1. 460 0.0060 2. 43 2. 260 



165 



TABLA XV. 



VELOCIDAD Y GASTO EN UNA ATARJEA OVOIDE DEL TIPO NUM. 3, 

CON PENDIENTES VARIABLES. 



Pendientes, 


Velocidad. 




Gasto. 


Pendientes. 


Velocidad. 




Gasto. 










3 

(m) 










:t 

(m) 


0.00046 


0."- 


60 


0. 


398 


0.0035 


2 m. 


65 


1. 


094 


0.00075 


0. 


76 


0. 


508 


0.0040 


1. 


77 


1. 


173 


0.0010 


0. 


88 


0. 


583 


0.0045 


1. 


87 


1. 


239 


0.0015 


1. 


08 


0. 


716 


0.0050 


1. 


98 


1. 


313 


0.0020 


1. 


25 


0. 


829 


0.0055 


2. 


07 


1. 


372 


0.0025 


1. 


40 


0. 


928 


0.0060 


2. 


16 


1. 


432 


0.0030 


1. 


53 


1. 


014 













TABLA XVL 

VELOCIDAD Y GASTO EN UNA ATARJEA OVOIDE DEL TIPO NÚM. 4, 
CON PENDIENTES VARIABLES. 



Pendientes. Velocidaa. Gasto. Pendientes. Velocidad. Gasto. 



0.00075 


0."' 


60 


0. 


171 


0.0035 


1." 


29 


0. 


367 


0.0010 


0. 


69 


0. 


197 


0.0040 


1. 


38 


0. 


393 


0.0015 


0. 


84 


0. 


239 


0.0045 


1. 


46 


0. 


416 


0.0020 


0. 


97 


0. 


276 


0.0050 


1. 


55 


0. 


442 


0.0025 


1. 


09 


0. 


310 


0.0055 


1. 


62 


0. 


462 


0.0030 


1. 


19 


0. 


339 


0.0060 


1. 


68 


0. 


479 



TABLA XVIL 

VELOCIDAD Y GASTO EN UNA ATARJEA OVOIDE DEL TIPO NÚM. 5, 
CON PENDIENTES VARIABLES. 

Pendientes. Velocidad. Gasto. Pendientes. Velocidad. Ga^sto. 



3 ^ 



0.00067 


0."^' 


60 


0. 


2.08 


0.0040 


1."- 


46 


0. 


507 


0.0010 


0. 


73 


0. 


253 


0.0045 


1. 


55 


0. 


538 


0.0015 


0. 


89 


0. 


309 


0.0050 


1. 


63 


0. 


566 


0.0020 


1. 


03 


0. 


357 


0.0055 


1. 


71 


0. 


593 


0.0025 


1. 


15 


0. 


399 


0.0060 


1. 


78 


0. 


619 


0.0030 


1. 


26 


0. 


437 


0.0065 


1. 


86 


0. 


645 


0.0035 


1. 


37 


0. 


475 


0.0070 


1. 


93 


0. 


670 



156 



TABLA XVIII. 

VELOCIDAD Y GASTO EN UNA ATARJEA CIRCULAR DE I"' 25 DE DIAMETRO, 
CON PENDIENTES VARIABLES. 



Pendientes. 


Velocidad. 




Gasto. 


Pendientes. 


Velocidad. 




Gasto. 










3 

(m) 










3 

(m) 


0.00029 


0.' 


"•60 


0. 


735 


0.0030 




92 


2. 


352 


0.0005 


0. 


78 


0. 


955 


0.0035 


2. 


07 


2. 


536 


0.00075 


0. 


96 


1. 


176 


0.0040 


2. 


22 


2. 


719 


0.0010 


1. 


11 


1. 


359 


0.0045 


2. 


35 


2. 


879 


0.0015 


1. 


36 


1. 


666 


0.0050 


2. 


48 


3. 


038 


0.0020 


1. 


57 


1. 


923 


0.0055 


2. 


60 


3. 


185 


0.0025 


1. 


75 


2. 


143 


0.0060 


2. 


71 


3. 


319 



TABLA XIX. 

VELOCIDAD Y GASTO EN UNA ATARJEA CIRCULAR DE I"' 50 DE DIAMETRO, 
CON PENDIENTES VARIABLES. 



Pendientes. 


Velocidud. 




Gasto. 


Pendientes. 


Velocidad. 




Gasto. 










.3 

(m) 










3 

(m) 


0.00023 


0."- 


60 


1. 


059 


0.0035 


2."- 


32 


4. 


096 


0.0005 


0. 


88 


1. 


554 


0.0040 


2. 


48 


4. 


379 


0.0010 


1. 


24 


2. 


189 


0.0045 


2. 


63 


4. 


643 


0.0015 


1. 


52 


2. 


683 


0.0050 


2. 


77 


4. 


891 


0.0020 


1. 


75 


3. 


090 


0.0055 


2. 


91 


5. 


138 


0.0025 


1. 


96 


3. 


460 


9.0060 


3. 


04 


5. 


367 


0.0030 


2. 


15 


3. 


796 













TABLA XX. 

VELOCIDAD Y GASTO EN UNA ATARJEA CIRCULAR DE I"'' 75 DE DIAMETRO, 
Y CON PENDIENTES VARIABLES. 

Pendientes. Velocidad. Gasto. Pendientes. Velocidad. Gasto. 



0.00019 


O." 


60 


1. 


443 


0.0035 


2 m. 


55 


6. 


132 


0.0005 


0. 


97 


2. 


333 


0.0040 


2. 


73 


6. 


565 


0.0010 


1. 


36 


3. 


271 


0.0045 


2. 


90 


6. 


974 


0.0015 


1. 


67 


4. 


016 


0.0050 


3. 


05 


7. 


335 


0.0020 


1. 


93 


4. 


641 


0.0055 


3. 


20 


7. 


696 


0.0025 


2. 


16 


5. 


195 


0.0060 


3. 


34 


8. 


033 


0.0030 


2. 


36 


5. 


676 













SEP T 7 1957